¿ Para que nació Jesus?

Estamos cerca de la navidad y muchos se reúnen para recordar el nacimiento de Jesús. Aunque para muchos esta pregunta le resulte obvia y sencilla, es mi interés que leyendo estas páginas encuentra algo más de lo que comúnmente oímos. Todos sabemos que Jesús vino para salvarnos de nuestros pecados. Antes de que El naciera, el Ángel le dio instrucciones a María de llamarlo “Jesús” por que este “salvará al pueblo de sus pecados” (Mateo 1: 21).[i] No es mi intención hablar sobre este punto ya que la mayoría, creyentes o no, ya lo saben.

Porque un niño nos es nacido,  hijo nos es dado,  y el principado sobre su hombro;  y se llamará su nombre Admirable,  Consejero,  Dios Fuerte,  Padre Eterno,  Príncipe de Paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite,  sobre el trono de David y sobre su reino,  disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.  El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. ISAIAS 9: 6 Y 7

Este versículo es una profecía de Jesús. Un niño nacerá y este recibiera varios nombres y títulos, entre ellos “Príncipe de paz”. El profeta predice que “lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán limites”. Este ha de “sentarse en el trono y reino de David”.  Y esto no sería obra de hombres sino que “el celo de Jehová hará esto”.

Cuando el ángel le anuncio a María sobre el nacimiento de Jesús, este dijo sobre él lo siguiente: “Será grande y será llamado Hijo del altísimo. Y el Señor Dios le dará el trono de David su padre” (Lucas 1: 32). También dijo “y reinará sobre la casa de Jacob para siempre,  y su reino no tendrá fin” (Lucas 1: 33)

Vuelvo a preguntar ¿para que nació Jesús?

Seguramente los pasajes de la escritura, ya lo han dado una idea sobre este interrogante. Pero dejemos que sea Jesús mismo el que responda:

Juan 18:37  Le dijo entonces Pilatos: ¿Luego,  eres tú rey?  Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey.  Yo para esto he nacido,  y para esto he venido al mundo,  para dar testimonio a la verdad.

Jesús nació para ser rey del mundo. El profeta Jeremias, siglos antes,  había anunciado la llegada de un descendiente de la casa del Rey David, el cual “ejecutaría juicio y justicia en la tierra” (jeremías 23: 5 – Jeremías 33: 15)

Aunque probablemente esto no es lo que generalmente escuchamos sobre el nacimiento de Jesús, esto es lo que dice la Biblia.

Según las escrituras viene un Rey “justo y salvador,  humilde” el cual “hablará paz a las naciones,  y su señorío será de mar a mar,  y desde el río (Éufrates) hasta los fines de la tierra.”(Zacarías 9: 10 y 11) –

Estas son las buenas nuevas (=evangelio) del reino por las cuales Jesús fue “enviado a este mundo” (ver Lucas 4: 43)

El mismo nos mando que pidiéramos “venga tu reino” para que “la voluntad de Dios sea hecha en la tierra como en el cielo”  (Lucas 11: 2)

Ahora usted se preguntara ¿Cuando vendrá este reino?

Jesús mismo nos responde:

Mat 25:31  Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria,  y todos los santos ángeles con él,  entonces se sentará en su trono de gloria.

Jesús vendrá por segunda vez (Hechos 1: 11, Apocalipsis 1: 7, 22: 7, 12 y 20)  y entonces:

Serán reunidas delante de él todas las naciones;  y apartarán los unos de los otros,  como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

Y pondrá las ovejas a su derecha,  y los cabritos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid,  benditos de mi Padre,  heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. (Mateo 25: 32 al 34)

Jesús, promete que usted también puede ser parte de su reino. Usted puede ser de las ovejas que están a su derecha, si decide arrepentirse de sus pecados y vivir para Dios.

El ha prometido lo siguiente:

Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin,  yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro,  y serán quebradas como vaso de alfarero;  como yo también la he recibido de mi Padre. (Apocalipsis 2: 26 y 27)

Jesús está preparando un reino con gente de toda la tierra y de todas las épocas:

Y cantaban un nuevo cántico,  diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos;  porque tú fuiste inmolado,  y con tu sangre nos has redimido para Dios,  de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes,  y reinaremos sobre la tierra. ( Apo 5: 9  y 10)

Si usted quiere ser parte de un futuro reino en la tierra, donde habrá justicia, donde no habrá muerte, ni llanto. Entonces le invitamos a buscar a Dios, y hacer lo que el nos dice para alcanzar la “salvación”.

Dios le bendiga y que esta navidad, recuerde que el Rey ya ha nacido y que pronto volverá para establecer su reino aquí en la tierra.

Zacarías 14:9  Y Jehová será rey sobre toda la tierra.

 Para estudiar estos y otros temas de la biblia visite www.elevangeliodelreino.wordpress.com o escriba a lucho_8922@hotmail.com


[i] Todas las escrituras han sido citadas de la versión Reina Valera 60. Le pedimos al lector, que se tome el tiempo de revisar los pasajes, en especial aquellos  que han sido mencionados pero no escritos en este articulo.

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El Reino milenial que se avecina… Usted puede ser parte de el, SI CREE Y LO BUSCA

El Concepto Del Reino De Dios

En las Escrituras, la expresión «reino de Dios» en general se refiere a la esfera del gobierno de Dios en el universo. Puesto que Dios ha sido siempre soberano y omnipotente, hay un sentido en que el reino de Dios es eterno. Nabucodonosor, rey de Babilonia que fuera humillado por Dios, dio testimonio de esto cuando dijo: «Bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?» (Dn. 4:34-35).

Sin embargo, el gobierno universal de Dios fue desafiado en la eternidad pasada por Satanás y los seres angélicos que se unieron a él en su rebelión contra Dios. Aunque Dios demostró su soberanía juzgando a los rebeldes, la entrada del pecado en el mundo introdujo el programa divino para demostrar la soberanía de Dios en la historia humana. Esto comprende el concepto de un reino teocrático, esto es, un reino en que Dios es el gobernador supremo, aun cuando obra por medio de sus criaturas. Cuando Adán fue creado, se le dio dominio sobre toda la tierra (Gn. 1:26, 28). Sin embargo, en desobediencia a Dios, Adán y Eva comieron del fruto prohibido. En su caída en pecado Adán perdió el derecho de gobierno, y de allí en adelante la soberanía de Dios que había sido entregada al hombre fue delegada en ciertas personas escogidas a quienes Dios entregó el gobierno. Consecuentemente, se ha permitido que algunos hombres reinen a través de la historia. Por ejemplo, Daniel le recordó esto a Belsasar al referirse al hecho de que Dios había castigado a Nabucodonosor «hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place» (Dn. 5:21).

En el Antiguo Testamento, una demostración importante del gobierno teocrático fue el reino de Israel bajo los reyes Saúl, David y Salomón. Los gobernadores gentiles también pudieron tener una esfera de gobierno político, en el propósito soberano de Dios. Este concepto general de gobierno bajo permisión y dirección divina es mencionado en Romanos 13:1, donde Pablo escribe: «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.»

En adición a la soberanía de Dios manifestada en los gobiernos políticos y en sus gobernadores, las Escrituras dan testimonio del gobierno espiritual, en el que Dios gobierna los corazones de los hombres. Esto ha sido así desde el comienzo de la raza humana, y el reino espiritual incluye a todos los que se sujetan voluntariamente a Dios, sean hombres o ángeles. Pablo se refería a este concepto espiritual de reino en Romanos 14:17 al decir: «Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.»

En el Evangelio de Mateo se hace una distinción entre el uso de las expresiones «reino de Dios» y «reino de los cielos». Muchos intérpretes consideran estas expresiones como sinónimas, puesto que Mateo frecuentemente usa la expresión «reino de los cielos» en versículos similares a los que en otros evangelios se usa «reino de Dios».

No obstante, hay una distinción más importante que radica en el contraste entre el reino en la era actual y el reino en el milenio. El reino en la era actual es un misterio, esto es, sus características principales son revelaciones que no fueron dadas en el Antiguo Testamento (cf. Mt. 13); pero el reino en su forma milenial será cumplido después de la segunda venida de Cristo y no es un misterio.

Existen tres interpretaciones importantes en relación al concepto de reino milenial. El punto de vista premilenial interpreta las Escrituras diciendo que la segunda venida de Cristo será primero, y luego vendrá un reinado de Cristo de mil años sobre la tierra antes de que el estado eterno de un nuevo cielo y una nueva tierra sea establecido. Se llama premilenial, porque pone la venida de Cristo antes del reino milenial.

El segundo punto de vista es el amilenialismo, que niega que haya un reino milenial literal sobre la tierra. Generalmente hablando, este punto de vista sostiene que Cristo vendrá en su segunda venida e inmediatamente dará paso a los nuevos cielos y a la nueva tierra sin que haya un reinado de mil años. Este punto de vista interpreta muchos- pasajes del Antiguo y el Nuevo Testamentos que se refieren al reino milenial como predicciones que se están cumpliendo en forma no literal, ya sea en la experiencia actual de la iglesia sobre la tierra o la experiencia de la iglesia en el cielo.

Un tercer punto de vista es el postmilenialismo. Esta interpretación cree que en la edad actual se verá el triunfo del evangelio en el mundo y así se introducirá una edad de oro cuando hasta cierto punto se cumplirán la justicia y la paz profetizadas para el reino milenial. Es llamado postmilenialismo porque considera que la segunda venida de Cristo será el clímax de la edad de oro, y pondrá fin al milenio. El postmilenialismo conservador representa un reinado supremo de Cristo sobre los corazones de los hombres por un período literal de mil años. El postmilenialismo más liberal es similar a los puntos de vista de la evolución y considera un avance gradual en el progreso del mundo que culmina en una edad dorada. Debido a todas las tendencias de la historia del siglo xx, ha habido poca base para creer que la causa de Dios será prosperada en el mundo por medios humanos, y la mayoría de los intérpretes de la actualidad son amilenialistas o premilenialistas.

Aunque se han presentado muchos argumentos en pro y en contra del concepto de un milenio literal, la solución está determinada por el punto hasta el cual las profecías de las Escrituras se interpretan literalmente. En esta discusión se supondrá que la profecía debe ser interpretada literalmente en el mismo sentido que cualquier otro tema de la revelación divina. Consecuentemente, muchas predicciones del Antiguo Testamento, así como el capítulo clásico de Apocalipsis 20 en el Nuevo Testamento, se interpretan literalmente como que quieren decir lo que dicen: que habrá un reinado literal de Cristo sobre la tierra después de su segunda venida y antes que sean creados los nuevos cielos y la nueva tierra. El libro de Walvoord The Millennial Kingdom (El reino milenial) presenta argumentos detallados acerca de los diversos puntos de vista sobre el milenio, y es una discusión detallada de esta cuestión.

B. El Reino Milenial, Un Reinado De Dios Sobre La Tierra

En contraste con el punto de vista amilenial, que considera el reino de Dios primariamente como un reinado espiritual en los corazones de los hombres, muchos pasajes apoyan la conclusión de que el reino es un reino literal sobre la tierra, en el cual Cristo será realmente el gobernador político supremo y el líder espiritual y objeto de culto. Este concepto se presenta en forma amplia en el Antiguo Testamento y en el Nuevo.

En el Salmo 2, donde se anuncia la rebelión de la nación contra Dios, se le da la siguiente orden al Hijo de Dios: «Pideme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra» (y. . Este no es un gobierno espiritual, sino Un gobierno político real, como se ve en el versículo siguiente: «Los quebrantarás con vara de hierro, como vasija de alfarero los desmenuzarás» (y. 9). Evidentemente esto no puede referirse a la iglesia o a un reinado espiritual en el cielo, sino más bien representa a un monarca absoluto que abatirá a los inicuos y los pondrá bajo sujeción.

Otro pasaje importante que enfatiza el carácter terrenal del reino es Isaías 11, donde Jesús, como descendiente de David, es presentado como que trae un justo juicio sobre la tierra y castiga a los impíos. Isaías 11:4 afirma: «Juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la espada de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío.» En este pasaje se menciona frecuentemente la tierra (como en Is. 11:9), y se describen los tratos de Dios con las naciones a fin de recoger a Israel de entre todas las naciones.

Una cantidad casi innumerable de otros versículos afirman o implican que el reino será sobre la tierra (cf. Is. 42:4; Jer. 23:3-6; Dn. 2:35-45; Zac. 14:1-9). La descripción en estos pasajes del reinado de Cristo sobre la tierra en el reino milenial evidentemente no describe la edad presente ni describe el cielo. Cualquier cumplimiento razonable requeriría de un reinado literal sobre la tierra a continuación de la segunda venida de Cristo.

C. Cristo Como Rey De Reyes En El Milenio

Muchos pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamentos combinan su testimonio de que Cristo será gobernador supremo sobre la tierra. Cristo, como hijo de David, se sentará sobre el trono de David (2 S. 7:16; Sal. 89:20-37; Is. 11; Jer. 33: 19-21). Cuando Cristo nació, vino como rey, según fuera anunciado por el ángel Gabriel a María (Lc. 1:32-33). Como Rey fue rechazado (Mr. 15:12, 13; Lc. 19:14). Cuando fue crucificado murió como Rey de los judíos (Mt. 27:37). En su segunda venida es descrito como «REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES» (Ap. 19:16). Literalmente centenares de versículos en el Antiguo Testamento declaran o implican, por lo menos, que Cristo reinará sobre la tierra. Algunos de los textos más importantes son especialmente claros (Is. 2:1-4; 9:6-7; 11:1-10; 16:5; 24:23; 32:1; 40:1-11; 42:1-4; 52:7-15; 55:4; Dn. 2:44; 7:27; Mi. 4:1-8; 5:2-5; Zac. 9:9; 14:16-17).

Una de las características del reino milenial es que David será resucitado y reinará como príncipe bajo el mando de Cristo (Jer. 30:9; 33:15-17; Ez. 34:23-24; 37:24-25; Os. 3:5). Ciertamente esta situación no se ve en la iglesia presente y exige que ocurran la venida de Cristo y la resurrección de los santos del Antiguo Testamento antes que pueda cumplir-se la profecía.

D. Características Principales Del Gobierno Del Milenio

Como lo dejan ver los pasajes que hablan acerca del reino futuro, hay por lo menos tres aspectos importantes en el gobierno de Cristo durante su reinado milenial.

1. Muchos pasajes testifican que el gobierno de Cristo será sobre toda la tierra, más allá de los límites de cualquier otro reino terrenal anterior y del reino de David mismo. Al establecer el gobierno mundial, Dios cumplió su propósito de que el hombre debía gobernar sobre la tierra. Aunque Adán fue descalificado, Cristo, como el segundo Adán, puede cumplir esta meta como se menciona en Salmo 2:6-9. Según Daniel 7:14, al Hijo del Hombre «le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará y su reino uno que no será destruido». El mismo pensamiento se menciona en Daniel 2:44; 4:34; 7:27. La universalidad del gobierno de Cristo sobre la tierra también se menciona en Salmo 72:8; Miqueas 4:1-2; Zacarías 9:10.

2. El gobierno de Cristo será de autoridad y poder absolutos. Cristo regirá «con vara de hierro» (Sal. 2:9; Ap. 19:15).

Todos los que se oponen serán castigados con la destrucción (Sal. 2:9; 72:9-11; Is. 11:4). Un gobierno tan absoluto no es la característica del gobierno de Cristo sobre su iglesia o sobre el mundo en la actual dispensación y sólo podría cumplirse si Cristo tiene un reinado literal sobre la tierra después de su segunda venida.

3. El gobierno de Cristo en el milenio será de justicia y paz. Esto se desprende de pasajes clásicos como Isaías 11 y Salmo 72.

Estas características poco usuales del reino sólo son posibles gracias a los juicios introductorios de Israel y los gentiles (discutidos en el capítulo anterior) y por el hecho de que Satanás está encadenado y ha sido dejado fuera de acción. La única fuente de mal en el mundo será la naturaleza pecaminosa de los hombres que están todavía en su carne humana. La separación del trigo de la cizaña (Mt. 13: 24-30) y la separación de los peces buenos de los malos (Mt. 13: 47-50) son preparativos necesarios para el reinado de Cristo. El milenio comenzará con todos los adultos convertidos como verdaderos creyentes en Cristo. Los hijos que nazcan durante el milenio serán sujetos al reinado justo de Cristo y serán castigados hasta el punto de la muerte física si se rebelan contra su Rey (Is. 65:17-20; Zac. 14:16-19). El pecado abierto será castigado y nadie podrá rebelarse contra el Rey en el reino milenial.

E. El Lugar Especial De Israel En El Reino Milenial

Durante el período del reino milenial Israel gozará de un lugar de privilegio y de bendición especial. En contraste con la edad actual de la iglesia, en que judíos y gentiles están en un mismo plano y tienen los mismos privilegios, el pueblo de Israel en el milenio heredará la tierra prometida y será objeto del favor especial de Dios. Será el tiempo de la reunión de Israel, su restablecimiento como nación y la renovación del reino davídico. Al fin Israel poseerá la tierra permanentemente y en forma completa.

Muchos pasajes tratan de este asunto. En el milenio los israelitas serán reunidos y restaurados a su antigua tierra (Jer. 30:3; 31:8-9; Ez. 39:25-29; Am. 9:11-15). Habiendo sido conducidos de regreso a su tierra, Israel estará formado por los súbditos del reino davídico revivido (Is. 9:6-7; 33:17, 22; 44:6; Jer. 23:5; Dn. 4:3; 7:14, 22, 27; Mi. 4:2-3, 7). Los reinos divididos de Israel y Judá volverán a unirse nuevamente (Jer. 3:18; 33:14; Ez. 20:40; 37:15-22; 39:25; Os. 1:11). Israel, como la esposa de Jehová (Is. 54; 62:2-5; Os. 2:14-23), estará en una posición de privilegio sobre los creyentes gentiles (Is. 14:1-2; 49:22, 23; 60:14-17; 61:6-7). Muchos pasajes también hablan del hecho de que Israel revivirá espiritualmente (Is. 2:3; 44:22-24; 45:17; Jer. 23:3-6; 50:20; Ez. 36:25-26; Zac. 13:9; Mal. 3:2-3). Muchos otros pasajes dan información adicional acerca del estado bienaventurado de Israel, su avivamiento espiritual y su goce de la comunión con su Dios.

Aunque los gentiles no tendrán título en la tierra prometida, también tendrán bendiciones abundantes, como se puede deducir de varios pasajes del Antiguo Testamento (Is. 2:2-4; 19:24-25; 49:6, 22; 60:1-3; 62:2; 66:18-19; Jer. 3:17; 16:19). La gloria del reino para Israel y para los gentiles sobrepasará en mucho cualquier cosa que el mundo haya experimentado antes.

F. Bendiciones Espirituales En El Milenio

Aunque el milenio se describe correctamente como el gobierno político de Cristo sobre la tierra, las características del reino proveerán un contexto para una vida espiritual abundante en tal grado que ninguna dispensación anterior había podido lograrlo. Por cierto, esto se debe al hecho de que Satanás está encadenado, el pecado es juzgado de inmediato y se logra el conocimiento universal del Señor. Según Isaías 11:9: «La tierra será llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mar.»

Se dan muchas promesas de bendiciones espirituales interiores que provienen del nuevo pacto. Jeremías 31:33, 34 declara: «Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.» Será un período de justicia (Sal. 72:7; Is. 2:4). Las condiciones espirituales también harán posible un gozo y una bendición no acostumbrados para el pueblo de Dios (Is. 12:3, 4; 61:3, 7).

Aunque no hay evidencias de que el Espíritu de Dios vaya a bautizar creyentes en una nueva unidad espiritual como ocurre en la iglesia actual, habrá, sin embargo, el poder y presencia interior en los creyentes durante el milenio (Is. 32:15; 44:3; Ez. 39:29; Ji. 2:28-29). Debido a la situación especial, indudablemente habrá una mayor bendición espiritual en todo el mundo durante el milenio que en cualquier otra dispensación anterior.

Como un centro para la adoración, se describe un templo milenial en Ezequiel 40-46. En este templo se ofrecen sacrificios que difieren algo de los sacrificios mosaicos. Los intérpretes han diferido en cuanto a si deben ser tomados literalmente o deben recibir otro tipo de explicación. No hay razones sólidas para no aceptar el templo y el sistema sacrificial como una profecía literal.

Aunque la muerte de Cristo ha puesto fin a la ley mosaica y al sistema de sacrificios, los mencionados por Ezequiel parecen tener un carácter conmemorativo, mirando hacia atrás, hacia la cruz, así como los sacrificios del Antiguo Testamento miraban hacia adelante al sacrificio de la cruz.

En el milenio, con su extraordinaria bendición espiritual, lo terrible del pecado y la necesidad del sacrificio de Cristo serán más difíciles de comprender que en las dispensaciones anteriores. En consecuencia, parece que el sistema de sacrificios se introduce como un recordatorio de la necesidad que hubo del sacrificio de Cristo, único que puede quitar el pecado. Si los sacrificios del Antiguo Testamento eran un anuncio adecuado de la muerte de Cristo, un medio similar podría emplearse en el milenio como un modo de conmemorarlo.

En todo caso, hay claras evidencias de que el milenio será un tiempo de bendiciones espirituales mayores que lo acostumbrado, período en que la tierra estará caracterizada por la justicia, el gozo y la paz.

La abundancia de las bendiciones espirituales traerá importantes progresos sociales y económicos que superarán a todo lo conocido en dispensaciones previas. El hecho de que todos tendrán justicia y que los mansos serán protegidos asegurará la equidad en asuntos económicos y sociales. Probablemente la mayoría de las personas conocerán al Señor. La tierra misma se verá liberada de la maldición que hay sobre su productividad (Is. 35:1-2), y habrá lluvias abundantes (Is. 30:23; 35:7). En general, habrá prosperidad, salud y bendiciones físicas y espirituales como nunca antes el mundo había conocido.

La situación milenial también incluirá importantes cambios en la tierra, algunos de ellos producidos por las grandes catástrofes de la Gran Tribulación y otros relacionados con la segunda venida de Cristo. Donde ahora está el Monte de los Olivos en Jerusalén, se extenderá un gran valle de este a oeste (Zac. 14:4). Otro rasgo especial del período es que Jerusalén será exaltada por sobre el territorio que la rodea (Zac. 14:10). Como un todo, la tierra prometida será una vez más el jardín del mundo, el centro del reino de Dios en la tierra y el lugar de bendiciones especiales. En muchos respectos, el reino milenial será una edad de oro, el climax de la historia de la tierra y el cumplimiento del propósito de Dios de establecer a su Hijo como el supremo gobernador del universo.

¡¡¡¡¡Maranata Cristo Viene!!!!

El plan de Dios

Cuando Dios creo la tierra y todo lo que sobre ella se mueve, sin duda Dios tenía un plan que era perfecto y bueno para la humanidad. El propósito de Dios era que EL mismo reinaría sobre la tierra, su ley seria respetada y los hombres viviríamos felices y adoraríamos al Dios que nos creo. Este plan original de Dios fue “demorado” por causa de la desobediencia humana. Desde entonces el paraíso edénico se transformo en el caos y confusión que observamos hoy. Cientos y miles de religiones, varios dioses, guerra, muerte, tristezas y alegrías, odio y amor, son experiencias que vivimos a diario debajo del sol.

 La mayoría de los seres humanos soñamos con un mundo mejor, que las guerras terminen, que se haga justicia, que ya no hayan mas pobres, ni ricos que lo posean todo. Y esto es en definitiva lo que ofrece el evangelio de Jesús. Cuando Jesús comenzó a predicar el evangelio, el evangelio sobre el Reino de Dios (Marcos 1: 14, 15, Mateo 4: 23, Lucas 8: 1), las vidas de muchas personas cambiaron radicalmente por que veían en el mensaje de Jesús una esperanza para la humanidad entera. El mensaje de Jesús no estaba enfocado en asuntos personales, en problemas psicológicos o económicos como se predica en muchas iglesias. Jesús no hablaba de cómo ser rico, cómo tener mejor autoestima, cómo vencer los miedos internos, o como tener paz y seguridad en el alma, etc. El mensaje de Jesús era un mensaje que comprometía a toda la humanidad.

 ¡Arrepentíos por que el Reino de Dios  esta cerca! Mateo 3: 2

 Cuando los judíos oyeron estas palabras seguramente recordaron lo que los profetas habían dicho con anterioridad.

Zacarías 14:9 Y el SEÑOR será rey sobre toda la tierra….

Cada judío temeroso y respetuoso de Dios esperaba con ansias ese precioso día, cuando el señor reinaría sobre la tierra entera. Ellos esperaban que el agente de Dios, un humano especial, su ungido, naciera de la descendencia de David y El actuaría sabiamente y practicaría el derecho y la Justicia en la tierra (Jeremías 23: 5) 

Los judíos esperaban la consumación del Reino de Dios. Jesús nunca pretendió modificar esa esperanza, es mas, el enseño a sus seguidores que oraran por la venida del Reino de Dios.  ¡Venga tu Reino! Hágase tu voluntad así como en el cielo también en la tierra. (Mateo 6: 10)

Lamentablemente pocas personas creen en este mensaje que llena de esperanza, y que cambia la vida. Aun la mayoría de quienes dicen ser cristianos, discípulos de Jesús se niegan a creer en este mensaje. Muchos cristianos creen y afirman que su esperanza es vivir en el cielo, siendo que Jesús, el maestro enseño que los mansos heredarían la tierra (Mateo 5: 5)  

Hay que entender que Dios en Jesús, su agente, estaba reparando el daño que Adán le había hecho a la humanidad. El primer Adán arruino todas las cosas más el Segundo Adán (Jesús) esta arreglándolo todo. El plan de Dios es que la humanidad y la tierra entera vuelva a lo que fue antes de Adán. Que la comunión con Dios sea restablecida, que su Ley, la ley que se resume en el amor se cumpla. Que los seres humanos gocemos de vida abundante, de felicidad, que ya no haya muerte, ni dolor, ni llanto como lo fue en ese corto comienzo. Dios quiere restaurar todas las cosas!!

Hechos 3: 19 AL 21: Pero Dios ha cumplido así lo que anunció de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo debería padecer. Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor, y El envíe a Jesús, el Cristo designado de antemano para vosotros, a quien el cielo debe recibir hasta el día de la restauración de todas las cosas, acerca de lo cual Dios habló por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos.

Desde tiempos antiguos Dios había anunciado por medio de los profetas, el tiempo que se avecina, que es no es mas que el tiempo de la restauración de todas las cosas! El Mesías Jesús abrió la puerta al Reino de Dios por medio de su muerte en la cruz. Allí Dios perdona nuestros pecados y nos hace aptos para su Reino. Luego de morir, Jesús resucito y desde entonces el ascendió a los cielos, y es necesario que permanezca allí hasta el tiempo indicado que solo conoce Dios el Padre. (Hechos 1: 7)

Mientras tanto nosotros quienes vivimos en el presente, tenemos el mandato, la comisión de Dios de predicar este evangelio, las buenas nuevas sobre el Reino de Dios que esta cerca. Somos embajadores de Cristo que debemos denunciar el pecado de la sociedad actual, y llamar a las personas a un arrepentimiento, a que hagan las pases con Dios, con su voluntad, sus mandamientos y puedan preparase para la edad de oro que se aproxima. Nosotros sabemos que si queremos ser parte del Reino de Dios, debemos arrepentirnos, dejar nuestros malos caminos, actitudes, vicios ya que como el apóstol Pablo dijo “los que practican tales cosas no heredaran el Reino de Dios.” ( 1 Cor 6: 9 y 10)

Como dijo antes, los humanos soñamos con una edad de oro, nosotros tenemos fe en Dios de que  vendrá, tenemos fe en que su Mesías vive y esta hoy en el cielo, esperando el día señalado por el Padre para comenzar a Reinar. Si quieres tener parte en esta esperanza, busca a Dios. Y si ya eres parte hermano, tienes  una tarea que cumplir!! Predicar su evangelio!! Manos a los obra, trabajemos y oremos para que el Reino de Dios venga!!

Amen

Jesus reinara sobre la tierra

Cuando Jesus, el Cristo regrese, El reinara sobre la tierra, El es el descendiente de David que reinara sobre la tierra entera

Jeremías 23:5 He aquí, vienen días–declara el SEÑOR– en que levantaré a David un Renuevo justo; y El reinará como rey, actuará sabiamente, y practicará el derecho y la justicia en la tierra

Con Cristo ya no habra corrupcion, la tierra entera sera llena del conocimiento de Dios, todos se volveran y se  convertiran al Señor.. Lea con atencion los siguientes pasajes:

Habacuc 2: 14 Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar.

 

Números 14:21 pero ciertamente, vivo yo, que toda la tierra será llena de la gloria del SEÑOR;


Salmos 22:27 Todos los términos de la tierra se acordarán y se volverán al SEÑOR, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti.


Isaías 11:9 No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del SEÑOR como las aguas cubren el mar.


Jeremías 31:34 Y no tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciendo: “Conoce al SEÑOR, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande–declara el SEÑOR– pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado.


Sofonías 3:9 En ese tiempo daré a los pueblos labios puros, para que todos ellos invoquen el nombre del SEÑOR, para que le sirvan de común acuerdo.


Zacarías 14:9 Y el SEÑOR será rey sobre toda la tierra; aquel día el SEÑOR será uno, y uno su nombre.

Existen numeros pasajes mas que nos hablan de esta bendita realidad, Dios por medio de su Hijo Jesus reinará sobre la humanidad.. No deje pasar esta oportunidad, siga el consejo de Jesus:

Mateo 3:2 Arrepentíos, porque el reino de los cielos esta cerca..

DIOS LES BENDIGA

El plan de Dios para el Mundo

EL PLAN DE DIOS PARA EL MUNDO

            Es indiscutible que Dios, el Dios de la Biblia, tiene trazado desde el comienzo de su creación, y que se encuentra delineado en cada página de la Biblia, un plan maestro para este planeta. Una muestra de este plan se halla en las palabras de San Juan en Apocalipsis 13:8 que dicen: “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” Todos sabemos que el Cordero de Dios es Jesucristo y que fue inmolado hace casi dos mil años, y aun mucho antes de la caída de los primeros padres. Así, en los planes de Dios, el Cordero había de ser sacrificado, y todo lo preconoció de antemano Dios, planeándolo cuidadosamente—¡Y desde la misma creación del mundo!

            Nada escapa al conocimiento de Dios (Omnisapiencia), por lo que el futuro no le es desconocido para Él. Él supo que el hombre caería en pecado, pero simultáneamente Dios planeó la redención del hombre con muchísima anticipación. Cristo, su Hijo Unigénito, sería quien cumpliría con este propósito y por eso permitió que naciera como hombre para enseñarnos, en suma, el camino para la salvación (Hebreos 5:8,9; 2:10)

            Desde el principio el hombre ha desobedecido a Dios para seguir su propio camino, y ¿cuál ha sido el resultado? ¡La muerte! Dios no ha creado al hombre para que muera, sino para que viva para siempre en este planeta. La muerte, trágicamente, es nuestro peor enemigo que produce mucha tristeza a los vivos. Sin embargo, el sendero andado por la humanidad ha sido el errado, y el que le ha conducido hacia ese fin. Adán, el representante de la raza humana, transmitió el germen del pecado y la muerte a todos sus descendientes, y todos pecaron (Romanos 3:23). Un nuevo Adán, el Hijo de Dios, tomó el lugar del primer Adán y pagó el precio del pecado muriendo en la cruz. Sólo el pecado de un hombre se redime o cancela con la muerte, pero para salvar a toda la humanidad se requería que un nuevo padre que suplantara a Adán y muriera por todos ¡Y esto hizo Jesucristo el Mesías! ( Romanos 5:8, 17-21).

            El plan de Dios para el hombre era que este se multiplicara y llenara la tierra y la hiciera un verdadero paraíso, en donde el ser humano, hecho a la misma imagen y semejanza de Dios, disfrutara de toda cosa buena hecha para él y su prole (Génesis 1:28). En consecuencia, Dios no nos destinó para vivir con Él en el cielo o en algún lugar extramundano, o supramundano; sino en esta misma tierra creada para nosotros (Salmo 115:16). Entonces, si ese es el plan de Dios, ¿podría alguien cambiarlo? ¡No! Lo que Dios se ha propuesto hacer de antemano lo cumplirá y no tardará. Adán pecó y perdió aquel estupendo parque o paraíso para luego encontrar una tierra hostíl y dura para vivir. Por lo tanto, la restauración que Dios nos ofrece (Hechos 3:19-21) es aquel paraíso original perdido donde Dios era el Amo Y Señor Absoluto, y los hombres, sus servidores.

            Dios se propone recuperar ese paraíso perdido por la desobediencia del hombre, y en esta oportunidad lo llenará con gente mansa y humilde de corazón, dispuesta a servir a Dios incondicionalmente (Mateo 5:5; Salmos 37:9,11,22,29,34; Proverbios 2:21).

            Dios tiene sin lugar a dudas, un plan maestro para la raza humana que está oculto para la gran mayoría de Católicos, y aun entre algunos grupos protestantes. Es nuestro propósito darlo a conocer por intermedio de este estudio a nuestros lectores.  

La Creación del Mundo

            La Biblia comienza diciendo: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Luego nos sigue diciendo que la tierra fue creada para que fuese habitada (Isaías 45:18). La palabra principio no nos dice cuando fue aquel principio, pero sin duda se refiere a un pasado sin fecha, cuando todo fue creado por Dios.

            La palabra hebrea para crear es “bara”, y en su propio y primario sentido significa aquel acto divino de la creación absoluta sin el uso de material preexistente. En otras palabras, Dios creó la materia “en el principio”. Creó lo material de la nada con sólo ordenarlo. Lo visible de la creación fue hecho de lo que no se ve (Hebreos 11:3).

            El hombre fue creado en el “sexto día” después de los animales. Sin embargo, existen disputas de si fueron días de 24 horas o simplemente períodos indeterminados de tiempo. Las expresiones “Y fue tarde y mañana el día…” sugieren que fueron días de 24 horas. Sin duda que la obra maestra de Dios en su creación fue el ser humano, pues fue hecho a la imagen y semejanza de Su Creador. A éste el Eterno Dios lo puso en la tierra no para que se quedara ocioso sino para que la “guardase”, junto con la mujer a quien  el Eterno llamó “ayuda idónea”, Eva. La orden de Dios era la de procrear y llenar la tierra con hijos y tuvieran dominio sobre las bestias del campo y labraran la tierra.

La Primera Ley Divina

            De manera clara Dios le prohibió a la primera pareja humana que comieran de cierto árbol de “la ciencia del bien y del mal”. Su violación sería la muerte. ¡Muerte física y espiritual! La primera pareja humana recibió una orden expresa de Dios: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día de que él comiéreis ciertamente morirás.” Esta fue la primera ley divina que debía ser obedecida, porque de eso dependía la vida. La obediencia de esa ley divina traería felicidad y paz con el Creador, y su violación, la ruptura con Él.

El Primer Pecado

            Habiendo dado una ley suprema, su violación constituiría el pecado. La Biblia dice claramente que “Todo el que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4). La Biblia nos dice que Adán y su mujer desobedecieron a Dios y a Su ley, lo que significó su pecado y muerte. De este modo, por la necedad del hombre mismo, la muerte ha seguido reinando. El salario o pago del pecado no es otra cosa que la misma muerte (Romanos 6:23), y por eso todos moriremos algún día (Hebreos 9:27). Se puede decir que aquí finaliza el período de la inocencia a la vista de Dios.

La Primera Profecía

            Hasta aquí el diablo sacó ventaja y logró sembrar la desobediencia y la muerte en la raza humana. Sin embargo, Dios prometió no solamente un redentor personal que contendería con Satanás y le vencería, sino que la profecía incluía que habría enemistad perpetua entre las simientes opuestas del mundo, la simiente de la serpiente, o los hijos del maligno, y la simiente de la mujer, los hijos espirituales y obedientes. Esas “simientes” estarían en oposición entre sí en un conflicto continuo. El uno heriría el calcañar (extremidad del pie, por la parte de atrás) de su antagonista, pero el otro finalmente heriría su cabeza, esto es, lo destruiría. Por ende, una guerra continua se desataría entre los buenos y los malos, cuando Jesús dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo”, es decir, “la simiente de la serpiente”.

El Primer Homicidio

            Los primeros padres tuvieron 2 hijos, los cuales fueron representantes de dos simientes opuestas. Abel, según se lee en la Biblia, “era justo”; en cambio Caín “era maligno”, y la Biblia está llena de esta enemistad. El espíritu de Caín nunca termina hasta que regrese “la simiente de la mujer” a establecer su reino en la tierra y luego destruir a su adversario—“aquel maligno”—el diablo (Hebreos 2:14). En el proceso del tiempo, Caín y Abel trajeron sus respectivas ofrendas al Señor. Caín ofrece el fruto de la tierra, en tanto que Abel trajo de los animales de su rebaño (Ofrenda de expiación, hecha con fe…Hebreos 11:4; 12:24).

            El camino de Caín desagradó a Dios quien no aceptó su ofrenda, pero el sacrificio de Abel si fue agradable al Señor. Esta evidencia del favor divino enfureció la “enemistad” en el corazón de Caín, por lo cual se levantó y mató a su hermano justo. Aquí Satanás pretendió destruir a la simiente justa que sería de bendición para la humanidad.

Renovación de la Simiente justa

            Con el tiempo Dios dio a Adán otro hijo, y renovó la simiente justa de Set. Con este nacimiento de Set, al fin, Abel tuvo un sucesor de mente semejante, que anduvo por fe y agradó a Dios. Así, como “la simiente Caín” y la “simiente de Set” el mundo fue aumentando con gente mala y gente buena. La corrupción del mundo había llegado a su colmo en el linaje de Caín, y la maldad del hombre era casi inconcebible, que Dios anunció al fiel Noé su propósito de destruir la tierra para limpiarla de los malvados. Noé era descendiente de Set, y cuya línea genealógica era Set, Enós, Cainán, Mahalalel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noé. Para este propósito Dios mandó a Noé a construir un arca para que en ella se salvara él y su familia, y por medio de él a la simiente justa. Durante el tiempo de la construcción del arca ningún hombre quería arrepentirse de su mal camino, por lo que Dios decidió la destrucción del mundo por un diluvio mundial. Sólo 8 personas, Noé y su familia y una pareja de cada especie animal se salvaron. Con este diluvio un mundo cayó en el juicio divino.  

La Repoblación de la Tierra

            Dios hace un pacto con Noé que ningún otro diluvio destruiría la tierra, y que todas las cosas serían sujetas a Noé y a sus hijos, y les instruyó para que “llenasen la tierra”. Por vez primera la carne de animales fue permitido como alimento, y el concepto sagrado de la vida se hizo notar por la institución de la pena capital. Aquellos que derramaran sangre de hombre su sangre sería derramada. Como señal de las promesas del pacto Dios colocó en el cielo el arco Iris, una señal de su pacto con toda carne “por siglos perpetuos”

            El mundo así tuvo un nuevo inicio, con la institución del gobierno humano, siendo el hombre el responsable de gobernar al mundo para Dios. Los hijos de Noé empezaron a multiplicarse y llenar la tierra. Pero no pasó mucho tiempo antes que ellos vieran abundar la maldad, y a los hombres y naciones en abierta enemistad con Dios. Los 3 hijos de Noé fueron: Sem, Cam, y Jafet. Con estos 3 hombres se volvió s llenar la tierra, la cual, poco después se corrompió, y renació el antagonismo entre las simientes opuestas. Para no ser esparcidos construyeron una torre en el llano de Sinar.

            Ante este desafío constante, Dios decidió confundir las lenguas de los edificadores de la torre. Hasta ese momento la tierra sólo habla un idioma, pero ahora los hombres empezaron a hablar muchos idiomas y dialectos lo que les obligó a esparcirse por toda la tierra. Actualmente es un hecho establecido que los varios idiomas existentes pertenecen a 3 grandes grupos: Los Arios, los semitas, y los Turianos, correspondientes a los 3 hijos de Noé: Jafet, Sem, y Cam.

El Tiempo de la Promesa

            Después de la dispersión, Nimrod, un descendiente de Cam, fundó un imperio a orillas del río Eúfrates, el primitivo imperio babilónico  o caldeo. Mizraim, hijo de Cam, fundó el imperio Egipcio, el otro gran centro de la civilización primitiva. Pero también hubo un progreso en la corrupción y en la idolatría. En cuanto a la idolatría, ésta se esparció rápidamente sobre la tierra, deshonrando a Dios y degradando al hombre. En consecuencia Dios dispuso separar una familia de todas las familias de la tierra, para que por medio de ella, Él pudiera preservar la religión pura y sin mácula. El elegido fue Abraham, que nació en Ur de Caldea, de donde fue llamado por Dios. Las gentes de su época y lugar eran idólatras, aún su propio padre Taré, estaba manchado con la maldición.

            Dios mandó a Abraham que dejase su país y su parentela y fuese al lugar que le sería mostrado. El mandato fue acompañado con una promesa y un pacto. El llegaría a ser una gran nación, un gran nombre, la tierra de Canaán sería la posesión eterna de su simiente (Solicite gratis el artículo “Israel en la Profecía”), y por medio de él, todas las familias de la tierra.

            Esto indicó un nuevo comienzo para el Reino de Dios, porque el llamado de Abram, Dios comenzó a preparar el mundo para el redentor prometido, “la simiente de la mujer”. Aunque Dios había prometido que la simiente de Abraham sería innumerable, pasaron años de espera sin señal de descendencia. Impaciente por los años que pasaban sin descendencia, Sarai, su esposa, le sugirió que buscara al hijo en la esclava Agar, y de quien luego nació Ismael, quien vino a ser el padre de la raza árabe. Catorce años más tarde, Isaac, el hijo de la promesa nació milagrosamente. este heredó la fe de su padre, y obtuvo una renovación del pacto a Abraham. Tuvo dos hijos: Esaú y Jacob. Esaú fue el progenitor de los edomitas, quienes fueron una fuente constante de dificultad para los israelitas, los descendientes de Jacob.

            El nombre de Jacob fue finalmente cambiado a ISRAEL, “Príncipe con Dios”. de sus doce hijos, José, el hijo de su edad avanzada, era el favorito. Fue aborrecido por sus hermanos, por los cuales finalmente fue vendido y llevado a Egipto por los mercaderes medianitas; allá Dios le bendijo y prosperó. Veinte años más tarde una gran hambruna obligó a Jacob, con sus hijos, a viajar y establecerse en Egipto, a la invitación de José. Después de la muerte de Jacob y José, se levantó un rey en Egipto que no conocía a José; alarmado por el crecimiento del pueblo hebreo, determinó aplastarles por medio de una cruel opresión y por la destrucción de todos los hijos varones. Durante esta era oscura de opresión, nació un niño (Moisés) destinado a liberar al pueblo esclavizado. Este, más tarde, obligó a Faraón de Egipto dejar salir al pueblo. En la noche de su liberación de Egipto Dios instituyó la Pascua.

La Promulgación de la Ley

            En el tercer mes de su salida de Egipto, acamparon en el Sinaí, donde permanecieron un año. Siendo llamado por Dios a la cumbre del monte, Moisés recibe los Diez Mandamientos de Dios, y también las instrucciones para la construcción del tabernáculo o tienda sagrada, que habría de ser la morada de Dios entre ellos.

            Durante su estadía en el Sinaí, Israel se organizó como nación, y luego del censo del pueblo y la agrupación de las tribus, se movilizaron hacia la posesión de la tierra prometida. Al llegar a la frontera, Moisés envió a doce hombres para investigar la tierra. Al regresar, dos dijeron que era una buena tierra, pero diez dijeron que no podía ser conquistada. El miedo destruyó la fe, y el pueblo rehusó entrar a su posesión prometida. Como castigo por su incredulidad vagaron por el desierto 40 años.

            Al fin, después de 38 años, la nueva generación llegó a Cades, el escenario de la trágica incredulidad de sus padres. Aquí Moisés repitió la ley y repasó las condiciones que acompañaban las promesas y las bendiciones de su entrada a Canaán. Después de su mensaje de despedida, Dios llamó al fiel legislador al descanso, y manos invisibles le sepultaron en el monte desde dónde él había visto la tierra prometida.

            Después de la muerte de Moisés, el pueblo fue guiado por Josué a Canaán como sucesor de Moisés, pero después de Josué muerte hubo un apartamiento gradual de la nación. Esta condición se resume en la frecuentemente frase citada: “Israel hizo lo malo en los ojos del Señor” y también “El Señor los entregó en las manos de sus opresores”. En estos períodos críticos, Dios escogía a algún hombre de las tribus, por quien Él pudiera gobernar y ejecutar sus juicios. Estos oficiales eran llamados los “Jueces” de Israel.

            Después de varios centenares de años de apostasía, servidumbres, y liberaciones, los israelitas se cansaron del gobierno de los Jueces y demandaron un rey. Después de ser amonestados de las consecuencias trágicas de cambiar de gobierno de una teocracia a una monarquía, Dios les concedió su petición. Saúl fue elegido como el primer rey de Israel.

            El carácter de Saúl fue marcado por impulsividad y autovoluntad, y su muerte miserable fue una consecuencia espantosa de su vida. Reinó sobre Israel por 40 años. El período del reinado de David, sucesor de Saúl fue la más brillante de todas en la historia de Israel. Este también reinó por 40 años. Pero en cuanto a explendor y magnificencia, ninguno igualó a Salomón, hijo de David. El reino israelita se mantuvo unido con estos 3 reyes hasta que vino la división entre el reino de Israel y el reino de Judá durante el reinado de Roboam y Jeroboam. Jeroboam se había corrompido por la idolatría, por lo que fueron llevados a la cautividad. El Reino del Norte fue llevado a Asiria y el Reino del Sur a Babilonia por 70 años durante el reinado de Sedequías.

            Por un decreto de Ciro, el Reino del Sur salió de su cautiverio y con un remanente de Israel regresó a Jerusalén y reconstruyeron el templo y lo dedicaron en el período del profeta Nehemías. Del linaje de David y de la línea semita nació “La simiente prometida” para la bendición de la humanidad., unos 400 años después.

La Promesa de Dios a Abraham

            Habíamos visto que Dios había elegido a Abraham de entre un mundo corrompido para que mantuviese la pureza de la fe, y de la religión verdadera, y que a través de él nacería “La Simiente Prometida” que aplastaría a Satanás y sus huestes. La promesa que Dios hace con Abraham tenía que ver con la posesión de una tierra y en ella hacer crecer una gran nación.

            En Génesis 12;2,3 podemos leer de esa estupenda promesa de esperanza para la humanidad. De allí se lee: “Y haré de ti una gran nación, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” En Génesis 13:15 le sigue diciendo: “Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre”.

            En Génesis 15:18 Dios hace un pacto con Abraham, un pacto que nadie lo invalidaría y que dice: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eúfrates”. Así, Dios hizo a Abraham una promesa y un pacto que pocos hoy han llegado a comprender en su profunda dimensión espiritual como material. Aquí se ve como Dios quiso y quiere la bendición para la humanidad, y de hecho que se cristalizará por la línea de Sem, uno de los tres hijos de Noé, de quien se trazaría la venida de “La Simiente Prometida” para la redención de la humanidad y su posterior bendición perpetua.

            Habíamos visto en Génesis 15:18 que Dios hizo un pacto con Abraham, en el sentido que su descendencia (singular) heredaría la tierra prometida. Ahora bien, ¿Quién es la simiente o descendencia de Abraham? Más tarde, el apóstol Pablo revelará que la descendencia de Abraham (singular) es Cristo mismo. Veamos lo que nos dice Pablo en Gálatas 3:16,29: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes como si fueran muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”. Pero ahora nos preguntamos, y los cristianos verdaderos, ¿qué heredarán? Pues el verso 29 tiene la respuesta final: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”. He aquí una extraordinaria verdad que sigue siendo ignorada por millones de seguidores de Cristo, y es que la iglesia también recibirá la “tierra prometida” como herencia perpetua. Entonces: ¿Cómo es que hay aún que suponen que irán a heredar el cielo?

            No es de extrañarse tampoco que el evangelista Mateo comience su Evangelio sinóptico diciendo de Jesús, el Cristo: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” (Mateo 1:1).

La Promesa de Dios con David

            Habíamos explicado en algunas páginas anteriores que el pueblo israelita había pedido un rey en lugar de los jueces que los gobernara. Y cuando esto ocurrió, el primer rey Saúl, del linaje de Sem y también descendiente de Abraham, se corrompió y fue destituido de su cargo. Éste fue destituído y reemplazado por un pastorcito de ovejas: el rey David, quien también era del linaje de Sem. Dios igualmente hace un pacto con David, diciéndole: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.” ( 2 Samuel 7:12,13). Además le prometió lo siguiente: “Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mi con verdad, de todo su corazón y de toda el alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel.” ( 1 Reyes 2:4; 2 Crónicas 7:18).

            Siendo igualmente hijo de David, es el indicado para heredar el trono de su padre David (Leer Lucas 1:32,33; Hechos 2:29,30). Sin duda hoy Israel no posee una monarquía, pero llegará el tiempo para restaurar el reino o la monarquía David en Israel.

            Sedequías fue el último rey semita que desvió al pueblo hacia la idolatría, razón por la cual Dios permitió que fuera desterrado con la mayor parte de su pueblo por siete décadas, después del cual fue liberado, aunque sólo un remanente regresó a Jerusalén para reedificar el templo. Sin embargo, desde su salida de Babilonia no ha habido un rey semita que los gobierne. Pero llegará el día cuando las profecías concernientes a la restauración del reino se cumplan, en la persona del Mesías Jesucristo. Lea Amós 9:11; Ezequiel 21:26,27; 37:22,24,25; Oseas 3:4,5; Hechos 2:29,30.

            Jesucristo es el hijo de Abraham que heredará la tierra, y es hijo de David para heredar el trono de su reino en Israel. Este es el personaje noble que solucionará todos los problemas de la humanidad, restaurando todas las cosas que fueron destruídas por el opositor, el diablo.

El Reino de Dios

            El Reino de Dios se inauguró cuando los israelitas sustituyeron a los Jueces por los reyes semitas, siendo el primero, Saúl. La primera vez que encontramos la frase “Reino de Dios” es en 1 Crónicas 28:5 y que dice: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel”.

            Por intermedio de los reyes semitas, Dios gobernaba al pueblo, pero por sus rebeliones, Él decidió suspender la monarquía Davídica HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS, pronunciadas por los profetas antiguos (Hechos 3:19-21).

El Evangelio de Jesucristo

            Muchísimos cristianos no han llegado a saber exactamente para qué Cristo vino hace dos milenios. En primer lugar, San Pablo nos dice: “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres.” Sí, Jesús vino a decirnos que Su Padre cumplirá todas las promesas tarde o temprano (Romanos 15:8).

            Como segundo punto, Jesús nos dice para qué Dios le envió a este mundo malo. En Lucas 4:43 encontramos una clara confesión de Jesús que debemos grabar todos los creyentes en nuestra mente: “Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado.” Sí, Jesús vino a cumplir con una ordenanza del Padre, y ésta era, la de proclamar las Buenas Nuevas del Reino de Dios. Por cierto que para poder participar de ese reino, el hombre tenía que convertirse, y para ello debería de aceptar el sacrificio de Cristo por él. Por tanto, Jesús también vino a morir por los hombres para abrirles el camino al reino de Dios (Marcos 1:1,15,16)

            La palabra reino viene del griego Baseileia, que implica autoridad, domino, rey, leyes, y súbditos. Los discípulos hebreos sabían vienen que el reino de David sería restaurado por el Mesías esperado. En Hechos 1:6 se deja ver que los discípulos sabían que Cristo era el nombrado Mesías para restaurar el reino, y por eso creían que ya estaba cerca su restauración.

            En Lucas 19:11 leemos que los discípulos hebreos estaban seguros que el reino sería restaurado brevemente, porque veían a su Mesías entrar en Jerusalén, la sede del antiguo reino de David y de sus hijos.                         

            En diferentes pasajes de la Escritura, el Reino de Dios y su restauración conforman el Evangelio de Jesucristo. Usted verá que Jesús usa la expresión: “El evangelio del reino” en distintos pasajes de su vida. Vea Lucas 4:43, y Mateo 24:14, por citar dos textos bíblicos. Recuerde que “evangelio” significa “Buenas Noticias”. Entonces Jesús vino a proclamar “Las Buenas noticias de su reino en la tierra.” Pero millones de Católicos y Protestantes NO suelen decir que el evangelio es el reino de Dios, sino Cristo mismo. Afirman que el evangelio es la persona de Cristo, y su sacrificio por los pecadores. Esta es sin duda, media verdad. La otra media verdad es lo que sigue al sacrificio de Cristo. Es decir, su glorioso reino en la tierra con los salvos.

El Evangelio del Reino y la salvación

            ¿Cuál es la importancia del evangelio del reino? La respuesta es que trae SALVACIÓN a los hombres. En Romanos 1:16 Pablo dice que el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que lo cree, sea Judío o no Judío.

            No sólo fue Jesús quien se dedicó a la evangelización, enseñando el reino de Dios, sino también todos sus discípulos. Uno podrá leer por los diferentes libros del Nuevo Testamento, que el reino de Dios fue el mensaje central de Cristo y sus seguidores. El Evangelista Marcos habla que Cristo empezó su ministerio anunciando el evangelio del reino de Dios. Igual lo hicieron sus apóstoles (Lucas 8:1; 9:1,2). Posteriormente Pablo hará lo mismo en su evangelización internacional (Hechos 19:7; 20:25; 28:23,30,31).  Y Jesús afirma que ese mismo evangelio del reino será predicado por su iglesia hasta su regreso en gloria (Mateo 24:14).

El Evangelio del Reino no es la iglesia

            El Evangelio del Reino ha sido objeto de variadas interpretaciones que no se ajustan al contexto bíblico. Agustín de Hipona, de la escuela de Orígenes, sostenía que la iglesia era el Reino de Dios, y Cristo, el Rey de esa iglesia Universal.

            Para la iglesia Católica en particular, no existe un reino político y monárquico para Israel. Es más bien un “reino de sacerdotes” (la curia romana o clero sacerdotal Católico), con el Papa a la cabeza. Pero contrario a lo propuesto por Orígenes, y luego Por “San Agustín”, Jesucristo enseñó que la “manada pequeña” heredará un reino, sólo cuando Cristo regrese a este mundo nuevamente (Lucas 12:32; Mateo 25:31,34). En otra ocasión Pablo dijo que “carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Corintios 15:50). Esto es significativo, pues la iglesia está compuesta precisamente por hombres de carne y sangre. Hay, pues un reino diferente, en el cual es imposible heredarlo con cuerpos humanos mortales de “carne y sangre”. 

El Reino tiene que ver Con Jerusalén

            Aunque ya hemos explicado que el reino estaba relacionado con Jerusalén, sería oportuno añadir que Jesús afirmó que “Jerusalén ES (no “ERA”) LA CIUDAD DEL GRAN REY” (Mateo 5:33-35). Estas palabras de Jesús son significativas, pues Dios sigue amando a Jerusalén, y sigue siendo Su ciudad. No es la ciudad de los árabes, ni de los Judíos, ni de los gentiles. ¡Es la ciudad de Dios!

            Jerusalén será llamada “Trono de Jehová”, así lo afirma Jeremías, el profeta (3:17). En Marcos 11:1-11 se halla la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Los versos 9-11 dicen: “Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! Y entró Jesús en Jerusalén…”. Ahora bien, es fácil ver aquí en estos versos, la esperanza Judía de la restauración del reino davídico en Jerusalén cuando entraba Jesús en la ciudad capital de Jerusalén. Y en Hechos 1:6 se deja notar la inquietud de los discípulos por saber si ya era inminente la restauración del reino por muchos siglos esperada.

El Reino, La Iglesia, y Las Naciones

            Hemos visto que Jesús vendrá a restaurar el reino en su segunda venida (Hechos 1:7; 3:19-21; Mateo 25:31,34). ¿Qué pasará luego? Bueno, Jesús depondrá al diablo y lo arrojará al abismo para que no siga engañando a las naciones, y poder así reanudar el reino de su padre David en su persona (Apocalipsis 20:1-4).

            La Iglesia, junto con él como su Rey, dominarán a las naciones y las regirán con “vara de hierro”. La Iglesia está siendo llamada hoy precisamente para conformar todo el equipo gubernamental del Mesías. En Apocalipsis 2:26 leemos una promesa de Jesús: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, YO LE DARÉ AUTORIDAD SOBRE LAS NACIONES.” ¡Esta es una fantástica noticia! La iglesia no estará tocando el arpa en el cielo, sino gobernando con Cristo en su reino, en puestos de confianza. En la famosa parábola llamada “De las Diez Minas” en Lucas 19, Jesús revela que, al volver como el “hombre noble”, dará a sus seguidores leales, “AUTORIDAD SOBRE CIUDADES”. Usted leerá eso en los versos 15, y l6. Y en Apocalipsis 5:10 claramente se nos dice dónde reinaremos: ¡En la tierra!

Si el reino de Cristo será mundial, pues todas las naciones de la tierra le estarán sujetas a su autoridad real (Salmos 72:7,8,11,19).             

El Milenio de Paz     

            En Apocalipsis 20:4 se nos dice que l reino de Cristo tendrá una larga duración, en este caso, mil años. Los gobiernos de los líderes no llegan a durar tanto. Hitler quiso inaugurar su “reich” (reino) de mil años, pero sólo duró 12 años. En cambio, el reino de Cristo no tendrá problemas, ni conflictos, ni amenazas de otras naciones, y la razón es que estarán dominadas por Cristo con la autoridad divina. Será realmente un “reino de los cielos” o “el Reino de Dios”.

            En este milenio de paz, las armas de guerra habrán desaparecido. Los hambrientos serán saciados, los ríos no se secarán y no se contaminarán. Los desiertos se convertirán en huertos fructíferos, y los animales vivirán en armonía y en paz. Esta utopía se hará realidad sólo cuando regrese el “Deseado de todas las naciones” (Hageo 2:7).

Satanás Será finalmente Destruido

            Habíamos visto al comenzar este estudio que habría una enemistad permanente entre las dos simientes opuestas, la de Satanás, y la de la mujer. Finalmente, la simiente de la mujer (que representa a Eva, a María y su hijo Jesús), destruiría al Diablo matándolo por la cabeza. Esto va a ocurrir al finalizar los mil años del reinado del Mesías Cristo. Y la razón es que al final del milenio, el diablo y sus ángeles serán soltados del abismo para que engañen por un breve tiempo al mundo, a fin de probar a los hombres, y luego será destruido junto con todos los malvados.

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EL Reino del Mesias

 

El Significado de ‘Mesías’

El Reino del Mesías, ¿qué significa eso? Esta es una buena pregunta, pues Jesús es el Mesías o Cristo. Y es que la palabra hebrea Maschiaj (‘Mesías’)  equivale a Kjristós (‘Cristo’) en el idioma griego, y a su vez, Cristo quiere decir: “El ungido de Dios” en nuestro idioma español. En el Antiguo Testamento los reyes judíos de Israel eran previamente “ungidos” por los sumos sacerdotes parar ser nombrados para ese cargo. Ese ungimiento consistía en que el sumo sacerdote vertía aceite sobre la cabeza del escogido que se convertiría en rey. Por ejemplo: Saúl, David, Salomón, etc ( 1 Samuel 10:1; 16:13; 1 Reyes 1:33-35). En otras palabras, Saúl, David, Salomón, y sus sucesores se convirtieron en CRISTOS para poder reinar sobre el pueblo Hebreo. Saúl era un Cristo (“ungido”) , David era un Cristo (“ungido”), Salomón era un Cristo (“ungido”), y sus sucesores. Todos estos reyes reinaron desde la capital JERUSALÉN (1 Reyes 2:11; 11:42).                                              

 El Reino de Jehová

El Reino de Jehová Dios comenzó cuando el pueblo hebreo pidió a Dios tener un rey como las demás naciones. En un comienzo el pueblo hebreo estuvo gobernado por los llamados “Jueces de Israel”, los cuales hacían el papel de jueces y gobernantes. Así, por ejemplo, Samuel, Gedeón, Barak, y Sansón fueron cuatro de varios jueces que tuvo Israel.

Con Saúl empieza la dinastía real judía. Pero éste, al no llegar a ser un rey fiel a Dios, es reemplazado por el joven David. Con David Dios hace un pacto muy interesante, el cual veremos en detalle más adelante, pues éste nos dará mucha luz sobre el futuro del mundo entero. Lo importante por ahora es señalar que Dios llama a la dinastía davídica como: “su reino”. Es decir, el reino de Dios estuvo representado por los reyes que se iniciaron con David, Salomón, etc. En 1 Crónicas 28:5 veremos que David llama a su dinastía como “el reino de Jehová”: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel”. También en 1 Crónicas 29:23 se nos dice de Salomón: “Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre…”. Esto es muy importante, pues el reino de Dios no es una nueva doctrina introducida por Jesús en su ministerio, sino que era un asunto bien conocido aún por el pueblo hebreo de los tiempos de David. De modo que cuando Jesús habla del reino de Dios, sus oyentes sabían perfectamente a qué se refería Jesús con esa frase. Pero lo que hace Jesús es enseñarles a sus paisanos sobre la manera cómo ellos podían participar en ese reino que se reanudará con su segunda venida a la tierra prometida. Pero este punto es para otro acápite.

La Promesa de Dios a David

Como dijimos arriba, Dios le hizo un pacto a David el cual es crucial para entender en verdad quién era Jesús según la carne. En primer término, Dios le dijo a David lo siguiente: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa  mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo…y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:12-16).

En esta promesa de Dios a David se enfatizan cinco puntos importantes: la simiente de David, la simiente del reino, la casa de la simiente, el trono de la simiente, y la relación padre-hijo entre la simiente de David y el Dios Todopoderoso. Es decir, Dios le prometió a David una descendencia real, y un hijo singular que establecería su reino para siempre en la tierra prometida. Además, notemos que Dios tiene dos tronos: El trono desde donde Él gobierna, el cual está en el cielo, y el trono en la tierra. Salomón se sentó en el trono terrenal de Dios. Este es el trono que también se le prometió a Jesucristo. Esto lo veremos más adelante.

En Jeremías 33:20, 21 leemos: “Así ha dicho Jehová: Si Pudiereis Invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono…”. Esto significa que si Dios no cumpliera con su pacto con David, dejaría antes de haber noche y día en nuestra tierra. Su promesa es tan firme y segura con el anochecer y el amanecer en nuestro planeta.

Ahora bien, hoy no hay un trono terrestre de Jehová en Jerusalén. Dios descontinuó la línea real ‘judío-davídica’ por un tiempo debido a que los descendientes de David fueron impíos. Esto está registrado en Ezequiel 21:25-27: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto o será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto, A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto o será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré”. Aquí Ezequiel habla del impío rey judío Sedequías, quien fuera destronado por el rey Nabuconodosor de Babilonia en 586 AC. Con Sedequías terminó transitoriamente la dinastía davídica sobre Israel, y se puede afirmar que por espacio de más de 2,500 años no ha existido un reino de Dios en Jerusalén. No obstante, Ezequiel asegura que esta interrupción temporal se levantará y se establecerá el reino de Dios en la persona de otro descendiente real Judío y de la casa de David.

Jesús: El Cristo de Dios

Jesucristo, o también llamado: “Jesús el Cristo”, es un personaje muy importante para todos los cristianos. Es interesante que Jesús sea llamado el Cristo (o “el Ungido”) de Dios. Esto nos hace recordar a los reyes Saúl, David, Salomón, etc. Estos fueron ungidos para ser reyes sobre Israel, ¡y también Jesucristo! El evangelista Mateo empieza diciendo en su evangelio: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1). Esto quiere decir que Jesús es de “sangre azul” y por tanto, un legítimo heredero del trono de David, o del reino de Dios. ¿Recuerda que Ezequiel profetizó que la tiara y la corona se le daría a uno que tendrá el derecho al trono de David? Pues bien, ése es Jesús el Cristo. Por eso, son pocos los “cristianos” que han llegado a entender lo dicho por el ángel Gabriel a María: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Ver Lucas 1:31-33). Esta profecía dada por Gabriel a María no es comprendida por millones de llamados “cristianos”—¡Y es trágico! Y es nefasto también que millones de cristianos no crean literalmente las palabras de Pedro, cuando al hablar de Jesús, dice: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono (Hechos 2:29,30). ¿A cuál de los cristos se refería Pedro? La respuesta está en el verso 31. Aquí se habla del Cristo que fue resucitado. Entonces se refiere a Jesús el Cristo—Nuestro Señor y Salvador.

 Se ha querido espiritualizar el pacto de Dios con David creando confusión y disensión entre los creyentes. Y es que la mayoría de cristianos tiene un fobia a todo aquello que tiene que ver con los judíos. Hay definitivamente un antisemitismo dentro del mundo católico y aún entre los protestantes. Los prejuicios contra el pueblo hebreo bloquean el sano entendimiento y la justa interpretación de las Santas Escrituras. Incluso hay iglesias cristianas que sostienen que el Antiguo Testamento ha quedado obsoleto, y por tanto, la iglesia no debiera prestarle mucha atención. ¡Qué tragedia! Pasar por alto el Antiguo Testamento es obscurecer el entendimiento cabal del Nuevo Testamento.

Jesús Anuncia el Reino de Dios

Cuando Jesús apareció hace dos milenios en el mundo, vino para anunciar las “buenas noticias” del reino de Dios. En Lucas 4:43 él dijo claramente: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios porque para esto he sido enviado. Sí mi amigo, muchos cristianos no saben para qué Dios envió a Jesús al mundo—¡Y esta es otra tragedia! Usted puede preguntarle a cualquier hombre que se precie de ser cristiano, ¿para qué Cristo vino al mundo?, y de seguro que no sabrá responderle como Cristo lo reveló en Lucas 4:43. La mayoría le dirá que Cristo vino a “salvarnos”, lo cual es sólo media verdad. La verdad total es que él vino a anunciar el Reino de Dios como el evangelio o buenas noticias de Dios para el mundo sufrido. Y este Reino de Dios (el evangelio verdadero) se traducirá en la salvación de todos aquellos que lo creen o aceptan por fe (Romanos 1:16).

Sí, Jesús vino  decirnos que el reino se había acercado, aunque aún faltaría un tiempo para que arribara totalmente (Mateo 10:7). Sin embargo, durante su ministerio de tres años y medio aproximadamente, Jesús dio a “saborear” un poco los efectos benéficos de su reino venidero en el presente. Por ejemplo, cuando él expulsaba a los demonios, y libertaba a los poseídos de la opresión diabólica, Jesús decía que su reino “había llegado” (Mateo 12:28). Y ¿por qué esto? Porque eso es precisamente lo que Cristo hará con Satanás y sus demonios al volver para restaurar el reino de Dios en la tierra—¡neutralizará a las fuerzas demoníacas espirituales! (Ver Apocalipsis 20:2,3).

Los eruditos en Biblia están unánimemente de acuerdo que el mensaje central de Jesucristo es el Reino de Dios. Este se halla en todo el Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Apocalipsis, sin contar con el Antiguo Testamento. Jesús se preocupó de explicarles a sus seguidores las condiciones para participar de él cuando regresara por segunda vez. A Nicodemo, un fariseo de renombre, Jesús le dijo que tenía que “nacer de nuevo” para entrar en él (Juan 3:3,5). También dijo que de los “pobres en espíritu” era su reino (Mateo 5:3). También él explicó que su reino no era de este “mundo malo” sino del siglo venidero de justicia (Juan 18:36). Reveló que difícilmente un rico podría entrar en él (Lucas 18:24). Exigió que los hombres se hicieran inocentes como los niños para poder ingresar con él a su reino (Mateo 18:3). Alabó a los que reconocían que se debía amar a Dios y al prójimo, y a estos les dijo que estaban muy cerca al reino (Marcos 12:32-34). También afirmó que el reino se inauguraría con su iglesia cuando regresara nuevamente al mundo en persona y con sus ángeles (Mateo 25:31,34). Jesús enseñó que debíamos pedir y buscar su reino diariamente en nuestras oraciones (Mateo 6:10,33).

La Pregunta de los Apóstoles

Después de resucitar de la tumba, Jesús continuó predicando o enseñando acerca del reino de Dios a sus discípulos. Según lo registrado por Lucas en Hechos 1:3, 6,7, Jesús permaneció 40 días más entre sus allegados discípulos, a los cuales les seguía enseñando sobre el reino que él establecería en Israel en un futuro. Dice así Hechos 1:3: “A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Ahora bien, observe que Jesús se centra en su mensaje del reino, y se asegura que sus discípulos entiendan bien todo lo relacionado al tema. Como es lógico, cuando un maestro enseña sobre una materia o tema surgen preguntas de los alumnos. Y así fue. Después del seminario intensivo de Cristo de 6 semanas, los discípulos le preguntan a Jesús algo importantísimo, pues el maestro ya estaba a punto de partir al cielo: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Nótese que los discípulos aprendieron que el reino de Dios le sería restaurado a Israel. Jesús NO les había estado enseñando un nuevo reino que se establecería en el cielo, o “en el corazón de los creyentes” sino en ISRAEL Esto debe quedar bien claro. Nuevamente: Jesús había estado enseñando que el reino se restauraría en Israel, y punto.

Ahora bien, es interesante que los discípulos usen a palabra “restaurarás” en la pregunta. Esto quiere decir que ese reino existió, fue derrocado, y nuevamente será restablecido con un rey descendiente del rey David. Esto también significa que el reino tiene las mismas características que tuvo al comienzo, es decir: Tuvo un rey humano, un territorio (en este caso la tierra prometida, Israel), leyes, súbditos, conflictos territoriales con sus vecinos, etc. Es claro, entonces, que el reino de Dios tendrá las mismas características que tuvo al comienzo de su fundación, pero con la diferencia que estará compuesto por hombres probos y glorificados con inmortalidad.

La Respuesta de Jesús

La respuesta no se dejó esperar y fue muy clara: “Y les dijo: No os toca  vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Señor puso en su sola potestad” (Hechos 1:7). Es decir, el tiempo de la restauración del reino de David no lo podían saber sus discípulos, ni tampoco él, como Maestro, sino sólo Dios el Padre. Permanecería en el misterio.

En otra ocasión, cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba a Jerusalén montado en un asno, exclamaron: “Bendito el reino de nuestro padre David que viene” (Marcos 11:10). No obstante, los discípulos se equivocaron en el tiempo más no en la verdad de que el reino de David se restauraría en Jerusalén. Debido a esto Jesús se ve precisado a decir la famosa Parábola de la Diez Minas. Dice esta parábola en Lucas 19:11,12 así: “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver”. ¿Por qué pensaron los discípulos que el reino se manifestaría inmediatamente? La respuesta está en el versículo 11: “por cuanto estaba cerca de Jerusalén”. ¿Y qué importancia tenía que Jesús estuviese cerca de Jerusalén? Es simple, pues el reino de Dios estuvo localizado en Jerusalén, la ciudad capital del reino davídico. Eso lo explicamos antes.

Los Cristianos son “Cristos” como Jesús

Si bien Jesucristo es “El Cristo” esperado para tomar el trono de David su padre, él tendrá asistentes en su reino que tendrán su título nobiliario de “príncipes” del reino de Cristo. El apóstol Pablo fue claro al decir que “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió (Gr. ‘Krio’, de donde deriva la palabra Gr. ‘Kjristos’= Cristo), es Dios” (2 Corintios 1:21). Sí, los cristianos han sido ungidos por el Espíritu Santo de Dios para ser reyes y sacerdotes con Cristo y coherederos del reino para sentarse en sus respectivos tronos de autoridad. Dice Apocalipsis 5:10: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra”. Sí, en Jerusalén habrá tronos para los apóstoles también, pues dice el Salmo 122:5 : “Porque allá (en Jerusalén) están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David”. Además recordemos que Jesús les dijo  sus doce apóstoles: “…y os sentéis en tronos juzgando (gobernando) a las doce tribus de Israel”  (Lucas 22:30). “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Lucas 19:28).

La Promesa de Jesús no fue el Cielo

Es claro, entonces, que Jesús nunca prometió a sus seguidores llevárselos al cielo para que vivan como angelitos alados y tocando un arpa. La verdad es otra, pues él dijo: “Bienaventurados los mansos por ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5).  Y en Apocalipsis 5:10 se dice claramente que reinaremos sobre la tierra. El sabio rey Salomón expresó: “El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra” (Proverbios 10:30). También dice él: “Porque los rectos habitarán la tierra, y los  PERFECTOS permanecerán en ella (Proverbios 2:21). Ahora bien, ¿quiénes son los perfectos? La respuesta viene de los labios de Jesús: “Sed, pues, vosotros PERFECTOS, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). Aquí vemos que los perfectos son los que siguen a Jesús. De modo que los cristianos tendrán como herencia la tierra, y permanecerán en ella. No obstante, esta tierra será renovada, y transformada con la presencia benefactora de Cristo y su reino milenario. Por eso Pedro dice: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13,14).

                                                                      Resumen

1.- El Reino de Dios es el tema central de toda la Biblia, y es el evangelio de Cristo.

2.- El Reino de Dios comenzó con la monarquía de los reyes de Israel.

3.- La capital del Reino de Dios fue (…y será) Jerusalén.

4.- El Reino de Dios finalizó temporalmente con el rey judío impío Sedequías en 586 AC.

5.- Dios prometió a David que no le faltaría un varón que reine en su reino.

6.- El profeta Ezequiel profetizó que la dinastía real judía sería reanudada con un varón noble de David.

7.- Jesucristo es el hijo de David, y el Cristo designado para ser el sucesor al trono de David.

8.- Jesucristo vino a anunciar su próximo reinado, pero antes vino a preparar el camino para entrar en él

9.- Jesús habló que el reino de David sería restaurado, y que sus apóstoles reinarían con él.

10.-Jesús afirmó que Jerusalén es la ciudad del gran Rey.

11.-Jesús enseñó que su reino estaría conformado mayormente por los pobres de este mundo.

12.-Jesús enseñó que debíamos anunciar a otras personas el evangelio del reino de Dios.

13.-Jesús exigió un “nuevo nacimiento” para poder participar de él.

14.-Jesús enseñó que la iglesia heredaría el reino en su segunda venida personal y visible a la tierra.

15.-Jesús enseñó que en su reino desaparecerían las injusticias y toda suerte de mal en la tierra.

16.-Jesús nunca prometió a sus seguidores llevárselos al cielo una vez que murieran.

17.-El Reino de Cristo durará diez siglos.

18.-Los que no se arrepienten de sus pecados quedarán excluidos para siempre del reino y morirán.

19.-Los que creen en el Reino de Dios, y viven para él, serán salvos.

20.-Salvación es entrar al Reino de Dios con inmortalidad.

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La otra misión de Cristo desconocida por muchos cristianos

La otra misión de Cristo desconocida por muchos cristianos

Muchos cristianos para desconocer que Cristo esta destinado a gobernar el mundo de mañana. La mayoría entiende bien que Jesús sufrió, murió y resucitó para ofrecernos el perdón de pecados.

Pero pocos conocen por así decirlo, la otra misión de Jesús, que por el momento no se ha cumplido. Esta otra misión de Cristo será el centro de este sencillo estudio.

Para no hacer rodeos explicaremos que la otra misión de Cristo es gobernar el mundo entero desde Jerusalén. Esta parte de la misión de Cristo aun esta incumplida pero se cumplirá en su segunda venida.

El anunció del angel sobre la misión de Cristo

Luc 1:30 Entonces el ángel le dice: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.

Luc 1:31 Y he aquí, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Luc 1:32 Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y le dará el Señor Dios el trono de David su padre;

Luc 1:33 y reinará en la Casa de Jacob por siempre; y de su Reino no habrá fin.

Luc 1:34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Porque no conozco varón.

Luc 1:35 Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por lo cual también lo Santo que de ti nacerá, será llamado Hijo de Dios.

Mat 1:21 Y dará a luz [un] hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Bien, aquí en estos simples y sencillos pasajes podemos ver con claridad lo que le comente al principio:

  • Jesús salvara al pueblo de sus pecados
  • Tendrá el trono de David y reinara sobre la casa de JACOB ( es decir Israel) por siempre…

Jesús mismo nos hablo de otra misión a parte de la de su sacrificio en la cruz..

Luc 4:43  Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.

Juan 18:37  Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.

Como vera, Jesús nos enseña que el ha sido enviado para anunciar el reino de Dios y el ha nacido con el propósito de ser Rey…

Los profetas anunciaron los sufrimientos del mesias como asi tambien su reinado sobre Jerusalén.

Isa 53:4  Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Isa 53:5  Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isa 53:6  Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Isa 53:7  Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Isa 53:8  Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.

Isa 53:9  Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

Isa 53:10  Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

Isa 53:11  Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.

Isa 53:12  Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. 

Este bellísimo pasaje nos habla del sacrificio del Mesías, de su muerte para nuestra justificación y hasta de su resurrección.

Ahora veamos aquellos pasajes que nos enseñan sobre el reinado del Mesías:

Isaías 9: 6 al 7: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro….Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. … (EL TRONO DE DAVID ESTABA EN JERUSALEN)

Isaías 11: 1 al 5: Saldrá una vara del tronco de Isaí (Isai es padre de David), y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.

Isa 16:5  Y se dispondrá el trono en misericordia; y sobre él se sentará firmemente, en el tabernáculo de David, quien juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia.

Jeremías 23: 5 al 8 He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.

Jeremías 33: 14 al 18  He aquí vienen días, dice Jehová, en que yo confirmaré la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra. En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se le llamará: Jehová, justicia nuestra.

Porque así ha dicho Jehová: No faltará a David varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel

Isaías 32: 1 al 2: He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio.

Zacarías: 9: 10: y (El) hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río (Eufrates) hasta los fines de la tierra.

Podríamos citar muchísimos  pasajes pero con estos bastas.

Resumen

Entonces El Mesías según las profecías, según lo anunciado por el Ángel Gabriel y según sus mismas palabras tenía 2 propósitos:

  • Limpiarnos de nuestros pecados
  • Ser rey sobre Israel y el mundo entero

¿Cuando Cristo será rey del mundo?

Según las escrituras, Jesús será rey del mundo en su venida.

Mat 25:31  Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,

 Mat 25:32  y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

 Mat 25:33  Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

 Mat 25:34  Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

¿Que pasara el día de la venida de CRISTO?

  • Los que creyeron en El serán resucitados para ser parte de sus reino
    • 1 Tesalonicenses 4: 13 al 18 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero
  • Aquellos que estén vivos serán transformados a inmortalidad sin pasar por la muerte
    • Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.
  • Los reinos de este mundo serán transferidos a manos del Mesías.
    • Apocalipsis 11: 15: El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos..
  • La Iglesia reinara juntamente con Cristo
    • Apocalipsis 5: 9 al 10: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
    • Apocalipsis 2: 26 y 27: Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre.
  • Habrá paz, la tierra será llena del conocimiento del Señor, no habrá más guerra, etc.
    • Ver Jeremías 33: 14 al 18,  Zacarías: 9: 10,  ISAIAS 2: 1 AL 4, Isaías 65: 17 al 25

¿Que debo hacer para ser parte de este reino?

Ya dijimos que cristo murió por nuestros pecados ¿alguna vez se pregunto para que?

Fue con la razón de que usted puede ser parte de esta maravilloso reino que el viene a instaurar.

Consejo: Pídale perdón a Dios por sus pecados, arrepiéntase y apártese de ellos, bautizase y comience a estudiar la Biblia para conocer así la voluntad de Dios para su vida.

HECHOS 2: 38   Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Conclusión

Cristo volverá otra vez a la tierra para reinar sobre ella con poder y autoridad. Jerusalén será el centro de su reino mundial. En su primera venida el nos abrió el camino para que podamos ser parte de su reino por medio de la resurrección. El volverá otra vez, si queremos ser parte de su reino debemos ser justificados ante Dios por la fe y vivir según la voluntad de Dios expresada en sus escrituras.

SI USTED QUIERE SER PARTE DE ESTE MARAVILLOSO FUTURO NO DEJE PASAR EL TIEMPO, PIDALE PERDON A DIOS Y COMIENZE A VIVIR PARA EL.

MARAVILLOSAS PROMESAS HAY PARA LOS HIJOS DE DIOS…

Mateo 5: 5 Bienvanturados los mansos por que ellos recibiran la tierra por heredad…. AMEN

DIOS OS BENDIGA