El lenguaje del Reino en el segundo siglo

Justino Martir

1.- “Los apóstoles salieron adelante en la seguridad del Espíritu Santo, predicando las buenas noticias de que el reino de Dios va a venir” (1 Clem. 42:3).

2.- “Aquellos que han sido perfeccionados en el amor según la gracia de Dios tienen un sitio entre los piadosos que se manifestarán en la visita del reino de Cristo” (1 Clem. 50:3).

3.- “La promesa de Cristo es grande y maravillosa y es el descanso del reino entrante y de la vida eterna” (2 Clem 5:5).

4.- “Si nosotros no conservamos nuestro bautismo puro e impoluto, ¿con qué confianza entraremos en la casa real (reino) de Dios? (2 Clem 6:9).

5. Amémonos para que todos nosotros podamos entrar en el reino de Dios”(2 Clem 9:6).

6.- Si hacemos justicia ante Dios, entraremos en su reino, y recibiremos las promesas ‘ que ningún oído ha oído ni ojo ha visto ni ha entrado en el corazón de hombre (2 Clem 11:7).

7.- “Papías dice que habrá un milenio después de la resurrección de los muertos, cuando el reino de Cristo será establecido en forma material en esta tierra” (Eusebio, Historia de la iglesia 3.39.12).

8.- “Cerinto… dice que después de la resurrección la casa real de Cristo estará en la tierra” (Gayo de Roma de la Historia de la iglesia de Eusebio 3.28.2).

9.- “Trifo dijo, ‘Estas y análogas Escrituras, señor, compélanos a esperar por él, quien,como Hijo del Hombre, recibe del Anciano de días el reino eterno. Diálogo de Justino 32.

10.- “Tripo contestó… ‘Que el Cristo debe venir otra vez en gloria y recibir el reino eterno de todas las naciones cuando cada reino sea supeditado a él es suficientemente mostrado por las Escrituras relatadas por usted (Diálogo 39).

11.- “Él levantará a todos los hombres de la tumba y nominará a unos para ser incorruptibles, inmortales, y liberarlos del pesar en el reino eterno e imperecedero…” (Diálogo 117).

12.- “(A los nietos de Judas, el hermano de Jesús según la carne) se les preguntó (por las autoridades) concerniente al Cristo y su reino, su naturaleza, origen, y su tiempo de aparición, y ellos explicaron que no es de este mundo ni terrenal, sino de origen celestial y angélico, y estará en el fin de mundo, cuándo él vendría en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos” (Hegesipo de Eusebio, Historia de la Iglesia 3.20.4).

13.- “Díganle a mi pueblo que les daré el reino de Jerusalén… El reino está ya preparado para ustedes: ¡Estén atentos”! (4 Esdras 2:10-13).

14.- Gen 49:10f., “Para quien está guardada una monarquía… Él es la expectación de las naciones… porque esperamos que él restablezca el reino ” (La Prueba de la Predicación Apostólica 57).

15.- Cristo ha recibido de su Padre un reino eterno en Israel (En contra de las Herejías 3.12.13).

16.- “Aquellos que traman la idea de otro Dios además de Aquel que hizo las promesas a Abraham están fuera del reino de Dios … acometer contra nada y blasfemar a Dios, quien introduce a través de Jesucristo a Abraham  al reino de los cielos” (En Contra De las Herejías 4.8.1).

17.- “Abraham creyó en cosas del futuro como si estuviesen ya consumadas, por la promesa de Dios; Y asimismo nosotros también, por la promesa de Dios, contemplamos a través de la fe esa herencia en el reino ” (Contra las Herejías 4.21.1).

18.- “Él en su segunda venida primero despertará de su sueño a todas las personas justas y los levantará, así como también el resto que serán juzgados, y les dará un lugar en su reino” (Contra las Herejías 4.22.2).

19.- Salomón “prefiguró de antemano el reino de Cristo”. “debemos tener miedo no sea que… no obtengamos más perdón de los pecados sino que nos quedemos fuera de su reino” (contra las Herejías 4.27.1,2, refiriéndose a un “cierto presbítero”.).

20.- “Introducir a los justos a los tiempos del reino, eso es el descanso, el día séptimo consagrado, y restaurar para Abraham la herencia prometida (el reino) ” (Contra las Herejías 5.30.4).

21.- “La bendición prevista, por consiguiente, pertenece incuestionablemente a los tiempos del reino, cuando los justos gobernarán después de su resurrección de la tumba”(Contra las Herejías 5.33.3).

22.- “Los justos reinarán en la tierra… y se acostumbrarán a compartir la gloria de Dios el Padre, y gozarán en la asociación del reino y comunión con ángeles santos” (Contra las Herejías 5.35.1; llamado “los tiempos del reino” en 5.35.3).

23.- “Porque en los tiempos del reino el hombre justo que está en la tierra se olvidará entonces de morir”. (Contra las Herejías 5.36.2).

24.- “Juan previó la primera resurrección del justo y la herencia en el reino de la tierra. … Pues el Señor también enseñó estas cosas, cuando él prometía que él volvería a beber de la copa con sus discípulos en el reino. … El mismo Dios el Padre… cumple en la resurrección de los justos las promesas para el reino de su Hijo ” (Contra las Herejías 5.36.3).

“Porque dos advenimientos de él son predichos: Uno en la humillación, el cual él ha logrado; El otro en la gloria, que se espera sea consumado, cuándo él vendrá a darle el reino a aquellos que creen en él y que observan todas las cosas que él ha mandado…” (Ps. Clemente, Reconocimientos 1.69).

El reino futuro de Cristo en la nueva tierra

 

La tierra es la heredad de los hijos de Abraham - Romanos 4: 13, Mateo 5: 5, Salmo 37...

 

Según Romanos 4:13, la tierra será heredada por aquellos que son de la Simiente de Abraham. La profecía de la imagen de Daniel 2 explica que Cristo regresará como la Roca que desmenuzará todos los reinos de la imagen colosal que Nabucodonosor soñó, y entonces el reino de Dios se extenderá por todo el mundo (compárese con Sal.72:8).

Aquellos que siguen a Cristo en esta vida serán “reyes y sacerdotes con Cristo, y reinarán sobre la tierra” (Ap. 5:10). Estos tendrán diferentes grados de responsabilidad (Lc. 19:17). Cristo compartirá su reinado sobre la tierra con ellos (Ap. 2:27; 2 Ti.2:12). “Para justicia reinará un rey [Jesús], y príncipes [los creyentes] presidirán en juicio” (Is. 32:1; Sal. 45:16).

Cristo ha de reinar en el restablecido trono de David (Lc. 1:32,33), lo que quiere decir que tendrá una sede, leyes, súbditos y territorio. Como Cristo reine desde  la ciudad de Jerusalén, el mundo tendrá paz y justicia verdaderas. Es en esta área donde se construirá un templo (Ez.40:48). Aunque la gente alabará a Dios en diversos lugares en todo el mundo (Mal. 1:11), este templo será el punto céntrico donde el mundo irá a adorar. Las naciones “subirán de año en año para adorar al rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” alrededor del templo en Jerusalén (Zac. 14:16).

Este peregrinaje anual a Jerusalén está también profetizado en Isaias2:2,3 “En lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte [reino -Dn.2:35,44] de la casa de Jehová [el templo] como cabeza de los montes [es decir, el reino y el templo de Dios serán exaltados por sobre los reinos de los hombres]…y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos…Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová”. Esta parece ser una descripción de los primeros días del reino, cuando la gente transmite a otros el conocimiento del reinado de Cristo, y suben al “monte” del reino de Dios, el cual poco a poco se difundirá a todo el mundo. Aquí tenemos una descripción de verdadero entusiasmo en la adoración religiosa.

Una de las mayores tragedias humanas de nuestros días es que la gente ‘adora’ a Dios por razones políticas, sociales, culturales o sentimentales, más bien que sobre la base de un verdadero entendimiento de Él como su Padre y creador. En el reino habrá entusiasmo a nivel mundial por aprender los caminos de Dios; la gente estará tan motivada por este deseo que viajará, desde todas las regiones de la tierra, hacia Jerusalén a fin de adquirir más conocimiento acerca de Dios.

En vez de la confusión e injustica creada por los sistemas legales de los hombres y su administración de la justicia, habrá un único código legal universal – “la ley y la palabra de Jehová”, que será promulgado por Cristo desde Jerusalén. “Todas las naciones correrán” a estas sesiones de enseñanza, implicando que este deseo común de obtener el verdadero conocimiento de Dios hará disminuir la fricción natural que hay entre las naciones, así como ocurre entre personas que se dedican a adquirir semejante conocimiento en esta vida.

Esta descripción de todas las naciones corriendo a Jerusalén es similar al relato que se presenta en Isaías 60:5, donde los judíos llegan junto con los gentiles (los no judíos) a adorar a Dios en Jerusalén. Esto se conecta perfectamente con la profecía del reino en Zacarías 8:20-23:

“Aún vendrán pueblos, y habitantes de muchas ciudades; y vendrán los habitantes de una ciudad a otra, y dirán: Vamos a implorar el favor de Jehová [compárese con Zac. 14:16 -“de año en año”], y a buscar a Jehová de los ejércitos. Yo también iré. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén…diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a un judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros”.

Esto crea la situación en que el pueblo judío será puesto “por cabeza, y no por cola” de las naciones, debido a su arrepentimiento y obediencia (Dt. 28:13); en aquel tiempo todos reconocerán la base judía del plan divino de salvación. Y así la ignorancia de esto entre el cristianismo contemporáneo llegará a su término abruptamente. Entonces la gente estudiará estas cosas con entusiasmo, de manera que podrán decir a los judíos: “Hemos oído que Dios está con vosotros”. Entonces las conversaciones girarán en torno a cosas espirituales, más bien que las vanidades que llenan el pensamiento actual del mundo.

Debido a este mayor compromiso por la santidad, no es sorprendente que Cristo “juzgará entre las naciones… y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Is. 2:4). La autoridad absoluta de Cristo y la justicia plena de su arbitraje en las controversias permitirán que las naciones gustosamente transformen sus maquinarias militares en equipos agrícolas, y abandonen todo entrenamiento militar. “Florecerá en sus días justicia” (Sal. 72:7) -entonces la espiritualidad será exaltada, y se rendirán honores a aquellos que reflejen las características divinas de amor, misericordia, justicia, etc. Contraste esto con el relieve que se da a los soberbios, jactanciosos y ambiciosos.

La voluntaria transformación de “espadas en rejas de arado” será parte de un cambio agrícola mucho mayor que ha de venir sobre la tierra. Como resultado del pecado de Adán, la tierra fue maldecida por causa de él (Gn. 3:17-19), con el resultado de que ahora se necesita un considerable esfuerzo para que produzca alimento. En el reino “será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los[anteriormente estériles] montes; su fruto hará ruido como [las cosechas de] el Líbano “Sal. 72:16). “El que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto” (Am. 9:13); así será la mejorada fertilidad de la tierra, y la eliminación de la maldición que se decretó sobre la tierra en el Edén. Tan inmensa empresa agrícola hará participar a mucha gente. Las profecías acerca del reino dan la impresión de que la gente regresará a un estilo de vida agrícola autosuficiente:

“Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quienes los amedrente” (Miqueas 4:4).

La autosuficiencia terminará con los abusos que son inherentes a cualquier sistema de empleo de mano de obra por un salario. Pasar toda una vida trabajando para que otros se enriquezcan será entonces un asunto del pasado.

“Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma… mis escogidos disfrutaran de la obras de sus manos. No trabajarán en vano…” (Is. 65:21-23)

Isaías 35:1-7 contiene una profecía incomparable acerca de cómo será transformada la tierra estéril, produciendo un aura de gozo y felicidad que casi fluirá de la tierra, debido al modo de vida más fácil y más espiritual de aquellos que la trabajan: “Se alegrarán el desierto… el yermo se gozará y florecerá como la rosa… se alegrará y cantará con júbilo… porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque”. Hasta la natural agresividad entre los animales terminará. “El lobo y el cordero serán apacentados juntos”, y los niños podrán jugar con serpientes (Isaías 65:25; 11:6-8).

De la misma manera en que la maldición que se había decretado sobre la creación natural será reducida considerablemente, así también la que fue decretada sobre el género humano será disminuida. Por eso Apocalipsis 20:2,3 habla en lenguaje simbólico acerca de que el diablo (el pecado y sus efectos) será “atado”, o restringido, durante el milenio. La duración de la vida aumentará, de manera que si alguien muere a los 100 años de edad, será considerado como la edad de un niño (Is. 65:20). Las mujeres experimentarán menos dolor en el parto (Is.65:23).”Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo” (Is. 35:5,6). Esto será posible debido a que de nuevo se poseerán los milagrosos dones del espíritu (compárese con He. 6:5).

Nunca se podrá recalcar suficientemente que el reino de Dios no debería ser imaginado como un paraíso en una isla tropical, donde los justos disfrutarían de una manera similar a la que disfrutan los hombres cuando toman baños de sol entre las glorias de la naturaleza. El propósito fundamental del reino de Dios es dar gloria a Dios, hasta que la tierra esté llena de gloria para Él, “como las aguas cubren el mar” (Hab. 2:14). Este es el objetivo final de Dios: “Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria [llenará]…toda la tierra” (Nm.14:21). Dar gloria a Dios significa que los habitantes de la tierra apreciarán, alabarán y copiarán sus justos atributos; y debido a que el mundo estará en este estado, Dios permitirá que la tierra física también refleje esto. De modo que “los mansos heredarán la tierra [enel reino], y se recrearán con abundancia de paz [espíritual]” (Sal.37: 11), más bien que disfrutar de la vida fácil. Aquellos “que tienen hambre y sed de justicia… serán saciados” con ella en el reino (Mt.5:6).

A menudo se usa el deseo de poseer la vida eterna en el reino como una carnada para inducir a la gente a interesarse en el cristianismo. Sin embargo, el solo hecho de poseerla será en aquel tiempo casi secundario ante la verdadera razón por la cual estaremos en el reino -la cual es glorificar a Dios. Cuánto tiempo puede faltarnos para esto después de nuestro bautismo, es una apreciación que debería estar en continuo desarrollo. Para el escritor, solo diez años de vivir en el gozo de la perfección absoluta y de la buena conciencia para con Dios compensaría todo el trauma de esta vida. Que este estado glorioso durará para siempre, simplemente hace perder el aliento, llevándonos más allá de los límites de la comprensión humana.

Aun cuando se enfoque en términos levemente más físicos, el estar en el reino de Dios debería ser nuestra suprema motivación para desdeñarlas ventajas mundanas y el materialismo. En vez de preocuparnos excesivamente por el futuro inmediato, Jesús aconsejó: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:30-34). Todo lo que podamos ahora imaginar o procurar es incomparable con el cumplimiento final de estar en el reino de Dios.

Necesitamos buscar la “justicia [de Dios]“, es decir, tratar de desarrollar un amor por el carácter de Dios, lo que significa que queremos estar en el reino de Dios porque allí la justicia será glorificada, porque queremos ser completa y moralmente perfectos más bien que tan solo por querer en forma personal, escapar de la muerte y llevar una vida fácil por la eternidad.

Con demasiada frecuencia se presenta la esperanza en el evangelio en formas que apelan al egoísmo humano. Obviamente, nuestra motivación para estar en el reino varía tremendamente de día a día. Lo que estamos sugiriendo aquí es un ideal; nuestra máxima prioridad es aprender el evangelio y mostrar nuestro sometimiento a él en el bautismo por un motivo de amorosa obediencia a Dios. Nuestra apreciación de la esperanza que está ofreciendo Dios, y nuestras exactas razones para querer estar en el reino, crecerán y madurarán después de nuestro bautismo.

Meditaciones sobre el Reino de Dios

El Reino señala a una entidad que viene en el futuro cuando los justos serán reivindicados y los malos juzgados por un Jesús autoritario que regresa con poder, ganador de la batalla cósmica contra el mal, tan dolorosamente evidente por la presencia del pecado en nuestro mundo. Sin embargo, elementos de una inauguración presente aparecen en este uso. Así es que Pablo puede hablar, por un lado, de “heredar el Reino”, viendo su futura venida (1 Cor. 6:9-10; 15:50; Gál. 5:21), mientras también reparaba en que el reino no es cuestión de palabra, sino de poder (1 Cor 4:20). Ni consta de comer y beber, sino de rectitud, paz y alegría en el Espíritu Santo (Rom. 14:17). Es Dios que le invita a entrar a Su Reino y gloria” (1 Tes. 2:11). Sus obreros trabajan en el servicio del Reino de Dios (Col. 4:11). Los Hechos registran cómo Felipe y Pablo predican el Reino (Hechos 8:12; 28:23, 31). Por otra parte, Pablo puede hablar en los Hechos de “introducir el Reino” a través de muchas pruebas, una referencia futura (Hechos 14:22; Similar es en 2 Ped. 1:11). Aún los hebreos hablan de recibir un Reino inconmovible en un contexto donde ya hemos venido al Mt. Sion, la Jerusalén celestial (Heb. 12:22-28). Ya notamos arriba la cita en Col. 1:13 y 1 Cor. 15:24-28, donde el rescate lo introduce a uno en el Reino, y el gobierno de Jesús procede hasta su terminación. El Apo. 1:6 hace el mismo punto de reino “ya” cuando Cristo “nos ha hecho “ya” un Reino de sacerdotes para Su Dios y Padre” (Apo. 1:6). Somos parte, aun ahora, de un programa del Reino que un día será manifestado para todo el mundo para ser visto por todos los nacidos de nuevo. El Reino de Dios se trata finalmente del gobierno, poder, y presencia de Dios literalmente hablando en un mundo caído. El Reino refleja la victoria de Dios sobre el pecado en nombre de una humanidad necesitada (Efe. 3:7-10). Para refundir otro dicho de otro contexto, “Todo el mundo es Su plataforma, y somos meramente jugadores en ella.” Sólo en este caso, lo que Dios ha formado en la iglesia y lo que él hará en la expresión última del Reino muestra el poder transformante que viene a través de Cristo. Tenemos un papel significativo como testigos de Su camino y presencia. Esto me trae al significado de Reino con vínculos inamovibles con la iglesia, pues la esperanza y la esencia del Reino nos conducen a su llamada e implicaciones éticas.

El Reino es ambos distinto de e íntimamente asociado con la iglesia. El Reino es más que la iglesia, pero la iglesia es contenida dentro del programa del Reino. Hay una progresión en curso para el movimiento del programa unificado del Reino de Dios mientras se mueve a través de las dispensaciones o eras de su administración. El programa nos propulsan hacia la realización de la esperanza completa y traen ese futuro en el presente como un vislumbre de lo que ha de venir. Así que, ¿cómo encajamos como comunidad para ese asunto dialéctico entre el Reino presente y futuro?

Dios ha invertido en la iglesia. Su inversión es el Espíritu residente, mediado a través de Cristo y dado en el contexto del perdón y la promesa, una prima (anticipo) escatológica sobre el resto de la esperanza. La iglesia, entonces, es la beneficiaria del poder y presencia de Dios. Satanás y el pecado aparecen derrotados, como el lenguaje confiado de Romanos 8 lo declara. En la edad a venir, el Hijo del Hombre que vuelve dejará en claro toda esta autoridad al cosmos entero. Aquellos que confiesan a Jesús como su Salvador y Señor reconocen esta autoridad que Dios ha invertido en Su mediador. Si prepararse para el Reino comunal en el tiempo de San Juan Bautista quiso decir recurrir a Dios en el contexto de la reconciliación y siendo reconciliado con otros, entonces la llamada de la comunidad es evidenciar la presencia de tales relaciones transformadas ante un mundo necesitado. Esta exhortación fundamental aparece en un texto como Efe. 2:11-22

Así es que el Reino ha venido a través del Hijo de Dios invadiendo el mundo. Como Mesías que reconocemos que él es, él dominará la tierra finalmente. La “llegada” parcial del Reino ahora quiere decir la derrota parcial de Satanás, el perdón de Dios, y el otorgamiento del Espíritu. Y, no obstante, el Reino vendrá un día a través del Hijo del Hombre para reivindicar a los santos, y hacer de las promesas una realidad palpable. Entonces Satanás y el mal serán removidos. Mientras tanto decimos, “ven Señor Jesús. Pero danos la fuerza para ser luz para mostrar lo que el reino es. Tú has traído el futuro en el presente. Ilumínanos en nuestras vidas a través de tu poder presente en nuestras vidas.

¿ Realmente ha creído usted en el evangelio del la Biblia?

Por Sir Anthony F. Buzzard

La pregunta central en cualquier investigación de la salvación es la cuestión del Evangelio. El Evangelio es ofrecido en la Biblia como el vehículo único para ganar la inmortalidad. Nada, cuando Pablo discutió apasionadamente en Gálatas 1, debe ser restado del Mensaje que salva y nada debe ser añadido. La deformación del Evangelio significa una pérdida inevitable de la Verdad que salva, y es un desastre incomparable.

Extraordinariamente, los practicantes parecen confiados de que el Evangelio implica la creencia simplemente en la muerte y la resurrección de Jesús. Parece no habérseles ocurrido que Jesús predicó el Evangelio durante casi todo su ministerio sin hacer ninguna mención de su muerte y resurrección. Jesús, en otras palabras, puso la fundación del Evangelio con las Buenas Noticias sobre el Reino de Dios que viene. Este hecho puede ser investigado y verificado fácilmente. Simplemente tome una Biblia y empiece con Marcos 1:14-15 o Mateo 4:17, 23 o Lucas 4:43, donde es claramente declarado que Jesús impulsó el arrepentimiento y la creencia en el Reino de Dios como el primer asunto de su evangelio salvador.

Hay aproximadamente 26 capítulos de predicación sobre el Evangelio por Jesús, los doce y los setenta, en los cuales el único tema es el Reino de Dios y cómo puede se puede entrar en el futuro (no en la muerte), cuando Jesús vuelva para inaugurar el Reino prometido en la tierra renovada. Sólo más tarde fueron la muerte y la resurrección de Jesús incorporados en el Evangelio de Reino existente. Este Evangelio completado nos da, por ejemplo, la declaración  del credo temprano en Hechos 8:12, donde la creencia en el Reino de Dios es todavía el primer elemento y fundamental en el Evangelio.

Pero hoy las cosas son diferentes. Nadie habla “del Evangelio sobre el Reino” y el Jesús histórico parece así haber sido privado de su propio mensaje de salvación. Lo que cuenta hoy es casi exclusivamente una decisión a favor de la muerte de Jesús para los pecados. El cambio es parte de la confusión que comenzó a alcanzar a la fe en el segundo siglo. Entonces el Reino de Dios comenzó a perder terreno como el término para describir la propia predicación de Evangelio de Jesús.  El “Reino de Dios,” más bien que sea el objetivo de historia mundial — un verdadero gobierno (Dan. 2:44; 7:18, 22, 27; Micah 4:1-8; Zech.14:9) que será establecido en Jerusalén con el Mesías presente como el gobernante mundial — fue sustituido por “el cielo” como un lugar removido de la tierra y el destino “de las almas difuntas.” “El cielo” ha mantenido desde entonces un dominio firme en la lenguaje de los practicantes, aunque Jesús nunca hablara “del cielo” como el objetivo de la fe. En contraste él prometió a sus seguidores la herencia de la tierra (Mat. 5:5; Apo. 5).

Es notable que los Padres de la iglesia más temprana (independientemente del grado de la claridad que ellos perdieron en su definición de Dios y Su Hijo) lograron realmente mantener el Reino de Dios en la tierra como el objetivo de salvación, pero con Orígenes, quién importó una dosis pesada de filosofía y misticismo en la fe, “el cielo” en este momento de la muerte abrumó la esperanza “concreta” de una tierra renovada sobre la cual la Biblia tiene tanto para decir.

Más tarde, con Constantino, un desarrollo adicional hizo de la Biblia menos y menos comprensible. ¡Los seguidores de Constantino realmente compararon el Reino de Dios con el estado romano, aunque no hubiera ninguna prueba de la paz mundial en la presencia de un Mesías retornante! Una etapa final en el colapso del Reino de Dios como el término que describe el acontecimiento del futuro relacionado con la vuelta de Jesús ocurrió cuando la Iglesia Católica asignó el término favorito de Jesús para designar la Iglesia por todo el mundo. Los obispos fueron “entronizados” entonces para dar la impresión — muy falsa para el Nuevo Testamento — de que ellos reinaban ya con Cristo en la tierra.

Nos parece que la mayor parte de practicantes no estudiando y analizando activamente la Biblia. Esta tarea no es una cosa imposible. Uno puede comenzar con el término “el Reino de Dios” y trazarlo desde el Evangelio de Marcos. Se hará rápidamente claro que Jesús estuvo pensando en un nuevo orden mundial basado en Jerusalén para ser iniciado sólo cuando él vuelva en poder y gloria para suprimir la oposición a su gobierno legítimo en el trono restaurado de David, como todos los profetas de Israel habían previsto. Las muchedumbres sabían bien lo que fue implicado en la frase explosiva del Reino de Dios. Ellos lanzaron un grito con entusiasmo para el que ellos reconocieron como el Mesías: “bendito es el Reino venidero de nuestro padre David” (Señal 11:10).

Jesús habló de su ministerio y así de la fe cristiana como “la predicación del Reino de Dios” (Lucas 16:16). Él impulsó al joven que se convierta para “ir y proclamar el Reino de Dios en todas partes” (Lucas 9:60). Jesús era el gobernante Davídico destinado del Reino próximo (Lucas 1:32) Él abrió su ministerio con la llamada al arrepentimiento y al compromiso de la creencia en el Reino (Marcos 1:14-15). Él habló del Reino como la perla del gran precio, el campo que debe ser comprado a toda costa. Él describió a sus seguidores como “los discípulos del Reino” y los productos del Evangelio de Reino.

Jesús oró por el Reino, pensó con mucha ilusión en el reencuentro en el Reino con sus discípulos e inspiró a otros a esperar el Reino. Finalmente, Jesús esperó que Abraham e Isaac y Jacob fueran reunidos en el banquete en el Reino (Mat. 8). En vista de esta “obsesión magnífica” con el Reino, Jesús dio seminarios diarios, después de su resurrección, a su cuerpo de seguidores: el tema era invariablemente el Reino de Dios (Hechos 1:3). La carga de su enseñanza obviamente implicó la perspectiva de un Imperio Davídico restaurado en Jerusalén (Hechos 1:6). Él y sus seguidores esperaron gobernar el mundo (1 Cor. 6:2; Apo. 2:26; 3:21; 20:1-4; 5:10; Mat. 19:28).

La mente de Jesús estaba centrada en el reino. Era para la extensión mundial del evangelio del reino de Dios que él dirigió todos sus esfuerzos (Lucas 4:43), antes de encargarles a sus seguidores seguir con el mismo trabajo (Mat. 28:19-20). Con el regreso de una proclamación clara del Reino de Dios vendrá una unidad correspondiente entre los creyentes que ahora están divididos.

¿ Fue el evangelio de Cristo un trabajo de 3 días?

Por Anthony Buzzard

Jesús dio su advertencia más severa al público cuándo él declaró que “muchos dirán, en aquel día, ‘Señor, Señor, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre exorcizamos a demonios y en tu nombre hicimos muchas obras milagrosas?’” Jesús responderá a estas reclamaciones, diciendo: “nunca les reconocí” (Mat. 7:22, 23). Pablo a menudo es citado con estas palabras: “quienquiera invocare el nombre del Señor será salvo…Si usted admite con su boca que Jesús es el Señor y creer en su corazón que Dios lo levantó de los muertos, entonces usted será salvado” (Rom. 10:9, 13, Nueva Biblia de Jerusalén).

Pablo no contradijo ni aguó los dichos de Jesús. La llave para la reconciliación de estos pasajes es notar que llamar a Jesús Señor implica la obediencia a sus mandamientos, el primero de los cuales es creer el Evangelio sobre el Reino de Dios (Marcos 1:14-15).

En segundo lugar, Pablo no necesariamente dijo todo sobre la salvación en un pasaje. Un ejemplo clásico de torcer a Pablo es usar I Corintios 15:1-3 para mostrar que el Evangelio consiste sólo en la creencia en la muerte y resurrección de Jesús y no en su Reino. Pero Pablo dijo que él había predicado los hechos sobre la muerte de Jesús como “entre las cosas de la primera importancia” (1 Coirintios 15:3).

Esto no era el todo su Evangelio. ¡Si Pablo no hubiera predicado el mismo Evangelio sobre el Reino que Jesús siempre hizo, él se habría puesto bajo su propia maldición por predicar otro evangelio! (Gal. 1: 8-9).

Jesús había predicado el Evangelio y lo había llamado el Evangelio sobre el Reino de Dios durante años, sin  incluso haber mencionado en aquella etapa ni una palabra sobre su muerte y resurrección. Así, el Evangelio bíblico es más que hechos sobre la muerte y la resurrección de Jesús. Jesús no vino “para hacer un trabajo de tres días.” Él vino para predicar el Evangelio acerca del Reino durante aproximadamente tres años (Lucas 4:43). Esta predicación del Reino de Dios es en todas partes del Nuevo Testamento llamado la predicación “de la palabra” (ver a Lucas 5:1).

Los cristianos deberían sujetarse a aquella “palabra” de Jesús, el Evangelio del Reino, no excluyendo, por supuesto, la creencia de que él murió y resucitó otra vez-

Enfrentando la tentación

Ciertamente el cristiano enfrenta diversas luchas, siendo una de las más difíciles aquella que se libra contra las tentaciones. Me atrevo a asegurar que todo cristiano batalla contra ellas de forma cotidiana, y   que incluso, si no encuentra lucha alguna en su vida debiera preguntarse si está en la fe de Cristo.

Pero ¿Por qué nos enfrentamos a esta guerra con nuestra carne, de tal manera que nuestra voluntad no pocas veces llega a  verse doblegada?

La respuesta clama en las Escrituras: es porque nuestra carne se inclina hacia el pecado. En efecto, encontramos diversos pasajes que ilustran esta verdad:

“dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” Gn. 8:21

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jer. 17:9

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” Mr. 7:21-23

“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” Ro. 8:7-8.

Incluso, Santiago clarifica aún más el proceso de la tentación, al decir que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Stg. 1:14-15). Es decir, todo el material necesario para llevarnos a incurrir en pecado está en nuestro interior, faltando sólo un detonante que libere el potencial maligno de nuestro ser.

Es por esto que todo cristiano enfrenta diariamente una lucha contra su propia naturaleza, en tanto va siendo transformado por el poder del Espíritu Santo.

Pero… ¿Significa esto que estamos condenados a caer en pecado? De ninguna manera. Dice también la Biblia:

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” 1 Co. 10:13

“el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Fil. 1:6.

“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” Stg. 1:12.

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” Stg. 4:7.

Estos hermosos pasajes nos dan a entender que un cristiano no sólo puede, sino que también debe superar la tentación. Dicha prueba, como dice una de las citas, no será superior a lo que podemos soportar, por lo que siempre habrá un instante de decisión en el que podemos huir.

Es necesario tener claro, de todas formas, que esta lucha nunca debe hacerse en las propias fuerzas, ya que eso sería como ir al choque contra una locomotora a toda velocidad. Es preciso “esforzarse en la gracia” (2 Ti. 2:1) que es en Cristo Jesús, sabiendo lo que el maestro dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:5).

Por otra parte, es preciso saber que somos débiles y nuestra carne está presta a caer, por lo que nunca hay que explorar nuestros límites ni sentir que podemos resistir. Tomemos el ejemplo de Lot, cuya vida espiritual decayó no cuando vivía en Sodoma, sino cuando “fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma” (Gn. 13:12). El camino hacia la caída comienza con un paso en falso.

Ya lo dijo también Cristo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne esdébil” Mt. 26:41.

Así también es menester tener en cuenta que, como dijo el Apóstol Pablo, “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Ef. 6:12-13).

Velar y orar es entonces la clave, tomando las palabras del mismo Cristo. Y recordemos esto, que “no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fuetentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (He. 4:15).

Bendito sea el Señor nuestro Dios, que Él desarrolle la santidad en nosotros. Amén.

Dejo aquí un video ad-hoc, del Pastor Joshua Harris, sobre cómo enfrentar la tentación. Bendiciones.

Fuente: http://www.doctrina-biblica.blogspot.com/

El futuro Reino de Dios en la tierra

El Reino de Dios en la Tierra

” Y él envíe a Jesucristo, que les fue predicado a ustedes antes , que el cielo debe recibir HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS que Dios ha hablado por la  boca de sus santos profetas desde el principio del mundo “. Hechos3: 20 -21

“Después de esto volveré y reconstruirá el tabernáculo de David que ha caído ;  Voy a reconstruir sus ruinas, y la volveré a levantar , de modo que el resto de los hombres busque al Señor, incluso los gentiles que son llamados por mi nombre, dice el Señor que hace todas estas cosas. ” Hechos 15:16 -17

” Y en los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que nunca será destruido: y el reino no será dejado a otro pueblo, pero desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre. ” Daniel 2:44

Jesús, José y los Apóstoles

Jesús oró , ” Venga tu reino ” (Mateo 6:10) , y tome nota de José de Arimatea, “quien también esperaba el reino de Dios ” Lucas 23:51. En los Hechos de los Apóstoles se dice que muchas veces Pablo , “anunciaba el evangelio del Reino de Dios. ” (Hechos 8:12, 19:8, 20:25, 28:23) Si el Reino de Dios es importante para nuestra fe, entonces seguramente éste exige nuestra atención si queremos ser verdaderos discípulos. Jesús dijo: ” Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas”. Mateo 6:33

El Reino de Dios Original

En los tiempos del Antiguo Testamento, la nación de Israel fue el Reino de Dios en la tierra, y se consideró como tal cuando un rey piadoso estuvo en el trono de David y el pueblo fue obedientes a la ley de Dios . Este es el reino que los discípulos de Jesús se refirieron en el momento de la ascensión de Jesús,  cuando dijeron: ” Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” Hechos 1:6 . Así que es venida del Reino de Dios en la tierra es una restauración del reino original de Israel , referido de otro manera en la Escritura como « el trono de David” o “el Tabernáculo de David ” (Ver Hechos 15:16 -17; Amós 9:11 -12)

Qué tiene que ver el sufrimiento con eso ?

Reino de Dios es retratado como sujeto al sufrimiento en su núcleo actual. (Véase Mateo 11:12; 2 Tesalonicenses 1:5) Esto se debe a que los herederos del futuro Reino, conocido también como ” los santos del Altísimo»(Daniel 7:18, 22,27), No tienen ninguna autoridad presente. Se podría comparar a los discípulos de Jesús como « gobernantes en espera ” que sufren por sus creencias actuales , pero que van heredar el ” reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo ” Mateo 25:34, cuando Jesús venga. A continuación, serán ” … reyes y sacerdotes para nuestro Dios, y reinaremos sobre la tierra “. Apocalipsis 5:10

Próximamente en la tierra

El Reino de Dios con la ventaja añadida de la ”autoridad” será establecido cuando Jesús regrese , ” Porque debe él reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies ” 1 Corintios 15:25. Hablando del Rey Jesús, el profeta Jeremías dijo : ” He aquí que vienen días , dice Jehová , en que levantaré a David una rama de la justicia, un rey reinará y prosperará , y hará juicio y justicia en la tierra . En sus días será salvo Judá , e Israel habitará confiado , y ahora este es el nombre con el cual le llamarán: Jehová , justicia nuestra. ” Jeremías 23:5 -6

Los objetivos del Reino de Dios

El primer objetivo del Reino de Dios es restaurar la paz mundial. (Véase Isaías 2:4, 32:17 -18; Zacarías 9:10.)

Los objetivos siguientes implican la restauración de las necesidades espirituales y de culto de las personas ( Ver Isaías 2: 2 -3; Zacarías 14:16 -17; Hechos 15v16 -17) Y luego de una restauración física del mundo que está sufriendo actualmente en el área ambiental como nunca antes.

( Véase Isaías 35, 41:18 -20, 51:3; Ezequiel 36:34 -35; Amós 9:13 -14; Joel 3:18, Zacarías 14: -10) Jerusalén es representada como la capital política y lo más importante en el centro mundial del culto en el siglo venidero . “En ese momento Jerusalén se llamará el trono del Señor y todas las naciones serán reunidas a la misma. ” Jeremías 3:17

( Véase Isaías 2:3; 62:1 -2, 6-7; Zacarías 8:20 -22)