UN ESTUDIO COMPLETISIMO DEL REINO DE DIOS

Por Luciano Morales Rubio

 1 – El Reino de Dios ¿Qué es?

El Diccionario Bíblico Certeza nos dice lo siguiente: El reino de los cielos o reino de Dios es el tema central de la predicación de Jesús, según los evangelios sinópticos.

También el diccionario La Palabra.Org nos dice: El concepto de Reino de Dios (o su sinónimo “Reino de los Cielos”, que es una forma de referirse a lo mismo, empleada mayormente por Mateo) es central en el N.T., ya su venida fue el contenido central del mensaje de Jesús (Marcos 1:14-15) y de Sus apóstoles.

Según estos diccionarios bíblicos de teología evangélica, el reino de Dios es el tema central de la predicación de Jesús y sus apóstoles: Ahora le pregunto amigo/a lector:

¿Cuánto sabe usted de dicho Reino?

Usted podrá saber más de él, leyendo este estudio de Las Sagradas Escrituras, sepa ahora lo que la mayoría de las iglesias ignoran acerca de la esperanza cristiana.

Una frase muy repetida en los evangelios:

Si uno lee La Biblia y principalmente los evangelios, usted va encontrar una frase la cual se repite hasta el cansancio. Jesús no quiere presentar las verdades más profundas de Dios de una manera poco clara, el no quiere que tengamos – como se dice mundanamente – que buscar la quinta pata al gato para encontrar una verdad bíblica, es por eso que el Señor fue tan reiterativo al hablar sobre el Reino de Dios, El sin duda no quería que quedaran dudas sobre un tema que es de vital importancia para los cristianos:

Veamos cuan reiterativo es el tema del Reino de Dios o de los Cielos en el nuevo testamento: (recuerde que ambas frases – reino de Dios y reino de los Cielos – significan lo mismo, el uso de la expresión “reino de los cielos” en Mateo se debe indudablemente a la tendencia en el judaísmo a evitar el uso directo del nombre de Dios, y como Mateo dirige su evangelio a Judíos, sabemos el porqué del uso mayoritariamente “cielos” y no “Dios”)

En Mateo:

Mateo 3: 1 Y 2: En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Mateo 4:17: Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Mateo 5:3: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Mateo 5: 19: De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

Mateo 6: 10: Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Mateo 6: 33: Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Mateo 7: 21: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Mateo 8:11: Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos.

Mateo 10: 7: Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.

Mateo 11: 11 y 12: De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.

Mateo 12: 18: Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.

Mateo 13: 10 y 11: Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.

PASAJE PARALELO EN MARCOS 4: 10 Y 11: Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola. Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas.

PASAJE PARALELO EN LUCAS 8: 10: Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.

(Observamos por estos 3 pasajes similares en los 3 evangelios sinópticos que la frase Reino de Dios y Reino de los Cielos implican lo mismo)

Mateo 13: 19: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón.

Mateo 16:19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos…

Mateo 18: 3: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos…

Mateo 19: 14: Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.

Mate 19: 23 y 24: Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.

Mateo 21: 43: Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.

Mateo 25: 34: Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

Mateo 26: 29: Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

En Marcos:

Marcos 4: 11: Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas…

Marcos 10: 14 y 15: Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él…

Marcos 12: 34: Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.

Marcos 14: 24: De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.

En Lucas:

Lucas 1: 32: Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Lucas 6: 20: Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Lucas 9: 60,61 y 62: Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

Lucas 10: 9,10 y 11: y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid: Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros.

Lucas 11: 20: Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Lucas 12: 31: Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

Lucas 12: 32: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

Lucas 12: 28 y 29: Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

Lucas 16: 16: La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él…

Lucas 17: 20: Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.

Lucas 19: 11: Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente.

Lucas 21: 31: Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

Lucas 22: 28. 29 y 30: Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.

Lucas 23: 42: Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

En Juan y Los hechos de los apóstoles:

Juan 3: 3: Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Hechos 1: 3: a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.

Hechos 1: 6: Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

Hechos 8: 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.

Hechos 14: 21 y 22: Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.

Hechos 19: 8: Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios.

Hechos 28: 23: Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.

Hechos 28: 28, 29 y 30: Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán. Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí. Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

En las epístolas y Apocalipsis:

Romanos 14: 17: porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

1 Corintios 4: 20: Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.

1 Corintios 6: 9 y 10: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

1 Corintios 15: 23, 24 y 25: Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.

Gálatas 5: 19, 20 y 21: Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Efesios 5: 5: Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.

Colosenses 1: 13: el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo…

1 Tesalonicenses 2. 12: y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.

2 Tesalonicenses 1: 5: Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis.

Hebreos 12: 28: Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia…

Santiago 2: 5: Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

2 Pedro 1: 11: Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Apocalipsis 11: 15: El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos…

Apocalipsis 12: 10: Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo…

Como verá, en el Nuevo Testamento se nos habla mucho, pero mucho, sobre el reino de Dios. Al parecer, Jesús predicaba cómo podríamos entrar en él. También se nos dice que el reino es una promesa para aquellos que le aman (Santiago 2: 5) y algo que vamos a heredar en el futuro (Mateo 25: 34).

En dicho reino los injustos no entrarán (1 Corintios 6: 9 y 10 y Gálatas 5: 19, 20 y 21) y también se nos aclara que el reino no es sólo para judíos, sino también para los gentiles (Mateo 8:11 y Lucas 12: 28 y 29).

Según Jesús, el reino es algo que se puede ver y para eso se requiere un nuevo nacimiento (Juan 3: 3). El Señor les pidió a quienes querían seguirle que predicaran el Reino (Lucas 9: 60,61 y 62) y también mandó que los suyos pidieran por la venida del Reino (Mateo 6:10), El enseñaba que todo Cristiano buscara primeramente el reino (Mateo 6:33), y que aquel que no se hiciera como un niño, no entraría en él (Lucas 18:17) además dijo que los ricos difícilmente entrarían en su reino (Lucas 18:24), y que más bien éste era para los pobres en espíritu (Mateo 5:3).

Luego de haber resucitado, Jesús estuvo 40 días hablando sobre el Reino de Dios (Hechos 1: 3). Poco después de que el Señor hubo ascendido al cielo, y pasado el día de Pentecostés, los apóstoles anunciaron el nombre del Señor Jesús y el Reino de Dios (Hechos 8: 12). Después Pablo predicaría el Reino de Dios (Hechos 19: 8 y Hechos 28: 23), y más tarde permanecería 2 años enteros en Roma predicando el nombre del Señor Jesús y el Reino de Dios a los gentiles romanos (Hechos 28: 28, 29 y 30), finalmente en Apocalipsis se nos revela que llegara un tiempo cuando los reinos de este mundo vendrán a ser de Dios y de su Cristo (Apocalipsis 11: 15).

Concluimos pues que hay más que suficiente fundamento bíblico para que nos demos cuenta de que la esperanza cristiana está centrada en la herencia de un reino. Ahora veremos que ésta no sólo es una esperanza sino también el corazón del evangelio.

2 – El Evangelio del Reino

 

¿Sabe usted que significa la palabra evangelio? Por si no lo sabe, la palabra evangelio significa: Buenas Noticias. En otras palabras, lo que Jesús vino a proclamar a sus hermanos judíos fueron buenas noticias, como también sus apóstoles lo hicieron al mundo entero, revelando buenas noticias a los hombres. Del mismo modo, los discípulos contemporáneos (nosotros) debemos proclamar buenas noticias (Mateo 16: 15). Pero la pregunta es:

¿De qué se tratan estas buenas noticias?

Como siempre acudiremos a La Biblia para que nos ayude a saber de que se tratan estas buenas noticias:

Mateo 4: 23: Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Marcos 1: 14 y 15: Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

(Podríamos sin temor a manipular La Biblia traducir este texto así: Jesús vino a la ciudad de galilea, predicando las buenas noticias del Reino de Dios, y diciendo el tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado, por tanto, arrepiéntanse y crean en estas buenas noticias.

Mateo 24:14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. (Algunos dicen que la predicación del Reino ya terminó y ahora anunciamos el evangelio de la gracia, pero me parece este texto nos muestra que están equivocados, en realidad anunciamos ambas cosas, la gracia de Dios, por medio del sacrificio de Cristo, y el Reino de Dios, la formula es simple: La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado para que podamos entrar en el Reino).

PASAJE PARALELO EN MARCOS 13: 10: Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. (Según Mateo este evangelio del cual habla marcos es el “del reino”)

Lucas 8: 1 y 2: Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él…

Lucas 4: 43: Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado. (Jesús además de morir por nuestros pecados tenía otra misión, anunciar las buenas noticias del Reino de Dios)

Usted observara que estas buenas noticias son sobre el Reino del cual venimos hablando. Este reino, a diferencia de los reinos que conocemos, es nada más y nada menos que de Dios mismo, y seguramente estas sí son unas muy buenas noticias para usted. ¿Verdad?

La parte que le corresponde a Jesús en el evangelio

Juntamente con la enseñanza del Reino, el evangelio también contiene otra enseñanza fundamental y es sobre nuestro Señor Jesús. Veamos lo que Pablo nos dice en 1 Corintios 15: 1 al 8:

1 Corintios 15: 1 al 8: Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. 3Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 7Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; 8y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.

Algunos piensan que este es el evangelio completo, es decir la muerte, sepultura y resurrección de Jesús por nuestros pecados. Pero Pablo no dice que ese sea el todo del evangelio, sino que en el verso 3 se nos dice que eso es lo que primeramente enseñó, en otras palabras, lo primero del evangelio, lo más importante, es lo que sucedió con Jesús, pero esto no es todo el mensaje completo del evangelio, sino lo primero que se debe enseñar.

Esto es así, ya que si Jesús no murió por nuestros pecados, entonces cómo entraremos en su Reino? En Romanos 3: 23 y 24 leemos: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (GLORIA Y REINO EN ALGUNOS CASOS SON SINONIMOS, COMPARE MATEO 20:21 Y MARCOS 10:37) siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Otro punto es que si Jesús no hubiera resucitado, entonces VANA ES NUESTRA PREDICACION Y VANA NUESTRA FE (1 Corintios 15:14: Y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana es también nuestra fe.)

Lo que Pablo nos dice es simple: si Cristo nunca hubiese RESUCITADO de entre los muertos, entonces toda nuestra predicación sería inútil. Su resurrección es nuestra garantía de que las otras promesas (el Reino de Dios y vida eterna) algún día se harán realidad. En conclusión, sin la muerte, sepultura y resurrección de Jesús no tiene sentido que anunciemos el Reino de Dios.

Por eso decimos que el Evangelio completo tiene dos buenas noticias: Jesús murió por nuestros pecados, fue sepultado y también resucitó.

Esto nos hace aptos para otra gran noticia que es la del Reino de Dios. Ambas noticias componen el “único evangelio” ya que según Gálatas 1: 6 Y 7 solo hay un evangelio.

También usted podrá encontrar en La Biblia varias formas de referirse al evangelio, como por ejemplo: “el evangelio de Cristo” (Romanos 15:19), “El evangelio de Dios” (1 Timoteo 1:11), “El evangelio de la Gracia” (Hechos 20: 24), etc. Esto no quiere decir que existan muchos evangelios, sino que son formas de referirse al mismo y único evangelio.

Conclusión

Nuestra misión no es sólo proclamar a Jesús, sino también el reino de Dios. Aquellos que dicen que la proclamación del reino terminó con Jesús o que fue sólo para judíos, deberían nuevamente leer sus Biblias, y especialmente el libro de los hechos. Sólo dejaremos algunas citas bíblicas para demostrar lo que venimos diciendo:

Hechos 8: 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.

Hechos 19: 8: Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios.

Hechos 28: 23: Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.

Hechos 28: 28, 29 y 30: Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán. Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí. Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

Como verá, Felipe, como buen discípulo, predicaba el nombre de Jesús y el Reino de Dios. Pablo, por su parte, hacia lo mismo, y su proclamación no era sólo para judíos, sino que luego pasó 2 años enteros anunciando el reino de Dios a los gentiles romanos. En síntesis, Pablo y Felipe anunciaron a Jesús y el Reino de Dios.

¿Está usted haciendo lo mismo?

Ahora ya sabemos que debemos predicar buenas nuevas sobre Jesús y el Reino de Dios. Sobre nuestro Señor Jesús ya sabemos bastante, pero lamentablemente poco se sabe sobre el Reino de Dios, por eso debemos estudiar este tema. Quizás usted tenga muchas preguntas, como por ejemplo: ¿Cómo será este reino? ¿Dónde Será? ¿Quién será su Rey? ¿Cuánto durará? ¿Qué haremos nosotros allí?, etc.

3 – Las cualidades del Reino de Dios

 

Para conocer el Reino de Dios, tendremos que ir a La Biblia de los hebreos, o sea, el Antiguo Testamento. Resulta que el concepto del Reino de Dios nace en los Judíos, y lógicamente ellos entendían a la perfección lo que Jesús quería decir cuando repetía la frase Reino de Dios. Si nosotros queremos entenderlo tendremos que pensar como Judíos y ver de dónde nace este concepto Judío del Reino de Dios ¿OK?

Haciendo un poco de Historia

En una ocasión ocurrió que el pueblo hebreo le pidió a Dios tener un Rey sobre Israel como tenían todos los demás pueblos de la tierra. A Dios no le gustó mucho la petición de su pueblo, no obstante Dios accedió. Por ese entonces los Jueces gobernaban sobre Israel, y dos ejemplos de ellos eran Samuel y Sansón. Así fue que Israel dejó de ser gobernado por Jueces para dar su paso a Reyes.

El primer Rey ungido sobre Israel fue Saúl, y como todos sabemos, él no fue recto delante de los ojos de Dios, ya que no lo obedeció en todo. Por esto Saúl fue remplazado por un pastor de ovejas llamado David. Fue al reino de David al cual Dios comenzó a llamar “su reino”.

En 1 Crónicas 28:5 encontramos la siguiente declaración:

1 Crónicas 28:5: Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.

También en 1 Crónicas 29:23 se dice: Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre…

En otras palabras, David, Salomón y todos los reyes que siguieron hasta el último, se sentaron sobre el trono de Jehová (Dios). El Reino de Israel, cuyo centro estaba en Jerusalén (1 Reyes 2:11), era el Reino de Jehová.

El pacto con David

Fue con David que Dios haría un pacto. Así dijo Dios a David por medio del profeta Natan:

1 crónicas 7:12 al 17: Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo… Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.

Esta promesa hecha a David, se cumple sobre Jesús, el Mesías:

Examínelo así:

Uno de su linaje: Jesús es hijo de David (Mateo 1:1)

Yo le seré Padre y él me será hijo: Jesús es Hijo de Dios

Su reino será para siempre: Jesús ya resucitado, es inmortal.

Aprendemos así que en Jesús se reúnen las características del descendiente de David, el cual reinará para siempre sobre el trono de Jehová. Fue el ángel Gabriel que al nacer lo confirmaría:

Lucas 1: 31 al 33: Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

También Pedro entendía bien este punto:

Hechos 2: 29 y 30: Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono.

Entonces Jesús es el legítimo hijo de David, quien tiene el derecho de sentarse sobre la casa Jacob para reinar para siempre sobre Jerusalén y el mundo entero. Es así que la promesa de los cristianos no es el cielo, como muchos dicen, sino que la promesa es poder alcanzar el Reino de Dios restaurado en la tierra de Israel.

El Reino de Dios fue suspendido en el tiempo

Si usted se ha dado cuenta, hoy en día no existe un trono terrestre de Dios sobre Israel ¿verdad?
Lo que pasa es que los descendientes de David no fueron como su Padre. Estos fueron impíos, hasta que la paciencia de Dios se agotó y en el momento indicado Dios envió a su siervo Ezequiel para decirle al Rey Sedequías lo siguiente:

Ezequiel 21: 25, 26 y 27: Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto, A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré…

Así fue que el Reino de Dios fue suspendido en el tiempo y por más de dos milenios no ha habido descendiente de David que reine sobre Jerusalén, esto será así hasta que vuelva “aquel cuyo es el derecho”. ¿Quién será?

El reino de Dios será nuevamente restaurado

Antes de que Jesús fuese llevado al cielo, luego de haber resucitado, El estuvo cuarenta días con sus discípulos hablándoles sobre el reino de Dios, (Hechos 1:3). Fue en ese contexto en el que los discípulos le hicieron una pregunta al Señor, la cual muchos cristianos de hoy en día pasan por alto debido a su poco conocimiento sobre el Reino de Dios.

Los discípulos le preguntaron en Hechos 1: 6, lo siguiente: Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?

Los discípulos habían aprendido de su maestro que el reino de Israel seria restaurado, en su seminario intensivo de ¡cuarenta días! (Hechos 1:3). Fue por eso que los discípulos, ansiosos por la restauración del reino, le hicieron esa pregunta. Jesús no les reprendió por su pregunta, y tampoco les dijo que dejaran de tener falsas esperanzas de un reino davídico restaurado. Sólo les dijo que a ellos no les correspondía saber los tiempos de Dios.

Hechos 1: 7: les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad.

El reino terrenal que esperaban los judíos no era una esperanza falsa, y lo que verdaderamente sucedió es que los judíos no supieron diferenciar entre el propósito de la primera venida de Cristo para morir por los pecados (Isaías 53) y la segunda, cuando él regresaría en el tiempo designado por el Padre para restaurar el reino de Israel, librarlo de sus enemigos, y gobernar sobre el resto del mundo entero para traer justicia y paz a una tierra que hoy en día esta corrompida por el hombre. Este es el esperanzador mensaje para la raza humana que hace que las personas quieran arrepentirse de sus pecados con el fin de poder tener parte en tan maravilloso futuro por medio de la resurrección.

El reino de Cristo tiene su sede central en Jerusalén

Mateo 5: 34 y 35: Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.

Jesús es claro al decir que Jerusalén es la ciudad del gran Rey. También aprendemos que Dios tiene un trono en el cielo y otro en la tierra.

El reino de Cristo durara mil años corridos

Apocalipsis 20: 4: Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

La iglesia reinara juntamente con Cristo en el reino

Apocalipsis 2: 26 y 27: Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre.

Apocalipsis 5: 9 al 10: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Conclusión

Decimos pues que el Reino de Dios es el reino restaurado de Israel, donde se sentará el Hijo de David, Jesús el Mesías, el cual reinara por mil años desde Jerusalén hacia el mundo entero. Es este el reino que se les ha prometido a los cristianos, los cuales serán reyes y sacerdotes sobre la tierra.

 4 – La promesa de La Biblia NO es el cielo

 

Recién se mencionó brevemente que la promesa de Dios NO es el cielo como creen la mayoría de los cristianos, sino el reino de Dios en la tierra. Veremos esto utilizando más evidencia bíblica:

Proverbios 2:21: Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella.

Proverbios 10:30: El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra.

Salmos 37: 9: Porque los malignos serán destruidos,
Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.

Salmos 37: 11: Pero los mansos heredarán la tierra,
Y se recrearán con abundancia de paz.

Salmos 37:22 Porque los benditos de él heredarán la tierra;
Y los malditos de él serán destruidos.

Salmos 37:29 Los justos heredarán la tierra,
Y vivirán para siempre sobre ella.

Salmos 37: 34 Espera en Jehová, y guarda su camino,
Y él te exaltará para heredar la tierra.

Salmos 115: 16: Los cielos son los cielos de Jehová;
Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres.

Mateo 5:5: Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad…

2 Pedro 3:13,14: Pero nosotros esperamos, según sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia…

Cómo ve, la Escritura nos revela que existe una heredad para los justos, perfectos, mansos, etc. y esa heredad es la tierra. ¿Quiénes son esos justos, mansos y perfectos? Es muy sabido que todos aquellos que somos de Cristo hemos sido justificados y lavados por su sangre, en consecuencia, somos justos, y también hemos sido llamados a ser PERFECTOS como nuestro Padre que está en el Cielo.

También debemos ser mansos como nuestro Señor Jesús. Por lo tanto, los justos, los mansos, y los perfectos que heredaran la tierra son los cristianos.

Dios de pactos

Hemos aprendido en este estudio que Dios hizo un pacto con David. De dicho pacto La Biblia nos dice lo siguiente:

En Jeremías 33:20, 21 leemos:

Así ha dicho Jehová: Si Pudiereis Invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono…”.

En otras palabras, si Dios no cumpliera su pacto con David, antes dejarían de existir la noche y el día. Así de seguro y firme es el pacto de Dios con David.

Además de este pacto, en la Escritura encontraremos 5 pactos hechos por Dios con el hombre. Estos pactos pertenecen tanto al Antiguo Testamento como al Nuevo Testamento. Estos pactos también son llamados eternos, excepto el Pacto Mosaico el cual se declara temporal, esto es, que continuaría sólo hasta la venida de la simiente prometida (Gálatas 3:19, 23 al 26). Además del pacto Davídico y del pacto Mosaico que hemos recién mencionado, también existen 3 pactos más, a saber: el pacto Abrahámico, el Pacto Palestino, y el Nuevo Pacto (que remplaza al Mosaico).

• El pacto Abrahámico es llamado eterno en: Génesis 17:7, 13, 19, 1 Crónicas 16:16-17 y Salmos    105:8-11.
• El pacto Mosaico es llamado temporal en: Gálatas 3:19, 23 al 26
• El pacto Palestino es llamado eterno en: Ezequiel 16:60;
• El pacto Davídico se llama eterno en: 2 Samuel 23:5, Isaías 55:3, y Ezequiel 37:25.
• El Nuevo Pacto se llama eterno en: Jeremías 32:40; 50:5; y Hebreos 13:20. Y 3.

Todos estos pactos fueron hechos con un pueblo de pactos, Israel. En Romanos 9:4, Pablo nos enseña que la nación de Israel había recibido pactos del Señor. En Efesios 2:11-13, él enseña a la inversa, que los gentiles no han recibido ninguno de tales pactos y por consiguiente no gozan de las relaciones de esos pactos con Dios. Pero en Cristo, los gentiles han llegado a ser judíos espirituales participantes del Nuevo Pacto, y por consiguiente; de las bendiciones del mismo. Así podemos decir con toda seguridad que “la salvación viene de los judíos” (Ver Juan 2:22).

Entre todos estos pactos que hemos mencionado, vamos a estudiar un pacto especial, y es aquel que Dios hizo con el patriarca Abraham “El padre de la FE”. Estudiando este pacto llegaremos a confirmar sólidamente que la esperanza de los cristianos es la tierra.

El pacto hecho con Abraham

Gálatas 3: 6 al 9: Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.

Gálatas 3: 14 al 16: ..Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.

Gálatas 3: 26 al 29: pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

Hay varios puntos que aprendemos en estos pasajes de la epístola a los gálatas, los cuales, para un mejor entendimiento, los resumiremos así:

Los que son de la fe (en Cristo Jesús), estos son hijos de Abraham.
• Los que son de la fe son bendecidos conjuntamente con el creyente Abraham (reciben las mismas  bendiciones que se le prometieron a Abraham).
• En Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanza a los gentiles, o sea que la promesa hecha al padre Abraham es para judíos y gentiles en Cristo Jesús, porque en Cristo ya no hay judío ni griego    (gentiles), todos somos un mismo pueblo en Cristo Jesús. (GENESIS 12:3 “y serán benditas en ti    (Abraham) todas las familias de la tierra)
• Finalmente, los que son de Cristo, linaje (descendientes) de Abraham son y herederos según la    promesa.

¿Qué promesa?

Entonces hemos aprendido que existe una promesa hecha a Abraham y a su descendiente (singular) que es Jesucristo (Mateo 1: 1: Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham). Los que son de Cristo son también descendientes de Abraham y herederos según la promesa.

Ahora nuestra función será descubrir en La Biblia cuál es la promesa que Dios hizo a Abraham y a sus descendientes. ¿Está de acuerdo? Para ello tendremos que ir al comienzo de La Biblia, ya que Dios ha estado desde el comienzo ocupado en la redención de la humanidad. Todo esto que estudiamos es un plan pensado desde antes de la fundación del mundo, Y Dios, en su debido tiempo, pone en acción sus propósitos.

Génesis 13:14 al 15: Y Jehová dijo a Abraham: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.”

Génesis 17:7 al 8: Y estableceré mi pacto entre mí y tú, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, en pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti la tierra que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.

Usted, si es inteligente, se dará cuenta que la promesa hecha a Abraham NO fue el cielo, sino que Dios le prometió toda la tierra para El y sus descendientes (recuerde que sus descendientes son los que son de la fe en Cristo) para siempre o en heredad perpetua.

Dios nunca le dijo a Abraham algo así como: “mira hacia el cielo donde yo habito, por que a ti y a tu descendencia les daré el cielo en heredad perpetua”, sino que DIOS le dijo: “mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.”

En la epístola a los Romanos Pablo confirma lo que venimos enseñando. Dice Romanos 4: 13, así: Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo. Aunque usted haya recibido la enseñanza de que pasará sus días en el cielo tocando un arpa celestial, La Biblia contiene la bendita esperanza de que los cristianos renacidos, bautizados, justificados, adoptados, fieles y santos recibirán el mundo por heredad.

Este mundo que conocemos será de todos nosotros (los cristianos). Por supuesto que Dios tendrá que hacer unos cuantos arreglitos, ya que el hombre ha destruido la creación de Dios con la contaminación, la desforestación, etc. Pero para Dios no hay nada imposible y él hará de este mundo un paraíso, tal como lo fue antes de la caída humana.

En Isaías 51: 3 leemos: Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.

Estas sí que son buenas noticias para todos. Si usted por casualidad lee estas páginas, y no es cristiano, yo le recomiendo que se convierta a Dios y a Cristo para poder tener parte en tan dichoso futuro.

Siguiendo con lo que venimos estudiando, algunos argumentan que en realidad las promesas hechas a Abraham se cumplieron cuando los judíos entraron en la tierra prometida, pero si usted analiza bien la promesa hecha a Abraham se dará cuenta de 2 puntos:

Los judíos no han habitado la tierra prometida por siempre. No fue hasta hace menos de un siglo que los judíos estaban esparcidos alrededor del mundo sin territorio permanente. La promesa dice    que seria para siempre.
• La promesa era para Abraham y sus descendientes. Abraham como sus descendientes tendrán que habitar la tierra prometida para siempre para un cumplimiento cabal de la promesa.
   Y para que sea así, tanto Abraham como sus descendientes tendrán que resucitar y recibir la Vida eterna.

Otros, por su parte, argumentan que existen dos esperanzas distintas, una para Israel y otra para la iglesia. Según ellos, los judíos recibirán el reino milenial de Dios en la tierra y por su parte la iglesia estará en el cielo con Dios y con Cristo. Los que proponen esta enseñanza de las 2 esperanzas deberían meditar seriamente en Efesios 4: 4 donde dice así:

Efesios 4: 4 al 6: Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

Con este texto en mente, podemos afirmar que NO existen dos esperanzas distintas, y lo que la escritura verdaderamente enseña es que los pactos, promesas, etc., fueron hechos con los judíos, pero en Cristo Jesús, la salvación y bendiciones de los judíos alcanzan a los gentiles (Ver Efesios 2: 12 al 17, Romanos 2: 28 a 29, Gálatas 3: 28).

Es por eso que en Abraham serían benditas todas las familias de la tierra.

Finalmente algunos utilizan Hebreos 11:16 para decirnos que nuestra esperanza es el cielo, pero analizaremos este texto en su contexto para ver si esto es así:

Hebreos 11: 8 al 16: Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. 9Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; 10porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. 11Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. 12Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

13Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 16Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.

En este texto se nos dice que Abraham esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. Esta ciudad sin duda es una ciudad celestial, en otras palabras, es del cielo, y ha sido hecha y construida en el cielo. Esto, sin embargo, no quiere decir que nosotros iremos al cielo para morar en ella, sino que en Apocalipsis se nos revela lo siguiente:

Apocalipsis 21: 2 al 4: Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

La Biblia no se contradice, por ello debemos armonizarla. Como ya hemos explicado, la promesa de Dios es la herencia de la tierra, y contradecir todo el mensaje bíblico con algunos textos mal interpretados, es manipular las escrituras.

Recuerde que los patriarcas esperaban una ciudad celestial, es decir, una construida en el cielo por Dios, pero nosotros no iremos al cielo para morar en ella, sino que la Nueva Jerusalén descenderá del cielo de Dios, y de esa forma Dios morara con los hombres en la tierra y nosotros seremos su pueblo. Así podremos afirmar como lo hacia el salmista:

Salmos 115:16: Los cielos son los cielos de Jehová;
Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres.

Espero que estas explicaciones ayuden a que usted no vea ninguna contradicción en la perfecta palabra de Dios.

5 – El anuncio de los profetas – El sueño incumplido del gobierno mesiánico

Una gran parte del mensaje de los profetas estaba destinada a describir el reino venidero de Dios. Si los judíos esperaban que el Mesías gobernara sobre Israel y el mundo entero en paz y seguridad, no era porque estaban equivocados, sino que esto era en definitiva lo que los profetas habían anunciado.

Lo que los judíos de los tiempos de Jesús no supieron diferenciar fueron los tiempos. El MESIAS primeramente debía morir por los pecados de su pueblo como había sido anunciado por los profetas y luego volvería otra vez para validar las esperanzas del futuro gobierno mesiánico. (Usted puede estudiar Lucas 19: 11 al 25 para comprender lo que decimos aquí)

Veamos lo que los profetas anunciaron sobre el futuro gobierno mesiánico:

Isaías 9: 6 al 7: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

Isaías 35: 1 al 3, 5 al 7 y 10: Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos. Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.

Isaías 11: 1 al 5: Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. (Isaí era padre de David, el tronco de la vara de Isaí. Jesús es descendiente de David)

Isaías 11: 6 al 10: Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.

Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa. (Bajo el gobierno del futuro rey, incluso la naturaleza de los animales será cambiada, y la tierra será llena del cocimiento de Jehová)

Isaías 16: 4 y 5: Moren contigo mis desterrados, oh Moab; sé para ellos escondedero de la presencia del devastador; porque el atormentador fenecerá, el devastador tendrá fin, el pisoteador será consumido de sobre la tierra. Y se dispondrá el trono en misericordia; y sobre él se sentará firmemente, en el tabernáculo de David, quien juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia. (El reino pacifico será establecido en la ruina de todos los anteriores reinos mundanos)

Isaías 24: 21 al 24: Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra. Y serán amontonados como se amontona a los encarcelados en mazmorra, y en prisión quedarán encerrados, y serán castigados después de muchos días. La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso. (Dios destruirá a todos los demás reinos e instaurara el suyo)

Jeremías 23: 5 al 8 He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra.

Por tanto, he aquí que vienen días, dice Jehová, en que no dirán más: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra.

Jeremías 33: 14 al 18 He aquí vienen días, dice Jehová, en que yo confirmaré la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra. En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se le llamará: Jehová, justicia nuestra. Porque así ha dicho Jehová: No faltará a David varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel. Ni a los sacerdotes y levitas faltará varón que delante de mí ofrezca holocausto y encienda ofrenda, y que haga sacrificio todos los días.

Isaías 32: 1 al 2: He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio. Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa. (Aquel varón designado para reinar es Jesús)

Zacarías: 9: 10: y (El) hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río (Éufrates) hasta los fines de la tierra. (Jesús reinara desde el río Éufrates hasta los fines de la tierra)

Daniel 2: 44 y 45: Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación. (Dios levantara un reino eterno que destruirá a todos los demás reinos mundanos)

Jeremías 3: 17: En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón.

Daniel 7: 27: Y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán.

Isaías 2: 1 AL 4: Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.

Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra. (La paz anhelada por todo ser humano será alcanzada en el Reino de Dios)

Isaías 65: 17 al 25: Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos. No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos. Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído. El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová.

Joel 3: 18 al 21: Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim. Egipto será destruido, y Edom será vuelto en desierto asolado, por la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente. Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación. Y limpiaré la sangre de los que no había limpiado; y Jehová morará en Sion.

Amos 9: 8 al 15: Porque he aquí yo mandaré y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una criba, y no cae un granito en la tierra. A espada morirán todos los pecadores de mi pueblo, que dicen: No se acercará, ni nos alcanzará el mal. En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto. He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán. Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos. Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo.

Las Escrituras hebreas están llenas de la bendita esperanza del futuro gobierno mesiánico. Todos estos acontecimientos descritos aun no se han cumplido, y Dios sólo sabe el tiempo cuando el haga realidad las promesas hechas a los padres por medio de sus profetas. Así como se cumplieron las profecías referentes al Mesías (hijo de David nacería de una virgen en Belén y moriría por los pecados de su pueblo, etc.). Así también deben cumplirse todas las demás profecías mesiánicas referidas al Reino de Dios sobre Jerusalén, dominando de mar a mar, destruyendo todo reino mundano, y trayendo paz y felicidad duradera a la tierra que hoy está en ruinas. Si usted no cree en este mensaje, usted no le está creyendo a los profetas y tampoco a Dios.

Es hora de que considere volver a la esperanza de los cristianos primitivos, que sabían al igual que muchos de nosotros, que habrá resurrección de los muertos y un periodo de mil años en la Jerusalén reconstruida y hermoseada y dilatada, como lo prometen Ezequiel, Isaías y otros profetas.

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