El reino de Dios y la promesa hecha a Abraham

El reino de Dios – Por William M. Watchel

abraham 2Uno de los temas más importantes de la Biblia es el Reino de Dios. Especialmente en la enseñanza del Señor Jesucristo se encuentra este tema en los libros de Mateo, Marcos y Lucas. Si uno quiere entender bien el mensaje del Señor, es preciso que se aplique al estudio del tema del Reino de Dios. Casi todas las parábolas de Cristo tratan de este tema, y uno puede asegurarse de esto simplemente por una lectura de sus palabras.

Lo extraño, pues, es que pocos se dedican al tema del Reino, o si se dedican no lo entienden bien. Podemos averiguar que es así cuando leemos u oímos las explicaciones del Reino que parecen ser populares, pero que no están de acuerdo con el testimonio consecuente de todas las Escrituras. Es necesario que se examine la Biblia entera para saber la verdad acerca del Reino. ¡No es legítimo sacar dos o tres versículos que mencionen el Reino y basarse en una interpretación de ellos!

Si consideramos la palabra misma “Reino” es claro que trata de una forma de gobierno. Lo interesante e importante es que la Biblia contiene mucho acerca del gobierno del pueblo de Dios, es decir, de Israel. Cuando Moisés recibió la Ley de Dios, el Señor le relevó que Israel sería “un especial tesoro sobre todos los pueblos… un reino de sacerdotes, y gente santa” (Exodo 19: 5-6). Toda la historia de la nación de Israel en el Antiguo Testamento demuestra que Dios había establecido en Israel un gobierno terrenal, con leyes, reyes, jueces, y otros gobernantes, en fin, todo lo necesario para una nación en la tierra y su gobierno.

Cuando Dios llamó a Abraham, el padre de todos los fieles (Romanos 4: 11-12), le prometió una herencia en la tierra. La promesa se detalla muy exactamente en Génesis 13: 12-17 “Abram acampó en la tierra de Canaán… y Jehová dijo a Abram… alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre… levántate, vé por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré” Se ve en estas palabras que Dios le hablaba de una manera muy literal, muy geográfica. ¡No es cuestión de un país en el cielo, sino de uno que puede definirse con los cuatro puntos cardinales de la brújula!

Varios años después de recibir esta promesa. Abraham murió sin haber recibido lo prometido. Así comenta la Biblia el asunto: “no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él” (Hechos 7: 5). ¡He aquí un problema! El Dios que no puede mentir (Tito 1: 2; Hebreos 6: 18) hizo una promesa que nunca se ha cumplido. ¿Cómo se explica esto? ¿Cómo se armoniza la Biblia con tal inconsecuencia? O Dios le mintió a Abraham (lo que es imposible) ¡O la promesa se queda todavía para cumplirse en el porvenir!

Si Dios prometió darle a Abraham la tierra de Canaán y todavía no la heredó, claro es que tiene que vivir otra vez en la tierra para recibir lo prometido. La Biblia declara que Abraham y otros fieles murieron “sin haber recibido lo prometido” (Hebreos 11: 13). Antes, cuando Dios le llamó en Mesopotamia, Abraham viajó “al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a donde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiedas con Isaac y Jacob, coheredeeros de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11: 8-10).

¡Vivir otra vez en la tierra! ¡Para los muertos eso es imposible sin que haya una resurrección! Sabemos que Abraham creía en la resurrección de los muertos, porque leemos que “por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos” (vv. 1-19). Por eso podemos asegurarnos de la fe que Abraham tenía y al mismo tiempo aceptarla como la nuestra.

El Apóstol Pablo, en Gálatas 3: 16, reitera que “a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a una de las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.” Cristo mismo es la simiente prometida, y los que son de Cristo son “linaje de Abraham,… y herederos según la promesa” (v. 29). La herencia prometida, como ya vimos, no es el cielo sino la tierra, y Pablo declara que “no por la ley fue dada a Abraham o a su descencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe”(Romanos 4: 13).

El Reino que Dios va a establecer es un reino terrenal, como profetizó Daniel en 2: 35, 44; 7: 27. Se basa en las promesa hechas a Abraham, y los que creen en Cristo van a heredarlo, “de modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gálatas 3: 9). Todos los que leen estas palabras pueden ser herederos de Cristo y con Abraham, por la fe. ¡Hay que creer el testimonio del evangelio y someterse a la enseñanza de Cristo y de sus apóstoles!

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Una respuesta

  1. .
    11:16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.
    Pregunto, ¿si es un reino terrenal por que la aqui se afirma que es celetial?

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