¿ Para que nació Jesus?

Estamos cerca de la navidad y muchos se reúnen para recordar el nacimiento de Jesús. Aunque para muchos esta pregunta le resulte obvia y sencilla, es mi interés que leyendo estas páginas encuentra algo más de lo que comúnmente oímos. Todos sabemos que Jesús vino para salvarnos de nuestros pecados. Antes de que El naciera, el Ángel le dio instrucciones a María de llamarlo “Jesús” por que este “salvará al pueblo de sus pecados” (Mateo 1: 21).[i] No es mi intención hablar sobre este punto ya que la mayoría, creyentes o no, ya lo saben.

Porque un niño nos es nacido,  hijo nos es dado,  y el principado sobre su hombro;  y se llamará su nombre Admirable,  Consejero,  Dios Fuerte,  Padre Eterno,  Príncipe de Paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite,  sobre el trono de David y sobre su reino,  disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.  El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. ISAIAS 9: 6 Y 7

Este versículo es una profecía de Jesús. Un niño nacerá y este recibiera varios nombres y títulos, entre ellos “Príncipe de paz”. El profeta predice que “lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán limites”. Este ha de “sentarse en el trono y reino de David”.  Y esto no sería obra de hombres sino que “el celo de Jehová hará esto”.

Cuando el ángel le anuncio a María sobre el nacimiento de Jesús, este dijo sobre él lo siguiente: “Será grande y será llamado Hijo del altísimo. Y el Señor Dios le dará el trono de David su padre” (Lucas 1: 32). También dijo “y reinará sobre la casa de Jacob para siempre,  y su reino no tendrá fin” (Lucas 1: 33)

Vuelvo a preguntar ¿para que nació Jesús?

Seguramente los pasajes de la escritura, ya lo han dado una idea sobre este interrogante. Pero dejemos que sea Jesús mismo el que responda:

Juan 18:37  Le dijo entonces Pilatos: ¿Luego,  eres tú rey?  Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey.  Yo para esto he nacido,  y para esto he venido al mundo,  para dar testimonio a la verdad.

Jesús nació para ser rey del mundo. El profeta Jeremias, siglos antes,  había anunciado la llegada de un descendiente de la casa del Rey David, el cual “ejecutaría juicio y justicia en la tierra” (jeremías 23: 5 – Jeremías 33: 15)

Aunque probablemente esto no es lo que generalmente escuchamos sobre el nacimiento de Jesús, esto es lo que dice la Biblia.

Según las escrituras viene un Rey “justo y salvador,  humilde” el cual “hablará paz a las naciones,  y su señorío será de mar a mar,  y desde el río (Éufrates) hasta los fines de la tierra.”(Zacarías 9: 10 y 11) –

Estas son las buenas nuevas (=evangelio) del reino por las cuales Jesús fue “enviado a este mundo” (ver Lucas 4: 43)

El mismo nos mando que pidiéramos “venga tu reino” para que “la voluntad de Dios sea hecha en la tierra como en el cielo”  (Lucas 11: 2)

Ahora usted se preguntara ¿Cuando vendrá este reino?

Jesús mismo nos responde:

Mat 25:31  Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria,  y todos los santos ángeles con él,  entonces se sentará en su trono de gloria.

Jesús vendrá por segunda vez (Hechos 1: 11, Apocalipsis 1: 7, 22: 7, 12 y 20)  y entonces:

Serán reunidas delante de él todas las naciones;  y apartarán los unos de los otros,  como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

Y pondrá las ovejas a su derecha,  y los cabritos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid,  benditos de mi Padre,  heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. (Mateo 25: 32 al 34)

Jesús, promete que usted también puede ser parte de su reino. Usted puede ser de las ovejas que están a su derecha, si decide arrepentirse de sus pecados y vivir para Dios.

El ha prometido lo siguiente:

Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin,  yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro,  y serán quebradas como vaso de alfarero;  como yo también la he recibido de mi Padre. (Apocalipsis 2: 26 y 27)

Jesús está preparando un reino con gente de toda la tierra y de todas las épocas:

Y cantaban un nuevo cántico,  diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos;  porque tú fuiste inmolado,  y con tu sangre nos has redimido para Dios,  de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes,  y reinaremos sobre la tierra. ( Apo 5: 9  y 10)

Si usted quiere ser parte de un futuro reino en la tierra, donde habrá justicia, donde no habrá muerte, ni llanto. Entonces le invitamos a buscar a Dios, y hacer lo que el nos dice para alcanzar la “salvación”.

Dios le bendiga y que esta navidad, recuerde que el Rey ya ha nacido y que pronto volverá para establecer su reino aquí en la tierra.

Zacarías 14:9  Y Jehová será rey sobre toda la tierra.

 Para estudiar estos y otros temas de la biblia visite www.elevangeliodelreino.wordpress.com o escriba a lucho_8922@hotmail.com


[i] Todas las escrituras han sido citadas de la versión Reina Valera 60. Le pedimos al lector, que se tome el tiempo de revisar los pasajes, en especial aquellos  que han sido mencionados pero no escritos en este articulo.

El reino futuro de Cristo en la nueva tierra

 

La tierra es la heredad de los hijos de Abraham - Romanos 4: 13, Mateo 5: 5, Salmo 37...

 

Según Romanos 4:13, la tierra será heredada por aquellos que son de la Simiente de Abraham. La profecía de la imagen de Daniel 2 explica que Cristo regresará como la Roca que desmenuzará todos los reinos de la imagen colosal que Nabucodonosor soñó, y entonces el reino de Dios se extenderá por todo el mundo (compárese con Sal.72:8).

Aquellos que siguen a Cristo en esta vida serán “reyes y sacerdotes con Cristo, y reinarán sobre la tierra” (Ap. 5:10). Estos tendrán diferentes grados de responsabilidad (Lc. 19:17). Cristo compartirá su reinado sobre la tierra con ellos (Ap. 2:27; 2 Ti.2:12). “Para justicia reinará un rey [Jesús], y príncipes [los creyentes] presidirán en juicio” (Is. 32:1; Sal. 45:16).

Cristo ha de reinar en el restablecido trono de David (Lc. 1:32,33), lo que quiere decir que tendrá una sede, leyes, súbditos y territorio. Como Cristo reine desde  la ciudad de Jerusalén, el mundo tendrá paz y justicia verdaderas. Es en esta área donde se construirá un templo (Ez.40:48). Aunque la gente alabará a Dios en diversos lugares en todo el mundo (Mal. 1:11), este templo será el punto céntrico donde el mundo irá a adorar. Las naciones “subirán de año en año para adorar al rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” alrededor del templo en Jerusalén (Zac. 14:16).

Este peregrinaje anual a Jerusalén está también profetizado en Isaias2:2,3 “En lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte [reino -Dn.2:35,44] de la casa de Jehová [el templo] como cabeza de los montes [es decir, el reino y el templo de Dios serán exaltados por sobre los reinos de los hombres]…y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos…Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová”. Esta parece ser una descripción de los primeros días del reino, cuando la gente transmite a otros el conocimiento del reinado de Cristo, y suben al “monte” del reino de Dios, el cual poco a poco se difundirá a todo el mundo. Aquí tenemos una descripción de verdadero entusiasmo en la adoración religiosa.

Una de las mayores tragedias humanas de nuestros días es que la gente ‘adora’ a Dios por razones políticas, sociales, culturales o sentimentales, más bien que sobre la base de un verdadero entendimiento de Él como su Padre y creador. En el reino habrá entusiasmo a nivel mundial por aprender los caminos de Dios; la gente estará tan motivada por este deseo que viajará, desde todas las regiones de la tierra, hacia Jerusalén a fin de adquirir más conocimiento acerca de Dios.

En vez de la confusión e injustica creada por los sistemas legales de los hombres y su administración de la justicia, habrá un único código legal universal – “la ley y la palabra de Jehová”, que será promulgado por Cristo desde Jerusalén. “Todas las naciones correrán” a estas sesiones de enseñanza, implicando que este deseo común de obtener el verdadero conocimiento de Dios hará disminuir la fricción natural que hay entre las naciones, así como ocurre entre personas que se dedican a adquirir semejante conocimiento en esta vida.

Esta descripción de todas las naciones corriendo a Jerusalén es similar al relato que se presenta en Isaías 60:5, donde los judíos llegan junto con los gentiles (los no judíos) a adorar a Dios en Jerusalén. Esto se conecta perfectamente con la profecía del reino en Zacarías 8:20-23:

“Aún vendrán pueblos, y habitantes de muchas ciudades; y vendrán los habitantes de una ciudad a otra, y dirán: Vamos a implorar el favor de Jehová [compárese con Zac. 14:16 -“de año en año”], y a buscar a Jehová de los ejércitos. Yo también iré. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén…diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a un judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros”.

Esto crea la situación en que el pueblo judío será puesto “por cabeza, y no por cola” de las naciones, debido a su arrepentimiento y obediencia (Dt. 28:13); en aquel tiempo todos reconocerán la base judía del plan divino de salvación. Y así la ignorancia de esto entre el cristianismo contemporáneo llegará a su término abruptamente. Entonces la gente estudiará estas cosas con entusiasmo, de manera que podrán decir a los judíos: “Hemos oído que Dios está con vosotros”. Entonces las conversaciones girarán en torno a cosas espirituales, más bien que las vanidades que llenan el pensamiento actual del mundo.

Debido a este mayor compromiso por la santidad, no es sorprendente que Cristo “juzgará entre las naciones… y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Is. 2:4). La autoridad absoluta de Cristo y la justicia plena de su arbitraje en las controversias permitirán que las naciones gustosamente transformen sus maquinarias militares en equipos agrícolas, y abandonen todo entrenamiento militar. “Florecerá en sus días justicia” (Sal. 72:7) -entonces la espiritualidad será exaltada, y se rendirán honores a aquellos que reflejen las características divinas de amor, misericordia, justicia, etc. Contraste esto con el relieve que se da a los soberbios, jactanciosos y ambiciosos.

La voluntaria transformación de “espadas en rejas de arado” será parte de un cambio agrícola mucho mayor que ha de venir sobre la tierra. Como resultado del pecado de Adán, la tierra fue maldecida por causa de él (Gn. 3:17-19), con el resultado de que ahora se necesita un considerable esfuerzo para que produzca alimento. En el reino “será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los[anteriormente estériles] montes; su fruto hará ruido como [las cosechas de] el Líbano “Sal. 72:16). “El que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto” (Am. 9:13); así será la mejorada fertilidad de la tierra, y la eliminación de la maldición que se decretó sobre la tierra en el Edén. Tan inmensa empresa agrícola hará participar a mucha gente. Las profecías acerca del reino dan la impresión de que la gente regresará a un estilo de vida agrícola autosuficiente:

“Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quienes los amedrente” (Miqueas 4:4).

La autosuficiencia terminará con los abusos que son inherentes a cualquier sistema de empleo de mano de obra por un salario. Pasar toda una vida trabajando para que otros se enriquezcan será entonces un asunto del pasado.

“Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma… mis escogidos disfrutaran de la obras de sus manos. No trabajarán en vano…” (Is. 65:21-23)

Isaías 35:1-7 contiene una profecía incomparable acerca de cómo será transformada la tierra estéril, produciendo un aura de gozo y felicidad que casi fluirá de la tierra, debido al modo de vida más fácil y más espiritual de aquellos que la trabajan: “Se alegrarán el desierto… el yermo se gozará y florecerá como la rosa… se alegrará y cantará con júbilo… porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque”. Hasta la natural agresividad entre los animales terminará. “El lobo y el cordero serán apacentados juntos”, y los niños podrán jugar con serpientes (Isaías 65:25; 11:6-8).

De la misma manera en que la maldición que se había decretado sobre la creación natural será reducida considerablemente, así también la que fue decretada sobre el género humano será disminuida. Por eso Apocalipsis 20:2,3 habla en lenguaje simbólico acerca de que el diablo (el pecado y sus efectos) será “atado”, o restringido, durante el milenio. La duración de la vida aumentará, de manera que si alguien muere a los 100 años de edad, será considerado como la edad de un niño (Is. 65:20). Las mujeres experimentarán menos dolor en el parto (Is.65:23).”Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo” (Is. 35:5,6). Esto será posible debido a que de nuevo se poseerán los milagrosos dones del espíritu (compárese con He. 6:5).

Nunca se podrá recalcar suficientemente que el reino de Dios no debería ser imaginado como un paraíso en una isla tropical, donde los justos disfrutarían de una manera similar a la que disfrutan los hombres cuando toman baños de sol entre las glorias de la naturaleza. El propósito fundamental del reino de Dios es dar gloria a Dios, hasta que la tierra esté llena de gloria para Él, “como las aguas cubren el mar” (Hab. 2:14). Este es el objetivo final de Dios: “Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria [llenará]…toda la tierra” (Nm.14:21). Dar gloria a Dios significa que los habitantes de la tierra apreciarán, alabarán y copiarán sus justos atributos; y debido a que el mundo estará en este estado, Dios permitirá que la tierra física también refleje esto. De modo que “los mansos heredarán la tierra [enel reino], y se recrearán con abundancia de paz [espíritual]” (Sal.37: 11), más bien que disfrutar de la vida fácil. Aquellos “que tienen hambre y sed de justicia… serán saciados” con ella en el reino (Mt.5:6).

A menudo se usa el deseo de poseer la vida eterna en el reino como una carnada para inducir a la gente a interesarse en el cristianismo. Sin embargo, el solo hecho de poseerla será en aquel tiempo casi secundario ante la verdadera razón por la cual estaremos en el reino -la cual es glorificar a Dios. Cuánto tiempo puede faltarnos para esto después de nuestro bautismo, es una apreciación que debería estar en continuo desarrollo. Para el escritor, solo diez años de vivir en el gozo de la perfección absoluta y de la buena conciencia para con Dios compensaría todo el trauma de esta vida. Que este estado glorioso durará para siempre, simplemente hace perder el aliento, llevándonos más allá de los límites de la comprensión humana.

Aun cuando se enfoque en términos levemente más físicos, el estar en el reino de Dios debería ser nuestra suprema motivación para desdeñarlas ventajas mundanas y el materialismo. En vez de preocuparnos excesivamente por el futuro inmediato, Jesús aconsejó: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:30-34). Todo lo que podamos ahora imaginar o procurar es incomparable con el cumplimiento final de estar en el reino de Dios.

Necesitamos buscar la “justicia [de Dios]“, es decir, tratar de desarrollar un amor por el carácter de Dios, lo que significa que queremos estar en el reino de Dios porque allí la justicia será glorificada, porque queremos ser completa y moralmente perfectos más bien que tan solo por querer en forma personal, escapar de la muerte y llevar una vida fácil por la eternidad.

Con demasiada frecuencia se presenta la esperanza en el evangelio en formas que apelan al egoísmo humano. Obviamente, nuestra motivación para estar en el reino varía tremendamente de día a día. Lo que estamos sugiriendo aquí es un ideal; nuestra máxima prioridad es aprender el evangelio y mostrar nuestro sometimiento a él en el bautismo por un motivo de amorosa obediencia a Dios. Nuestra apreciación de la esperanza que está ofreciendo Dios, y nuestras exactas razones para querer estar en el reino, crecerán y madurarán después de nuestro bautismo.

Meditaciones sobre el Reino de Dios

El Reino señala a una entidad que viene en el futuro cuando los justos serán reivindicados y los malos juzgados por un Jesús autoritario que regresa con poder, ganador de la batalla cósmica contra el mal, tan dolorosamente evidente por la presencia del pecado en nuestro mundo. Sin embargo, elementos de una inauguración presente aparecen en este uso. Así es que Pablo puede hablar, por un lado, de “heredar el Reino”, viendo su futura venida (1 Cor. 6:9-10; 15:50; Gál. 5:21), mientras también reparaba en que el reino no es cuestión de palabra, sino de poder (1 Cor 4:20). Ni consta de comer y beber, sino de rectitud, paz y alegría en el Espíritu Santo (Rom. 14:17). Es Dios que le invita a entrar a Su Reino y gloria” (1 Tes. 2:11). Sus obreros trabajan en el servicio del Reino de Dios (Col. 4:11). Los Hechos registran cómo Felipe y Pablo predican el Reino (Hechos 8:12; 28:23, 31). Por otra parte, Pablo puede hablar en los Hechos de “introducir el Reino” a través de muchas pruebas, una referencia futura (Hechos 14:22; Similar es en 2 Ped. 1:11). Aún los hebreos hablan de recibir un Reino inconmovible en un contexto donde ya hemos venido al Mt. Sion, la Jerusalén celestial (Heb. 12:22-28). Ya notamos arriba la cita en Col. 1:13 y 1 Cor. 15:24-28, donde el rescate lo introduce a uno en el Reino, y el gobierno de Jesús procede hasta su terminación. El Apo. 1:6 hace el mismo punto de reino “ya” cuando Cristo “nos ha hecho “ya” un Reino de sacerdotes para Su Dios y Padre” (Apo. 1:6). Somos parte, aun ahora, de un programa del Reino que un día será manifestado para todo el mundo para ser visto por todos los nacidos de nuevo. El Reino de Dios se trata finalmente del gobierno, poder, y presencia de Dios literalmente hablando en un mundo caído. El Reino refleja la victoria de Dios sobre el pecado en nombre de una humanidad necesitada (Efe. 3:7-10). Para refundir otro dicho de otro contexto, “Todo el mundo es Su plataforma, y somos meramente jugadores en ella.” Sólo en este caso, lo que Dios ha formado en la iglesia y lo que él hará en la expresión última del Reino muestra el poder transformante que viene a través de Cristo. Tenemos un papel significativo como testigos de Su camino y presencia. Esto me trae al significado de Reino con vínculos inamovibles con la iglesia, pues la esperanza y la esencia del Reino nos conducen a su llamada e implicaciones éticas.

El Reino es ambos distinto de e íntimamente asociado con la iglesia. El Reino es más que la iglesia, pero la iglesia es contenida dentro del programa del Reino. Hay una progresión en curso para el movimiento del programa unificado del Reino de Dios mientras se mueve a través de las dispensaciones o eras de su administración. El programa nos propulsan hacia la realización de la esperanza completa y traen ese futuro en el presente como un vislumbre de lo que ha de venir. Así que, ¿cómo encajamos como comunidad para ese asunto dialéctico entre el Reino presente y futuro?

Dios ha invertido en la iglesia. Su inversión es el Espíritu residente, mediado a través de Cristo y dado en el contexto del perdón y la promesa, una prima (anticipo) escatológica sobre el resto de la esperanza. La iglesia, entonces, es la beneficiaria del poder y presencia de Dios. Satanás y el pecado aparecen derrotados, como el lenguaje confiado de Romanos 8 lo declara. En la edad a venir, el Hijo del Hombre que vuelve dejará en claro toda esta autoridad al cosmos entero. Aquellos que confiesan a Jesús como su Salvador y Señor reconocen esta autoridad que Dios ha invertido en Su mediador. Si prepararse para el Reino comunal en el tiempo de San Juan Bautista quiso decir recurrir a Dios en el contexto de la reconciliación y siendo reconciliado con otros, entonces la llamada de la comunidad es evidenciar la presencia de tales relaciones transformadas ante un mundo necesitado. Esta exhortación fundamental aparece en un texto como Efe. 2:11-22

Así es que el Reino ha venido a través del Hijo de Dios invadiendo el mundo. Como Mesías que reconocemos que él es, él dominará la tierra finalmente. La “llegada” parcial del Reino ahora quiere decir la derrota parcial de Satanás, el perdón de Dios, y el otorgamiento del Espíritu. Y, no obstante, el Reino vendrá un día a través del Hijo del Hombre para reivindicar a los santos, y hacer de las promesas una realidad palpable. Entonces Satanás y el mal serán removidos. Mientras tanto decimos, “ven Señor Jesús. Pero danos la fuerza para ser luz para mostrar lo que el reino es. Tú has traído el futuro en el presente. Ilumínanos en nuestras vidas a través de tu poder presente en nuestras vidas.

¿ Realmente ha creído usted en el evangelio del la Biblia?

Por Sir Anthony F. Buzzard

La pregunta central en cualquier investigación de la salvación es la cuestión del Evangelio. El Evangelio es ofrecido en la Biblia como el vehículo único para ganar la inmortalidad. Nada, cuando Pablo discutió apasionadamente en Gálatas 1, debe ser restado del Mensaje que salva y nada debe ser añadido. La deformación del Evangelio significa una pérdida inevitable de la Verdad que salva, y es un desastre incomparable.

Extraordinariamente, los practicantes parecen confiados de que el Evangelio implica la creencia simplemente en la muerte y la resurrección de Jesús. Parece no habérseles ocurrido que Jesús predicó el Evangelio durante casi todo su ministerio sin hacer ninguna mención de su muerte y resurrección. Jesús, en otras palabras, puso la fundación del Evangelio con las Buenas Noticias sobre el Reino de Dios que viene. Este hecho puede ser investigado y verificado fácilmente. Simplemente tome una Biblia y empiece con Marcos 1:14-15 o Mateo 4:17, 23 o Lucas 4:43, donde es claramente declarado que Jesús impulsó el arrepentimiento y la creencia en el Reino de Dios como el primer asunto de su evangelio salvador.

Hay aproximadamente 26 capítulos de predicación sobre el Evangelio por Jesús, los doce y los setenta, en los cuales el único tema es el Reino de Dios y cómo puede se puede entrar en el futuro (no en la muerte), cuando Jesús vuelva para inaugurar el Reino prometido en la tierra renovada. Sólo más tarde fueron la muerte y la resurrección de Jesús incorporados en el Evangelio de Reino existente. Este Evangelio completado nos da, por ejemplo, la declaración  del credo temprano en Hechos 8:12, donde la creencia en el Reino de Dios es todavía el primer elemento y fundamental en el Evangelio.

Pero hoy las cosas son diferentes. Nadie habla “del Evangelio sobre el Reino” y el Jesús histórico parece así haber sido privado de su propio mensaje de salvación. Lo que cuenta hoy es casi exclusivamente una decisión a favor de la muerte de Jesús para los pecados. El cambio es parte de la confusión que comenzó a alcanzar a la fe en el segundo siglo. Entonces el Reino de Dios comenzó a perder terreno como el término para describir la propia predicación de Evangelio de Jesús.  El “Reino de Dios,” más bien que sea el objetivo de historia mundial — un verdadero gobierno (Dan. 2:44; 7:18, 22, 27; Micah 4:1-8; Zech.14:9) que será establecido en Jerusalén con el Mesías presente como el gobernante mundial — fue sustituido por “el cielo” como un lugar removido de la tierra y el destino “de las almas difuntas.” “El cielo” ha mantenido desde entonces un dominio firme en la lenguaje de los practicantes, aunque Jesús nunca hablara “del cielo” como el objetivo de la fe. En contraste él prometió a sus seguidores la herencia de la tierra (Mat. 5:5; Apo. 5).

Es notable que los Padres de la iglesia más temprana (independientemente del grado de la claridad que ellos perdieron en su definición de Dios y Su Hijo) lograron realmente mantener el Reino de Dios en la tierra como el objetivo de salvación, pero con Orígenes, quién importó una dosis pesada de filosofía y misticismo en la fe, “el cielo” en este momento de la muerte abrumó la esperanza “concreta” de una tierra renovada sobre la cual la Biblia tiene tanto para decir.

Más tarde, con Constantino, un desarrollo adicional hizo de la Biblia menos y menos comprensible. ¡Los seguidores de Constantino realmente compararon el Reino de Dios con el estado romano, aunque no hubiera ninguna prueba de la paz mundial en la presencia de un Mesías retornante! Una etapa final en el colapso del Reino de Dios como el término que describe el acontecimiento del futuro relacionado con la vuelta de Jesús ocurrió cuando la Iglesia Católica asignó el término favorito de Jesús para designar la Iglesia por todo el mundo. Los obispos fueron “entronizados” entonces para dar la impresión — muy falsa para el Nuevo Testamento — de que ellos reinaban ya con Cristo en la tierra.

Nos parece que la mayor parte de practicantes no estudiando y analizando activamente la Biblia. Esta tarea no es una cosa imposible. Uno puede comenzar con el término “el Reino de Dios” y trazarlo desde el Evangelio de Marcos. Se hará rápidamente claro que Jesús estuvo pensando en un nuevo orden mundial basado en Jerusalén para ser iniciado sólo cuando él vuelva en poder y gloria para suprimir la oposición a su gobierno legítimo en el trono restaurado de David, como todos los profetas de Israel habían previsto. Las muchedumbres sabían bien lo que fue implicado en la frase explosiva del Reino de Dios. Ellos lanzaron un grito con entusiasmo para el que ellos reconocieron como el Mesías: “bendito es el Reino venidero de nuestro padre David” (Señal 11:10).

Jesús habló de su ministerio y así de la fe cristiana como “la predicación del Reino de Dios” (Lucas 16:16). Él impulsó al joven que se convierta para “ir y proclamar el Reino de Dios en todas partes” (Lucas 9:60). Jesús era el gobernante Davídico destinado del Reino próximo (Lucas 1:32) Él abrió su ministerio con la llamada al arrepentimiento y al compromiso de la creencia en el Reino (Marcos 1:14-15). Él habló del Reino como la perla del gran precio, el campo que debe ser comprado a toda costa. Él describió a sus seguidores como “los discípulos del Reino” y los productos del Evangelio de Reino.

Jesús oró por el Reino, pensó con mucha ilusión en el reencuentro en el Reino con sus discípulos e inspiró a otros a esperar el Reino. Finalmente, Jesús esperó que Abraham e Isaac y Jacob fueran reunidos en el banquete en el Reino (Mat. 8). En vista de esta “obsesión magnífica” con el Reino, Jesús dio seminarios diarios, después de su resurrección, a su cuerpo de seguidores: el tema era invariablemente el Reino de Dios (Hechos 1:3). La carga de su enseñanza obviamente implicó la perspectiva de un Imperio Davídico restaurado en Jerusalén (Hechos 1:6). Él y sus seguidores esperaron gobernar el mundo (1 Cor. 6:2; Apo. 2:26; 3:21; 20:1-4; 5:10; Mat. 19:28).

La mente de Jesús estaba centrada en el reino. Era para la extensión mundial del evangelio del reino de Dios que él dirigió todos sus esfuerzos (Lucas 4:43), antes de encargarles a sus seguidores seguir con el mismo trabajo (Mat. 28:19-20). Con el regreso de una proclamación clara del Reino de Dios vendrá una unidad correspondiente entre los creyentes que ahora están divididos.

¿ Fue el evangelio de Cristo un trabajo de 3 días?

Por Anthony Buzzard

Jesús dio su advertencia más severa al público cuándo él declaró que “muchos dirán, en aquel día, ‘Señor, Señor, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre exorcizamos a demonios y en tu nombre hicimos muchas obras milagrosas?’” Jesús responderá a estas reclamaciones, diciendo: “nunca les reconocí” (Mat. 7:22, 23). Pablo a menudo es citado con estas palabras: “quienquiera invocare el nombre del Señor será salvo…Si usted admite con su boca que Jesús es el Señor y creer en su corazón que Dios lo levantó de los muertos, entonces usted será salvado” (Rom. 10:9, 13, Nueva Biblia de Jerusalén).

Pablo no contradijo ni aguó los dichos de Jesús. La llave para la reconciliación de estos pasajes es notar que llamar a Jesús Señor implica la obediencia a sus mandamientos, el primero de los cuales es creer el Evangelio sobre el Reino de Dios (Marcos 1:14-15).

En segundo lugar, Pablo no necesariamente dijo todo sobre la salvación en un pasaje. Un ejemplo clásico de torcer a Pablo es usar I Corintios 15:1-3 para mostrar que el Evangelio consiste sólo en la creencia en la muerte y resurrección de Jesús y no en su Reino. Pero Pablo dijo que él había predicado los hechos sobre la muerte de Jesús como “entre las cosas de la primera importancia” (1 Coirintios 15:3).

Esto no era el todo su Evangelio. ¡Si Pablo no hubiera predicado el mismo Evangelio sobre el Reino que Jesús siempre hizo, él se habría puesto bajo su propia maldición por predicar otro evangelio! (Gal. 1: 8-9).

Jesús había predicado el Evangelio y lo había llamado el Evangelio sobre el Reino de Dios durante años, sin  incluso haber mencionado en aquella etapa ni una palabra sobre su muerte y resurrección. Así, el Evangelio bíblico es más que hechos sobre la muerte y la resurrección de Jesús. Jesús no vino “para hacer un trabajo de tres días.” Él vino para predicar el Evangelio acerca del Reino durante aproximadamente tres años (Lucas 4:43). Esta predicación del Reino de Dios es en todas partes del Nuevo Testamento llamado la predicación “de la palabra” (ver a Lucas 5:1).

Los cristianos deberían sujetarse a aquella “palabra” de Jesús, el Evangelio del Reino, no excluyendo, por supuesto, la creencia de que él murió y resucitó otra vez-

El futuro Reino de Dios en la tierra

El Reino de Dios en la Tierra

” Y él envíe a Jesucristo, que les fue predicado a ustedes antes , que el cielo debe recibir HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS que Dios ha hablado por la  boca de sus santos profetas desde el principio del mundo “. Hechos3: 20 -21

“Después de esto volveré y reconstruirá el tabernáculo de David que ha caído ;  Voy a reconstruir sus ruinas, y la volveré a levantar , de modo que el resto de los hombres busque al Señor, incluso los gentiles que son llamados por mi nombre, dice el Señor que hace todas estas cosas. ” Hechos 15:16 -17

” Y en los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que nunca será destruido: y el reino no será dejado a otro pueblo, pero desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre. ” Daniel 2:44

Jesús, José y los Apóstoles

Jesús oró , ” Venga tu reino ” (Mateo 6:10) , y tome nota de José de Arimatea, “quien también esperaba el reino de Dios ” Lucas 23:51. En los Hechos de los Apóstoles se dice que muchas veces Pablo , “anunciaba el evangelio del Reino de Dios. ” (Hechos 8:12, 19:8, 20:25, 28:23) Si el Reino de Dios es importante para nuestra fe, entonces seguramente éste exige nuestra atención si queremos ser verdaderos discípulos. Jesús dijo: ” Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas”. Mateo 6:33

El Reino de Dios Original

En los tiempos del Antiguo Testamento, la nación de Israel fue el Reino de Dios en la tierra, y se consideró como tal cuando un rey piadoso estuvo en el trono de David y el pueblo fue obedientes a la ley de Dios . Este es el reino que los discípulos de Jesús se refirieron en el momento de la ascensión de Jesús,  cuando dijeron: ” Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” Hechos 1:6 . Así que es venida del Reino de Dios en la tierra es una restauración del reino original de Israel , referido de otro manera en la Escritura como « el trono de David” o “el Tabernáculo de David ” (Ver Hechos 15:16 -17; Amós 9:11 -12)

Qué tiene que ver el sufrimiento con eso ?

Reino de Dios es retratado como sujeto al sufrimiento en su núcleo actual. (Véase Mateo 11:12; 2 Tesalonicenses 1:5) Esto se debe a que los herederos del futuro Reino, conocido también como ” los santos del Altísimo»(Daniel 7:18, 22,27), No tienen ninguna autoridad presente. Se podría comparar a los discípulos de Jesús como « gobernantes en espera ” que sufren por sus creencias actuales , pero que van heredar el ” reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo ” Mateo 25:34, cuando Jesús venga. A continuación, serán ” … reyes y sacerdotes para nuestro Dios, y reinaremos sobre la tierra “. Apocalipsis 5:10

Próximamente en la tierra

El Reino de Dios con la ventaja añadida de la ”autoridad” será establecido cuando Jesús regrese , ” Porque debe él reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies ” 1 Corintios 15:25. Hablando del Rey Jesús, el profeta Jeremías dijo : ” He aquí que vienen días , dice Jehová , en que levantaré a David una rama de la justicia, un rey reinará y prosperará , y hará juicio y justicia en la tierra . En sus días será salvo Judá , e Israel habitará confiado , y ahora este es el nombre con el cual le llamarán: Jehová , justicia nuestra. ” Jeremías 23:5 -6

Los objetivos del Reino de Dios

El primer objetivo del Reino de Dios es restaurar la paz mundial. (Véase Isaías 2:4, 32:17 -18; Zacarías 9:10.)

Los objetivos siguientes implican la restauración de las necesidades espirituales y de culto de las personas ( Ver Isaías 2: 2 -3; Zacarías 14:16 -17; Hechos 15v16 -17) Y luego de una restauración física del mundo que está sufriendo actualmente en el área ambiental como nunca antes.

( Véase Isaías 35, 41:18 -20, 51:3; Ezequiel 36:34 -35; Amós 9:13 -14; Joel 3:18, Zacarías 14: -10) Jerusalén es representada como la capital política y lo más importante en el centro mundial del culto en el siglo venidero . “En ese momento Jerusalén se llamará el trono del Señor y todas las naciones serán reunidas a la misma. ” Jeremías 3:17

( Véase Isaías 2:3; 62:1 -2, 6-7; Zacarías 8:20 -22)

El Reino milenial que se avecina… Usted puede ser parte de el, SI CREE Y LO BUSCA

El Concepto Del Reino De Dios

En las Escrituras, la expresión «reino de Dios» en general se refiere a la esfera del gobierno de Dios en el universo. Puesto que Dios ha sido siempre soberano y omnipotente, hay un sentido en que el reino de Dios es eterno. Nabucodonosor, rey de Babilonia que fuera humillado por Dios, dio testimonio de esto cuando dijo: «Bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?» (Dn. 4:34-35).

Sin embargo, el gobierno universal de Dios fue desafiado en la eternidad pasada por Satanás y los seres angélicos que se unieron a él en su rebelión contra Dios. Aunque Dios demostró su soberanía juzgando a los rebeldes, la entrada del pecado en el mundo introdujo el programa divino para demostrar la soberanía de Dios en la historia humana. Esto comprende el concepto de un reino teocrático, esto es, un reino en que Dios es el gobernador supremo, aun cuando obra por medio de sus criaturas. Cuando Adán fue creado, se le dio dominio sobre toda la tierra (Gn. 1:26, 28). Sin embargo, en desobediencia a Dios, Adán y Eva comieron del fruto prohibido. En su caída en pecado Adán perdió el derecho de gobierno, y de allí en adelante la soberanía de Dios que había sido entregada al hombre fue delegada en ciertas personas escogidas a quienes Dios entregó el gobierno. Consecuentemente, se ha permitido que algunos hombres reinen a través de la historia. Por ejemplo, Daniel le recordó esto a Belsasar al referirse al hecho de que Dios había castigado a Nabucodonosor «hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place» (Dn. 5:21).

En el Antiguo Testamento, una demostración importante del gobierno teocrático fue el reino de Israel bajo los reyes Saúl, David y Salomón. Los gobernadores gentiles también pudieron tener una esfera de gobierno político, en el propósito soberano de Dios. Este concepto general de gobierno bajo permisión y dirección divina es mencionado en Romanos 13:1, donde Pablo escribe: «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.»

En adición a la soberanía de Dios manifestada en los gobiernos políticos y en sus gobernadores, las Escrituras dan testimonio del gobierno espiritual, en el que Dios gobierna los corazones de los hombres. Esto ha sido así desde el comienzo de la raza humana, y el reino espiritual incluye a todos los que se sujetan voluntariamente a Dios, sean hombres o ángeles. Pablo se refería a este concepto espiritual de reino en Romanos 14:17 al decir: «Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.»

En el Evangelio de Mateo se hace una distinción entre el uso de las expresiones «reino de Dios» y «reino de los cielos». Muchos intérpretes consideran estas expresiones como sinónimas, puesto que Mateo frecuentemente usa la expresión «reino de los cielos» en versículos similares a los que en otros evangelios se usa «reino de Dios».

No obstante, hay una distinción más importante que radica en el contraste entre el reino en la era actual y el reino en el milenio. El reino en la era actual es un misterio, esto es, sus características principales son revelaciones que no fueron dadas en el Antiguo Testamento (cf. Mt. 13); pero el reino en su forma milenial será cumplido después de la segunda venida de Cristo y no es un misterio.

Existen tres interpretaciones importantes en relación al concepto de reino milenial. El punto de vista premilenial interpreta las Escrituras diciendo que la segunda venida de Cristo será primero, y luego vendrá un reinado de Cristo de mil años sobre la tierra antes de que el estado eterno de un nuevo cielo y una nueva tierra sea establecido. Se llama premilenial, porque pone la venida de Cristo antes del reino milenial.

El segundo punto de vista es el amilenialismo, que niega que haya un reino milenial literal sobre la tierra. Generalmente hablando, este punto de vista sostiene que Cristo vendrá en su segunda venida e inmediatamente dará paso a los nuevos cielos y a la nueva tierra sin que haya un reinado de mil años. Este punto de vista interpreta muchos- pasajes del Antiguo y el Nuevo Testamentos que se refieren al reino milenial como predicciones que se están cumpliendo en forma no literal, ya sea en la experiencia actual de la iglesia sobre la tierra o la experiencia de la iglesia en el cielo.

Un tercer punto de vista es el postmilenialismo. Esta interpretación cree que en la edad actual se verá el triunfo del evangelio en el mundo y así se introducirá una edad de oro cuando hasta cierto punto se cumplirán la justicia y la paz profetizadas para el reino milenial. Es llamado postmilenialismo porque considera que la segunda venida de Cristo será el clímax de la edad de oro, y pondrá fin al milenio. El postmilenialismo conservador representa un reinado supremo de Cristo sobre los corazones de los hombres por un período literal de mil años. El postmilenialismo más liberal es similar a los puntos de vista de la evolución y considera un avance gradual en el progreso del mundo que culmina en una edad dorada. Debido a todas las tendencias de la historia del siglo xx, ha habido poca base para creer que la causa de Dios será prosperada en el mundo por medios humanos, y la mayoría de los intérpretes de la actualidad son amilenialistas o premilenialistas.

Aunque se han presentado muchos argumentos en pro y en contra del concepto de un milenio literal, la solución está determinada por el punto hasta el cual las profecías de las Escrituras se interpretan literalmente. En esta discusión se supondrá que la profecía debe ser interpretada literalmente en el mismo sentido que cualquier otro tema de la revelación divina. Consecuentemente, muchas predicciones del Antiguo Testamento, así como el capítulo clásico de Apocalipsis 20 en el Nuevo Testamento, se interpretan literalmente como que quieren decir lo que dicen: que habrá un reinado literal de Cristo sobre la tierra después de su segunda venida y antes que sean creados los nuevos cielos y la nueva tierra. El libro de Walvoord The Millennial Kingdom (El reino milenial) presenta argumentos detallados acerca de los diversos puntos de vista sobre el milenio, y es una discusión detallada de esta cuestión.

B. El Reino Milenial, Un Reinado De Dios Sobre La Tierra

En contraste con el punto de vista amilenial, que considera el reino de Dios primariamente como un reinado espiritual en los corazones de los hombres, muchos pasajes apoyan la conclusión de que el reino es un reino literal sobre la tierra, en el cual Cristo será realmente el gobernador político supremo y el líder espiritual y objeto de culto. Este concepto se presenta en forma amplia en el Antiguo Testamento y en el Nuevo.

En el Salmo 2, donde se anuncia la rebelión de la nación contra Dios, se le da la siguiente orden al Hijo de Dios: «Pideme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra» (y. . Este no es un gobierno espiritual, sino Un gobierno político real, como se ve en el versículo siguiente: «Los quebrantarás con vara de hierro, como vasija de alfarero los desmenuzarás» (y. 9). Evidentemente esto no puede referirse a la iglesia o a un reinado espiritual en el cielo, sino más bien representa a un monarca absoluto que abatirá a los inicuos y los pondrá bajo sujeción.

Otro pasaje importante que enfatiza el carácter terrenal del reino es Isaías 11, donde Jesús, como descendiente de David, es presentado como que trae un justo juicio sobre la tierra y castiga a los impíos. Isaías 11:4 afirma: «Juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la espada de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío.» En este pasaje se menciona frecuentemente la tierra (como en Is. 11:9), y se describen los tratos de Dios con las naciones a fin de recoger a Israel de entre todas las naciones.

Una cantidad casi innumerable de otros versículos afirman o implican que el reino será sobre la tierra (cf. Is. 42:4; Jer. 23:3-6; Dn. 2:35-45; Zac. 14:1-9). La descripción en estos pasajes del reinado de Cristo sobre la tierra en el reino milenial evidentemente no describe la edad presente ni describe el cielo. Cualquier cumplimiento razonable requeriría de un reinado literal sobre la tierra a continuación de la segunda venida de Cristo.

C. Cristo Como Rey De Reyes En El Milenio

Muchos pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamentos combinan su testimonio de que Cristo será gobernador supremo sobre la tierra. Cristo, como hijo de David, se sentará sobre el trono de David (2 S. 7:16; Sal. 89:20-37; Is. 11; Jer. 33: 19-21). Cuando Cristo nació, vino como rey, según fuera anunciado por el ángel Gabriel a María (Lc. 1:32-33). Como Rey fue rechazado (Mr. 15:12, 13; Lc. 19:14). Cuando fue crucificado murió como Rey de los judíos (Mt. 27:37). En su segunda venida es descrito como «REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES» (Ap. 19:16). Literalmente centenares de versículos en el Antiguo Testamento declaran o implican, por lo menos, que Cristo reinará sobre la tierra. Algunos de los textos más importantes son especialmente claros (Is. 2:1-4; 9:6-7; 11:1-10; 16:5; 24:23; 32:1; 40:1-11; 42:1-4; 52:7-15; 55:4; Dn. 2:44; 7:27; Mi. 4:1-8; 5:2-5; Zac. 9:9; 14:16-17).

Una de las características del reino milenial es que David será resucitado y reinará como príncipe bajo el mando de Cristo (Jer. 30:9; 33:15-17; Ez. 34:23-24; 37:24-25; Os. 3:5). Ciertamente esta situación no se ve en la iglesia presente y exige que ocurran la venida de Cristo y la resurrección de los santos del Antiguo Testamento antes que pueda cumplir-se la profecía.

D. Características Principales Del Gobierno Del Milenio

Como lo dejan ver los pasajes que hablan acerca del reino futuro, hay por lo menos tres aspectos importantes en el gobierno de Cristo durante su reinado milenial.

1. Muchos pasajes testifican que el gobierno de Cristo será sobre toda la tierra, más allá de los límites de cualquier otro reino terrenal anterior y del reino de David mismo. Al establecer el gobierno mundial, Dios cumplió su propósito de que el hombre debía gobernar sobre la tierra. Aunque Adán fue descalificado, Cristo, como el segundo Adán, puede cumplir esta meta como se menciona en Salmo 2:6-9. Según Daniel 7:14, al Hijo del Hombre «le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará y su reino uno que no será destruido». El mismo pensamiento se menciona en Daniel 2:44; 4:34; 7:27. La universalidad del gobierno de Cristo sobre la tierra también se menciona en Salmo 72:8; Miqueas 4:1-2; Zacarías 9:10.

2. El gobierno de Cristo será de autoridad y poder absolutos. Cristo regirá «con vara de hierro» (Sal. 2:9; Ap. 19:15).

Todos los que se oponen serán castigados con la destrucción (Sal. 2:9; 72:9-11; Is. 11:4). Un gobierno tan absoluto no es la característica del gobierno de Cristo sobre su iglesia o sobre el mundo en la actual dispensación y sólo podría cumplirse si Cristo tiene un reinado literal sobre la tierra después de su segunda venida.

3. El gobierno de Cristo en el milenio será de justicia y paz. Esto se desprende de pasajes clásicos como Isaías 11 y Salmo 72.

Estas características poco usuales del reino sólo son posibles gracias a los juicios introductorios de Israel y los gentiles (discutidos en el capítulo anterior) y por el hecho de que Satanás está encadenado y ha sido dejado fuera de acción. La única fuente de mal en el mundo será la naturaleza pecaminosa de los hombres que están todavía en su carne humana. La separación del trigo de la cizaña (Mt. 13: 24-30) y la separación de los peces buenos de los malos (Mt. 13: 47-50) son preparativos necesarios para el reinado de Cristo. El milenio comenzará con todos los adultos convertidos como verdaderos creyentes en Cristo. Los hijos que nazcan durante el milenio serán sujetos al reinado justo de Cristo y serán castigados hasta el punto de la muerte física si se rebelan contra su Rey (Is. 65:17-20; Zac. 14:16-19). El pecado abierto será castigado y nadie podrá rebelarse contra el Rey en el reino milenial.

E. El Lugar Especial De Israel En El Reino Milenial

Durante el período del reino milenial Israel gozará de un lugar de privilegio y de bendición especial. En contraste con la edad actual de la iglesia, en que judíos y gentiles están en un mismo plano y tienen los mismos privilegios, el pueblo de Israel en el milenio heredará la tierra prometida y será objeto del favor especial de Dios. Será el tiempo de la reunión de Israel, su restablecimiento como nación y la renovación del reino davídico. Al fin Israel poseerá la tierra permanentemente y en forma completa.

Muchos pasajes tratan de este asunto. En el milenio los israelitas serán reunidos y restaurados a su antigua tierra (Jer. 30:3; 31:8-9; Ez. 39:25-29; Am. 9:11-15). Habiendo sido conducidos de regreso a su tierra, Israel estará formado por los súbditos del reino davídico revivido (Is. 9:6-7; 33:17, 22; 44:6; Jer. 23:5; Dn. 4:3; 7:14, 22, 27; Mi. 4:2-3, 7). Los reinos divididos de Israel y Judá volverán a unirse nuevamente (Jer. 3:18; 33:14; Ez. 20:40; 37:15-22; 39:25; Os. 1:11). Israel, como la esposa de Jehová (Is. 54; 62:2-5; Os. 2:14-23), estará en una posición de privilegio sobre los creyentes gentiles (Is. 14:1-2; 49:22, 23; 60:14-17; 61:6-7). Muchos pasajes también hablan del hecho de que Israel revivirá espiritualmente (Is. 2:3; 44:22-24; 45:17; Jer. 23:3-6; 50:20; Ez. 36:25-26; Zac. 13:9; Mal. 3:2-3). Muchos otros pasajes dan información adicional acerca del estado bienaventurado de Israel, su avivamiento espiritual y su goce de la comunión con su Dios.

Aunque los gentiles no tendrán título en la tierra prometida, también tendrán bendiciones abundantes, como se puede deducir de varios pasajes del Antiguo Testamento (Is. 2:2-4; 19:24-25; 49:6, 22; 60:1-3; 62:2; 66:18-19; Jer. 3:17; 16:19). La gloria del reino para Israel y para los gentiles sobrepasará en mucho cualquier cosa que el mundo haya experimentado antes.

F. Bendiciones Espirituales En El Milenio

Aunque el milenio se describe correctamente como el gobierno político de Cristo sobre la tierra, las características del reino proveerán un contexto para una vida espiritual abundante en tal grado que ninguna dispensación anterior había podido lograrlo. Por cierto, esto se debe al hecho de que Satanás está encadenado, el pecado es juzgado de inmediato y se logra el conocimiento universal del Señor. Según Isaías 11:9: «La tierra será llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mar.»

Se dan muchas promesas de bendiciones espirituales interiores que provienen del nuevo pacto. Jeremías 31:33, 34 declara: «Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.» Será un período de justicia (Sal. 72:7; Is. 2:4). Las condiciones espirituales también harán posible un gozo y una bendición no acostumbrados para el pueblo de Dios (Is. 12:3, 4; 61:3, 7).

Aunque no hay evidencias de que el Espíritu de Dios vaya a bautizar creyentes en una nueva unidad espiritual como ocurre en la iglesia actual, habrá, sin embargo, el poder y presencia interior en los creyentes durante el milenio (Is. 32:15; 44:3; Ez. 39:29; Ji. 2:28-29). Debido a la situación especial, indudablemente habrá una mayor bendición espiritual en todo el mundo durante el milenio que en cualquier otra dispensación anterior.

Como un centro para la adoración, se describe un templo milenial en Ezequiel 40-46. En este templo se ofrecen sacrificios que difieren algo de los sacrificios mosaicos. Los intérpretes han diferido en cuanto a si deben ser tomados literalmente o deben recibir otro tipo de explicación. No hay razones sólidas para no aceptar el templo y el sistema sacrificial como una profecía literal.

Aunque la muerte de Cristo ha puesto fin a la ley mosaica y al sistema de sacrificios, los mencionados por Ezequiel parecen tener un carácter conmemorativo, mirando hacia atrás, hacia la cruz, así como los sacrificios del Antiguo Testamento miraban hacia adelante al sacrificio de la cruz.

En el milenio, con su extraordinaria bendición espiritual, lo terrible del pecado y la necesidad del sacrificio de Cristo serán más difíciles de comprender que en las dispensaciones anteriores. En consecuencia, parece que el sistema de sacrificios se introduce como un recordatorio de la necesidad que hubo del sacrificio de Cristo, único que puede quitar el pecado. Si los sacrificios del Antiguo Testamento eran un anuncio adecuado de la muerte de Cristo, un medio similar podría emplearse en el milenio como un modo de conmemorarlo.

En todo caso, hay claras evidencias de que el milenio será un tiempo de bendiciones espirituales mayores que lo acostumbrado, período en que la tierra estará caracterizada por la justicia, el gozo y la paz.

La abundancia de las bendiciones espirituales traerá importantes progresos sociales y económicos que superarán a todo lo conocido en dispensaciones previas. El hecho de que todos tendrán justicia y que los mansos serán protegidos asegurará la equidad en asuntos económicos y sociales. Probablemente la mayoría de las personas conocerán al Señor. La tierra misma se verá liberada de la maldición que hay sobre su productividad (Is. 35:1-2), y habrá lluvias abundantes (Is. 30:23; 35:7). En general, habrá prosperidad, salud y bendiciones físicas y espirituales como nunca antes el mundo había conocido.

La situación milenial también incluirá importantes cambios en la tierra, algunos de ellos producidos por las grandes catástrofes de la Gran Tribulación y otros relacionados con la segunda venida de Cristo. Donde ahora está el Monte de los Olivos en Jerusalén, se extenderá un gran valle de este a oeste (Zac. 14:4). Otro rasgo especial del período es que Jerusalén será exaltada por sobre el territorio que la rodea (Zac. 14:10). Como un todo, la tierra prometida será una vez más el jardín del mundo, el centro del reino de Dios en la tierra y el lugar de bendiciones especiales. En muchos respectos, el reino milenial será una edad de oro, el climax de la historia de la tierra y el cumplimiento del propósito de Dios de establecer a su Hijo como el supremo gobernador del universo.

¡¡¡¡¡Maranata Cristo Viene!!!!